El barquito de papel – Amado Nervo


Con la mitad de un periódico
hice un barco de papel,
en la fuente de mi casa
le hice navegar muy bien.

Mi hermana con su abanico
sopla, y sopla sobre él.
¡Buen viaje, muy buen viaje,
barquichuelo de papel!

Si quieres aprender a hacer un barquito de papel, ¡echa un vistazo a este vídeo!:

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Las cigüeñas – H. C. Andersen


Sobre el tejado de la casa más apartada de una aldea había un nido de cigüeñas. La cigüeñas nidocigüeña madre estaba posada en él, junto a sus cuatro polluelos, que asomaban las cabezas con sus piquitos negros, pues no se habían teñido aún de rojo. A poca distancia, sobre el vértice del tejado, permanecía el padre, erguido y tieso; tenía una pata recogida, para que no pudieran decir que el montar la guardia no resultaba fatigoso. Se hubiera dicho que era de palo, tal era su inmovilidad:

– «Da un gran tono el que mi mujer tenga una centinela junto al nido, pensaba,. Nadie puede saber que soy su marido. Seguramente pensará todo el mundo que me han puesto aquí de vigilante. Eso da mucha distinción». Y siguió de pie sobre una pata.

Abajo, en la calle, jugaba un grupo de chiquillos, y he aquí que, al darse cuenta de la presencia de las cigüeñas, el más atrevido rompió a cantar, acompañado luego por toda la tropa:

Cigüeña, cigüeña, vuélvete a tu tierra
más allá del valle y de la alta sierra.
Tu mujer se está quieta en el nido,
y todos sus polluelos se han dormido.
El primero morirá colgado,
el segundo chamuscado;
al tercero lo derribará el cazador
y el cuarto irá a parar al asador.

– ¡Escucha lo que cantan los niños!, exclamaron los polluelos. Cantan que nos van a colgar y a chamuscar.

– No os preocupéis, los tranquilizó la madre. No les hagáis caso, dejadlos que canten.niños cantan

Y los rapaces siguieron cantando a coro, mientras con los dedos señalaban a las cigüeñas burlándose; sólo uno de los muchachos, que se llamaba Perico, dijo que no estaba bien burlarse de aquellos animales, y se negó a tomar parte en el juego. Entretanto, la cigüeña madre seguía tranquilizando a sus pequeños:

– No os apuréis, les decía , mirad qué tranquilo está vuestro padre, sosteniéndose sobre una pata.

– ¡Oh, qué miedo tenemos!, exclamaron los pequeños escondiendo la cabecita en el nido.

Al día siguiente los chiquillos acudieron nuevamente a jugar, y, al ver las cigüeñas, se pusieron a cantar otra vez.

El primero morirá colgado,
el segundo chamuscado
.

– ¿De verdad van a colgarnos y chamuscamos?, preguntaron los polluelos.

– ¡No, claro que no!, dijo la madre. Aprenderéis a volar, yo os enseñaré; luego nos iremos al prado, a visitar a las ranas. Veréis como se inclinan ante nosotras en el agua cantando: «¡croa, croa!»; y nos las zamparemos. ¡Qué bien vamos a pasarlo!

– ¿Y después?, preguntaron los pequeños.

– Después nos reuniremos todas las cigüeñas de estos contornos y comenzarán los ejercicios de otoño. Hay que saber volar muy bien para entonces; la cosa tiene gran importancia, pues el que no sepa hacerlo como Dios manda, morirá a picotazos por el resto. Así que es cuestión de aplicaros, en cuanto la instrucción empiece.

– Pero después nos van a ensartar, como decían los chiquillos. Escucha, ya vuelven a cantarlo.fotos_ilegales

– ¡Es a mí a quien deben atender y no a ellos!, les regañó la madre cigüeña. Cuando se hayan terminado los grandes ejercicios de otoño, emprenderemos el vuelo hacia tierras cálidas, lejos, muy lejos de aquí, cruzando valles y bosques. Iremos a Egipto, donde hay casas triangulares de piedra terminadas en punta, que se alzan hasta las nubes; se llaman pirámides, y son mucho más viejas de lo que una cigüeña puede imaginar. También hay un río, que se sale del cauce y convierte todo el país en un cenagal. Entonces, bajaremos al fango y nos hartaremos de ranas.

