Franco Fagioli


Franco Fagioli nació en Tucumán (República Argentina) en 1981. Es un contratenor uno de los mejores cantantes de ópera de la actualidad ya que cuenta con una prodigiosa agilidad, un registro de tres octavas y un enorme despliegue vocal.

Estudió piano en la Universidad Nacional de Tucumán y canto lírico en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón de Buenos Aires. Ha estudiado y trabajado con los más eminentes maestros y ganado prestigiosos premios. Es miembro estable  de la Ópera de Zúrich.

Es uno de los mejores haendelianos de la actualidad

En este vídeo lo vemos cantando Ombra mai fu es el  aria de apertura de la ópera Serse de George Friedrich Haendel, fue estrenada en 1738 y escrita para ser cantada originariamente por un castrato aunque ahora es interpretada por un contratenor, una contralto o una mezzosoprano.

Lo canta el protagonista, Jerjes I, rey de Persia, admirando la sombra de un árbol llamado plátano oriental o plátano de sombra:

Frondas tiernas y bellas
de mi plátano amado,
¡que os favorezca el destino!
Que truenos, relámpagos y tempestades
no turben vuestra querida paz,
ni os logre profanar el viento del sur.

Nunca sombra fue
de una planta,
querida y amable,
suave más.

 

De: Wikipedia

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Paso honroso


La acción sucedió en el Año Jacobeo de 1434. El caballero leonés, Suero de Quiñones, de familia insigne, pidió audiencia al rey Juan II de Castilla para exponer una petición. El rey se hallaba por entonces en el Castillo de la Mota (Medina del Campo – Valladolid) con toda su familia.

La petición era obtener el permiso para llevar a cabo un torneo especial en que tendrían que participar a la fuerza todos los caballeros que pasaran por el lugar elegido, que era el puente de Hospital de Órbigo, situado en la ruta leonesa del Camino de Santiago. Si se negaban a participar, debían depositar un guante en señal de cobardía y atravesar el río vadeándolo.

La justa o torneo tendría que mantenerse durante un mes en el que Suero de Quiñones estaría acompañado de sus mejores amigos. Don Suero llevaba colgada al cuello cada jueves una argolla metálica, como prueba de amor hacia su dama Doña Leonor de Tovar. El motivo para proponer las justas del puente era poderse librar de dicha argolla peregrinando a Santiago después de haber vencido a todos los caballeros que se presentasen en dicho puente y tras haber roto 300 lanzas a razón de tres por caballero.

Leonor de TovarEl rey le dio permiso y ofreció toda clase de facilidades. Invitó a los mejores caballeros del reino a que pasasen por el camino de Hospital de Órbigo. El torneo comenzó el 10 de julio de 1434 y terminó el 9 de agosto del mismo año, día en que don Suero fue herido. Sólo hubo un descanso el día 25, festividad de Santiago. Se levantó el tinglado junto al puente y cada día se comenzaba con una misa solemne y se terminaba con un gran festín.

Cuando terminó el torneo, don Suero y sus amigos se dirigieron en peregrinación a Santiago a cumplir con la promesa hecha. Don Suero depositó allí la argolla y la cinta azul que simbolizaba su amor por la dama y en la que estaba escrita una leyenda que lo atestiguaba:

Si no os place corresponderme,
en verdad que no hay dicha para mí

Leyenda leonesa

(De: Wikipedia)

La leyenda del rey Maón


Cuenta una leyenda celta que Maón era un rey mítico que ejerció su poder en el bello Eire (Irlanda). Este soberano tenía una costumbre pecu­liar y solía cortarse el pelo una vez al año. El hombre encargado de este trabajo era elegido por sorteo, entre los habitantes del pue­blo, e inmediatamente después asesinado. La razón de ello era que Maón tenía las orejas tan grandes como las de un caballo y no quería que nadie se enterara.

En una ocasión, el infortunado agraciado fue un joven de la aldea de Leister, único sostén de su madre anciana y viuda. Ante sus ruegos y lamentos el rey aceptó no matarlo, con la condición de que jurara que jamás revelaría su secreto.

El joven, después de cumplir las funciones que le encargaron, pudo regresar con su madre, pero el secreto empezó a obsesionar su mente y enfermó de tal forma que su muerte parecía inminente, su madre desesperada acudió a los consejos de un druida.

Después de mucho pensar dio con la causa del problema, ya que lo que le estaba atormentando era el secreto que guardaba y solo se restablecería si se lo revelaba a alguien. Así le dijo que buscara un lugar donde se cruzaran cuatro caminos y que, después de girar a la derecha, le contase el secreto al primer ár­bol que encontrara.

El joven siguió las indicaciones del sabio al pie de la letra y dio con un sauce. Sobre la corteza apoyó los labios, susurró el secreto y volvió a su casa. 