-¡Ajá!, exclamaron los polluelos.

– ¡Sí, es magnífico! En todo el día no hace uno sino comer; y mientras nos damos allí tan buena vida, en estas tierras no hay una sola hoja en los árboles, y hace tanto frío que hasta las nubes se hielan, se resquebrajan y caen al suelo en pedacitos blancos. Se refería a la nieve, pero no sabía explicarse mejor.

– ¿Y también esos chiquillos malos se hielan y rompen a pedazos?, preguntaron los polluelos.

– No, no llegan a romperse, pero poco les falta, y tienen que estarse quietos en el cuarto oscuro; ustedes, en cambio, volarán por aquellas tierras, donde crecen las flores y el sol lo inunda todo.

cigüeñas y pollueloTranscurrió algún tiempo. Los polluelos habían crecido lo suficiente para poder incorporarse en el nido y dominar con la mirada un buen espacio a su alrededor. Y el padre acudía todas las mañanas provisto de sabrosas ranas, culebrillas y otras golosinas que encontraba. ¡Eran de ver las exhibiciones con que los obsequiaba! Inclinaba la cabeza hacia atrás, hasta la cola, castañeteaba con el pico cual si fuese una carraca y luego les contaba historias, todas acerca del cenagal.

– Bueno, ha llegado el momento de aprender a volar, dijo un buen día la madre.

Y los cuatro pollitos tuvieron que salir al tejado. ¡Cómo se tambaleaban!, ¡cómo se esforzaban en mantener el equilibrio con las alas!, y ¡cuán a punto estaban de caerse!.

– ¡Fijaros en mí!, les dijo su madre. Debéis poner la cabeza así, y los pies así: ¡Un, dos, un, dos! Así es como tendréis que comportaros en el mundo.

Y se lanzó a un breve vuelo, mientras los pequeños pegaban un saltito, con bastante torpeza, y ¡bum!, se cayeron, pues les pesaba mucho el cuerpo.

– ¡No quiero volar!, protestó uno de los pequeños encaramándose de nuevo al nido. ¡Me es igual no ir a las tierras cálidas!

– ¿Prefieres helarte aquí cuando llegue el invierno? ¿Estás conforme con que te cojan esos muchachotes y te cuelguen, te chamusquen y te asen? Bien, pues voy a llamarlos.

– ¡Oh, no!, suplicó el polluelo, saltando otra vez al tejado, con los demás.

Al tercer día ya volaban un poquitín, con mucha destreza, y, creyéndose capaces de cernerse en el aire y mantenerse en él con las alas inmóviles, se lanzaron al espacio; pero ¡sí, sí…! ¡Pum! empezaron a dar volteretas, y fue cosa de darse prisa en poner de nuevo las alas en movimiento. Y he aquí que otra vez se presentaron los chiquillos en la calle, y otra vez entonaron su canción:

¡Cigüeña, cigüeña, vuélvete a tu tierra! …

– ¡Bajemos de un vuelo y saquémosles los ojos!, exclamaron los pollitos.

– ¡Nooooo, dejadlos!, replicó la madre. Fijaros en mí, esto es lo importante: ¡Uno, dos, tres! Un vuelo hacia la derecha. ¡Uno, dos, tres! Ahora hacia la izquierda, en torno a la chimenea. Muy bien, ya vais aprendiendo; el último aleteo, ha salido tan limpio y preciso, que mañana os permitiré que me acompañéis al pantano. Allí conoceréis varias familias de cigüeñas con sus hijos, todas muy simpáticas; me gustaría que mis pequeños fuesen los mejores de todos; quisiera poder sentirme orgullosa de vosotros. Eso hace buen efecto y da un gran prestigio.

– ¿Y no nos vengaremos de esos rapaces endemoniados?, preguntaron los hijos.

– Dejadlos gritar cuanto quieran. Vosotros os remontaréis hasta las nubes y estaréis en el país de las pirámides, mientras ellos pasan frío y no tienen ni una hoja verde, ni una manzana.

– Sí, nos vengaremos, se cuchichearon unos a otros; y reanudaron sus ejercicios de vuelo.

De todos los muchachuelos de la calle, el más empeñado en cantar la canción de burla, y el que había empezado con ella, era precisamente un niño muy pequeño, que no contaría más allá de 6 años. Las cigüeñitas, creían que tenía lo menos cien, pues era mucho más corpulento que su madre y su padre. ¡Qué sabían ellas de la edad de los niños y de las personas mayores! Este fue el niño que ellas eligieron como objeto de su venganza, por ser el iniciador de la ofensiva burla y llevar siempre la voz cantante. Las jóvenes cigüeñas estaban realmente indignadas, y cuanto más crecían, menos dispuestas se sentían a sufrirlo. Al fin su madre hubo de prometerles que las dejaría vengarse, pero a condición de que fuese el último día de su permanencia en el país.

– Antes tenemos que ver qué tal os portáis en las grandes maniobras; si lo hacéis mal y el general os traspasa el pecho de un picotazo, entonces los chiquillos habrán tenido razón, en parte al menos. Vamos de verlo, pues.

– ¡Si, ya verás!, dijeron las crías, redoblando su aplicación. Se ejercitaban todos los días, y volaban con tal ligereza y primor, que daba gusto.

Y llegó el otoño. Todas las cigüeñas empezaron a reunirse para emprender juntas el vuelo a las tierras cálidas, mientras en la nuestra reina el invierno. ¡Qué de impresionantes maniobras! Había que volar por encima de bosques y pueblos, para comprobar la capacidad de vuelo, pues era muy largo el viaje que les esperaba. Los pequeños se portaron tan bien, que obtuvieron un «sobresaliente con rana y culebra». Era la nota mejor, y la rana y la culebra podían comérselas; fue un buen bocado.

– ¡Ahora, la venganza!, dijeron.

– ¡Sí, desde luego!, asintió la madre cigüeña. Ya he estado yo pensando en la más apropiada. Sé donde está el estanque en que yacen todos los niños chiquitines, hasta que las cigüeñas vamos a buscarlos para llevarlos a los padres. Los lindos pequeñuelosciguenas-bebes duermen allí, soñando cosas tan bellas como nunca mas volverán a soñarlas. Todos los padres suspiran por tener uno de ellos, y todos los niños desean un hermanito o una hermanita. Pues bien, volaremos al estanque y traeremos uno para cada uno de los chiquillos que no cantaron la canción y se portaron bien con las cigüeñas.

– Pero, ¿y el que empezó con la canción, aquel mocoso delgaducho y feo, qué hacemos con él?, gritaron los polluelos.

– En el estanque yace un niñito muerto, que murió mientras soñaba. Pues lo llevaremos para él. Tendrá que llorar porque le habremos traído un hermanito muerto; en cambio, a aquel otro muchachito bueno, no lo habrán olvidado, el que dijo que era pecado burlarse de los animales, a aquél le llevaremos un hermanito y una hermanita, y como el muchacho se llamaba Perico, todos ustedes se llamarán igual.

Y fue tal como dijo, y todas las crías de las cigüeñas se llamaron Perico, y aún siguen llamándose así.

¿Queréis ver cómo trabajan las cigüeñas para llevar a los bebés con sus papás? Mirad este vídeo:

Fanny Mendelssohn Bartholdy


Fanny Cecilie Mendelssohn  nació en Hamburgo el 14 de noviembre de 1805 y murió

FannyH3en Berlín el 14 de mayo de 1847 (el mismo año que su hermano), posteriormente fue llamada Fanny Hensel (por tomar el apellido de su marido). Era una compositora y pianista, hermana mayor de Felix Mendelssohn Bartholdy.

Ya desde  muy pequeña se perfiló como prodigio musical, razón por la que su educación fue dirigida a la composición.

Sus padres Abraham y Lea Salomon eran personas cultas poseedoras de una gran fortuna. Fanny y Félix estudiaron juntos idiomas, música, dibujo, ciencias y equitación. Recibieron una buena educación musical, aunque siendo la sociedad de aquella época de tendencia “machista”, influyó enormemente en la familia Mendelssohn Bartholdy y, mientras que al Félix se le educó y apoyó en su vocación musical, a Fanny, «por ser mujer», no. Su destino era ser una buena esposa y ama de casa. En 1829 se casó con el pintor Wilhelm Hensel. No obstante, Félix y Fanny, dada suFanny y Felix Mendelssohn formación familiar, fueron un ejemplo de amor fraternal; incluso ella era mejor pianista que él y Félix, admitiéndolo, siempre valoró las críticas que ella le hacía en todo sentido. Su debut público es en 1838, cuando interpretó el Concierto nº. 1 para piano de su hermano.