Pero quiso la suerte que poco después, al gran arpista Craftiny se le rompiera su arpa y ante la necesidad de construir una nueva, eli­giendo para ello la madera del árbol que era depositario del secreto del rey. Cuando el arpista fue llamado ante el rey para interpretar su música, de su arpa nueva sólo salía la siguiente canción «dos orejas de caballo tiene el rey Maón».

El rey, al ver su secreto había revelado, se quitó la capucha para mostrarse tal cual era. Al darse cuenta que ninguno de sus invitados se reía y lo tomaban con naturalidad, deci­dió que ningún otro joven tendría que morir por cul­pa de su defecto.

Leyenda celta

Un videojuego para valientes (para la moderación)


Adrián era el rey de los videojuegos, el más rápido con un tablet en la mano. Pasaba horas ante la pantalla, y esperaba las vacaciones para poder probar su nuevo juego. Según decían, su último nivel era el mejor que se había hecho nunca y, tras pasar días jugando, consiguió alcanzarlo. Al momento, luces y sonidos de fiesta lo rodearon, una niebla blanca lo cubrió todo y, en mitad del espectáculo… ¡el tablet tomó vida y se lo tragó!

Cuando se recuperó, Adrián estaba dentro del videojuego, y usaba su tablet para moverse a sí mismo. Emocionado, esperaba enfrentarse a los peores rivales. Sin embargo, su primer rival era un muro de cristal que no hacía nada. Adrián tocó su tablet para destrozar el muro pero, nada más tocarlo, una fuerza invisible lo levantó por los aires y comenzó a aplastarlo una y otra vez contra el cristal. Adrián movía sus ágiles dedos sobre la superficie del tablet para liberarse, pero cuanto más lo intentaba, más golpes recibía. Él nunca se rendía, hasta que tras horas de golpes no pudo más y arrojó el tablet al suelo. Este se partió en mil pedazos, y al instante lo mismo ocurrió con el cristal. Sin el cristal, Adrián pudo descubrir una máquina para tratarlo como si fuera uno de sus propios dedos, programada simplemente para repetir sus movimientos.

– ¡Vaya!- se dijo – nunca había pensado lo mucho que hago sufrir a mis dedos mientras juego…

Dolorido y cansado, decidió seguir adelante. Al poco, quedó atrapado en una extraña pompa de jabón. La pompa voló hasta un lugar con mil luces brillantes, y allí se volvió loca, moviéndose sin control. Adrián disfrutó rebotando y dando vueltas en su interior, pero después empezó a cansarse. Al final, tantas luces y movimientos se le hicieron imposibles de aguantar. Cuando ya no pudo más, Adrián cerró los ojos y se puso a llorar. Entonces cesaron las luces, la pompa se inundó, y el agua lo arrastró fuera. Mientras se alejaba, Adrián pudo descubrir que aquella pompa era simplemente uno de sus propios ojos.

– ¡Vaya! – se dijo – nunca había pensado lo mucho que hago sufrir a mis ojos mientras juego…

Todavía secándose las lágrimas, Adrián llegó a un parque precioso, con columpios, toboganes y todo tipo de diversiones, en el que otros niños jugaban y lo invitaban a entrar.

-¿Dónde está la trampa? – preguntó.

– En que no puedes jugar solo – le respondieron – si te quedas solo, desapareces.

Adrián se unió al resto de niños. Jugaron tantísimo tiempo que se olvidó de todos sus dolores, y se hizo muy amigo de todos. Sin duda fue la mejor parte del videojuego.

– ¡Vaya! – se dijo en voz alta- nunca pensé que jugar en un parque pudiera ser tan divertido.

Nada más decir esas palabras, todo desapareció, y se oyó una gran voz.

– ¡Has ganado! ¡Has completado el último nivel! ¡Fuera de aquí!

Adrián salió disparado del tablet, yendo a caer de nuevo en el sillón de su casa. Había sido toda una aventura y tenía ganas de repetir. Pero entonces se acordó de sus sufridos dedos, de sus doloridos ojos, y de lo bien que se lo había pasado en el parque jugando con los otros niños… y prefirió llamar a sus amigos para salir un rato a jugar.

De: Pedro Pablo Sacristán

El apicultor – Esopo


Un ladrón se introdujo en casa de un apicultor durante su ausencia, robando miel y panales.

A su regreso, el apicultor, viendo vacías las colmenas, se detuvo a examinarlas.

En esto, las abejas, volviendo a libar y encontrándole allí, le picaron con sus aguijones y le maltrataron horriblemente.

– ¡Malditos bichos!, dejaron marchar sin castigo al que les había robado los panales, y a mi, que les cuido con cariño, me hieren de un modo implacable.

MORALEJA

Muchas veces sucede que vemos con desconfianza a nuestros amigos pero, por ignorancia, le tendemos la mano a quien es nuestro enemigo.