Fanny Mendelssohn Hensel compuso 466 piezas musicales entre las que se incluyen un Trío con piano Op. 11 y gran cantidad de libros con piezas para piano y canciones, ´la mayoría de las cuales se publicaron originalmente bajo el nombre de su hermano en sus opus 8 y 9..

Podemos oír en este vídeo su Nocturno en Sol menor:

Su canción «Italia», era la preferida de la reina Victoria, que pensaba que había sido compuesta por Félix. Muchas de sus piezas para piano, al igual que las de Félix, adoptan la forma de «Canción sin palabras«. En cierta forma fue una predecesora del género.

¿Qué os parece su Melodía opus 5, Andante suave? ¡A mí me parece preciosa!

Parte de wikipedia

Héctor Berlioz


Héctor Berlioz nace en La Côte-Saint-André, Francia el 11 de diciembre de 1803 y muere en París el 8 de marzo de 1869. Fue unos de los compositores franceses más ligados al Romanticismo y uno de sus máximos representantes así como uno de los principales impulsores de la llamada música programática.Berlioz

Su padre era médico aficionado a la acupuntura y fue precisamente él quien le transmitió su amor a la música. Por su consejo, el joven Héctor aprendió a tocar la flauta y la guitarra y a componer pequeñas piezas para diferentes conjuntos. En 1812 envió al joven Héctor a París a estudiar medicina. Berlioz quedó horrorizado por el proceso de disección y a pesar de la desaprobación de su padre, fascinado por las óperas y los conciertos que podían escucharse en la capital gala, abandonó la carrera para estudiar música. Asistió al Conservatorio de París, donde estudió composición y ópera.

En 1830, compone la obra que lo señala como uno de los mejores compositores de la historia y lo catapultaría en su carrera, la Sinfonía fantástica, subtitulada Episodios de la vida de un artista. Página de inspiración autobiográfica, fruto de su pasión no correspondida por la actriz británica Harriet Smithson. En ella, la orquesta, sobre todo, se convierte en la gran protagonista.

82707_1_18En 1833 consiguió la mano de Harriet Smithson, con lo cual se cumplía uno de sus sueños. Comprondría también en esta época, Harold en Italia, basada en un texto de lord Byron, Romeo y Julieta, su Gran sinfonía fúnebre y triunfal y su réquiem Grande Messe des morts.

Su ensayo pedagógico Gran tratado de instrumentación y orquestación moderna estableció su reputación como maestro de la instrumentación. Mahler y Strauss estudiaron detenidamente ese tratado, que también sirvió como modelo para el libro de Nikolái Rimski-Kórsakov, quien había asistido como estudiante de música a los conciertos que Berlioz dirigió en Moscú y San Petersburgo.

Completan su obra óperas, canciones eclesiásticas, obras corales y vocales, obras con coro, oberturas, sinfonías y un largo etc.

Una serie de obras que no fueron publicadas hicieron que los últimos años de vida de Berlioz estuvieran marcados por el sentimiento de que había fracasado en su propio país.

Parte de: http://www.biografiasyvidas.com/, wikipedia.

¿Por qué no puede volar el kiwi?


El kiwi es un pájaro sin plumas, no volador, originario de Nueva Zelanda, de donde es emblema nacional. Al ser «no volador» se encuentra en grave riesgo de extinción ya que, sus peores enemigos son las águilas y halcones.

Es un ave única en todo el mundo como podréis comprobar si seguís leyendo:
Antes de que los hombres llegaran a Nueva Zelanda, el 80% de su tierra estaba cubierta por bosques en los que abundaban las aves y no había predadores, así que, especies como el kiwi, el kakapo y el takahe no tuvieron necesidad de aprender a volar. Incluso, al principio, se creía que el kiwi era un mamifero.

 El kiwi pertenece a la familia de los avestruces y el emú, aunque es más pequeño, más o menos del tamaño de una gallina.

Como ya he dicho, es un ave no voladora pero, aún así, tiene unas pequeñas alas que casi no se pueden ver. No tiene plumas, les cubre una especie de plumón. Desarrollaron patas muy gruesas y fuertes para poder caminar y correr por la vegetación sin problemas. Son animales nocturnos, lo que es una ventaja a la hora de no ser cazados. Tienen un color pardo que varía de tono según a cuál de las 5 variedades pertenece.

A diferencia de otras aves, tiene sus fosas nasales justo al final del pico, que es muy largo (casi tanto como él). Son omnívoros y se alimentan de frutas, semillas y larvas pequeñas que consiguen introduciendo un largo pico en la tierra.

Tiene costumbres nocturnas y puede vivir hasta 30 años. Es monógamo, así que, cuando elige pareja, la conserva hasta la muerte. La hembra únicamente pone un huevo por temporada, que en comparación a su tamaño es enorme ya que pesa la mitad de lo que pesa el animal. El macho lo incuba durante 70 u 80 días. Son animales muy protectores de su territorio.

Casi no ven, pero esto lo suple su olfato que es muy desarrollado y le permite encontrar la comida sin problemas. No tienen cola ni plumas timoneras, a diferencia de otras aves.

Antes existía una especie de kiwi gigante que podía medir 3 metros de altura y que se llamaba Moa. En la fotografía podéis ver la diferencia de tamaño entre el Moa y el kiwi actual.

Moa

Hachiko


akita

 

Hachikō, a veces conocido en japonés como Hachikō (el perro fiel), era un perro de raza Akita nacido en noviembre de 1923 en la ciudad de Odate (Prefectura de hachikoAkita, Japón). En 1924 fue trasladado a Tokio por su amo, Eisaburō Ueno, un profesor del departamento de agricultura de la Universidad de Tokio. Desde la  Prefectura de Akita hasta la estación de Shibuya viajó durante dos días en tren, en una caja. Cuando lo fueron a retirar sirvientes del profesor, estos creyeron que el perro estaba muerto.

Sin embargo, cuando llegaron a la casa, el profesor le acercó al perro un vaso con leche, y éste se reanimó. El profesor lo recogió en su regazo y notó que las piernas delanteras estaban levemente desviadas, por lo que decidió llamarlo Hachi (ocho en japonés) por la similitud con el Kanji (letra japonesa) que sirve para representar al número ocho (). En verdad el perro estaba destinado a la hija del profesor, quien prontamente abandonó la casa paterna al quedar embarazada y casarse para irse a vivir a la casa paterna de su esposo. Así, al comienzo, Hachi iba a ser regalado, pero el profesor pronto se encariñó con el perro al que adoraba enérgicamente.hachiko disecado

El perro lo saludaba cada día desde la puerta principal y lo despedía al final del día en la cercana estación de Shibuya. Incluso tras la muerte de Ueno en mayo de 1925, Hachikō volvió cada día a la estación a esperarle, y lo hizo durante los diez años que transcurrieron hasta su propia muerte.

La devoción que Hachikō sentía hacia su amo fallecido conmovió a los que lo rodeaban, que lo apodaron el perro fiel. En abril de 1934, una estatua de bronce fue erigida en su honor en la estación de Shibuya, y el propio Hachikō estuvo presente el día que se presentó la estatua. La estatua fue reutilizada a causa de la Segunda Guerra Mundial, pero se erigió otra estatua en agosto de 1947, que aún permanece y es un lugar de encuentro extremadamente popular, tanto que en ocasiones la aglomeración de estatua hachiko gente dificulta el encuentro.

También hay una estatua similar en Odate, delante de la estación de Odate.

Hachikō murió en marzo de 1935. Sus restos disecados se encuentran en el Museo de Ciencias Naturales de Ueno (Tokio).

Hachikō es el protagonista de la película de 1987 “Hachikō monogatari”.

En noviembre de 2009 salió una nueva película sobre Hachikō llamada: “Siempre a tu lado, Hachiko”.

Mientras leemos el impresionante ejemplo de lealtad de nuestro amigo Hachiko, podemos oír una preciosa pieza para piano de Eduard Grieg dedicada a la primavera “To the Spring” ilustrada con distintas razas de perros: