La ardilla y el caballo – T. Iriarte


Mirando estaba una ardilla
a un generoso alazán
que, dócil a espuela y rienda,
se adiestraba en galopar.
Viéndole hacer movimientos
tan veloces y a compás,
de aquesta suerte le dijo,
con muy poca cortedad:
– «¿Señor mío,ardilla
de ese brío,
ligereza
y destreza
no me espanto,
que otro tanto
suelo hacer, y acaso más.
Yo soy viva,
soy activa,
me meneo,
me paseo,
yo trabajo,
subo y bajo,
no me estoy quieta jamás».

 El paso detiene entonces
el buen potro y, muy formal,
en los términos siguientes
respuesta a la ardilla da:
«Tantas idas
y venidas,
tantas vueltascaballo
y revueltas
(quiero, amiga,
que me diga),
¿son de alguna utilidad?
Yo me afano,
mas no en vano.
Sé mi oficio,
y en servicio
de mi dueño
tengo empeño
de lucir mi habilidad».

 Conque algunos escritores
ardillas también serán,
si en obras frívolas gastan
todo el calor natural.

Algunos emplean en obras frívolas tanto afán como otros en las importantes

La zorra y la cigüeña – La Fontaine


Sintiéndose un día muy generosa,

invitó doña zorra a cenar a doña cigüeña.

La comida fue breve y sin mayores preparativos.

La astuta raposa, por su mejor menú,

tenía un caldo ralo, pues vivía pobremente,

y se lo presentó a la cigüeña servido en

un plato poco profundo.la zorra y la cigüeña

Esta no pudo probar ni un sólo sorbo,

debido a su largo pico.

La zorra en cambio,

lo lamió todo en un instante.

Para vengarse de esa burla,

decidió la cigüeña invitar a doña zorra.

— Encantada — dijo –,

yo no soy protocolaria con mis amistades.

Llegada la hora corrió a casa de la cigüeña,

encontrando la cena servida

y con un apetito del que nunca están escasas

las señoras zorras.

El olorcito de la carne, partida en finos pedazos,

la entusiasmó aún más.la zorra y la cigüeña 2

Pero para su desdicha, la encontró servida

en una copa de cuello alto

y de estrecha boca, por el cual pasaba

perfectamente el pico de doña cigüeña,

pero el hocico de doña zorra,

como era de mayor medida,

no alcanzó a tocar nada,

ni con la punta de la lengua.

Así, doña zorra tuvo que marcharse en ayunas,

toda avergonzada y engañada,

con las orejas gachas y apretando su cola.

Para vosotros escribo, embusteros:

¡ Esperad la misma suerte !

No engañen es a otros,

pues conocen tus debilidades

y te harán pagar tu daño en la forma

que más te afectará.

La zorra y el erizo – Esopo


Zorro-Erizo

Una zorra que nadaba a través de un río rápido fue llevada por la fuerza de la corriente a un barranco muy profundo, donde quedó durante mucho tiempo muy magullada, enferma, e incapaz de moverse. Un enjambre de moscas hambrientas que chupan sangre se habían colocado sobre ella.

Un erizo, que pasó por ahí, vio su angustia y preguntó si él debería ahuyentar las moscas que la atormentaban.

– De ningún modo, por favor no las molestes.

–¿Cómo es eso? ¿no quiere usted ser librada de ellas?

— No, porque estas moscas que usted ve ya están llenas de sangre, y me pican, pero muy poco, y si usted me libra de éstas que ya están saciados, otras más hambrientos vendrán en su lugar, y terminarán de beber toda la sangre que aún me queda.

Moraleja:

Tomar decisiones con buen juicio ofrece el mayor beneficio

El lobo, la nani y el niño – Esopo


el lobo, la nani y el niño

Una vez, se encontraba un hambriento lobo que deambulaba en busca de comida, hasta que de pronto, llegó a una casita, y oyó a un niño que lloraba y a su nani que le decía:

-“No llores mi niño porque si no, te llevo donde el lobo.”

Creyendo el lobo aquellas palabras de una cena segura, esperó y esperó durante varias horas. Cuando llegó la noche, la nani estaba arrullando a su niño, y le cantaba:

– “No mi niño, no, que si viene el lobo, lo asustaremos …”

El lobo al oír aquellas otras palabras, siguió su camino muy indignado, y meditando se dijo:

– “Vaya, en esta casa dicen una cosa, y después quieren hacer otra muy diferente.”

Moraleja

Más importante que las palabras, son los actos de amor verdadero.

La pequeña luciérnaga


Había una vez una comunidad de luciérnagas que habitaba el interior de un gigantesco lampati, uno de los árboles más majestuosos y antiguos de Tailandia. Cada noche, cuando todo se volvía oscuro y apenas se escuchaba el leve murmurar de un cercano río, todas las luciérnagas salían del árbol para mostrar al mundo sus maravillosos destellos. Jugaban a hacer figuras con sus luces, bailando al son de una música inventada para crear un sinfín de centelleos luminosos más resplandeciente que cualquier espectáculo de fuegos artificiales.lampati
Pero entre todas las luciérnagas del lampati había una muy pequeñita a la que no le gustaba salir a volar.
– No, hoy tampoco quiero salir a volar. Id vosotros que yo estoy muy bien aquí en casita.
Tanto sus padres como sus abuelos, hermanos y amigos esperaban con ilusión la llegada del anochecer para salir de casa y brillar en la oscuridad. Se divertían tanto que no comprendían por qué la pequeña luciérnaga no les quería acompañar. Le insistían una y otra vez, pero no había manera de convencerla. La pequeña luciérnaga siempre se negaba.
-¡Que no quiero salir afuera! ¡Mira que sois pesados!
Toda la colonia de luciérnagas estaba muy preocupada por su pequeña compañera.
-Tenemos que hacer algo -se quejaba su madre-. No puede ser que siempre se quede sola en casa sin salir con nosotros.
-No te preocupes, mujer -la consolaba el padre-. Ya verás como cualquier día de estos sale a volar con nosotros.
Pero los días pasaban y pasaban y la pequeña luciérnaga seguía encerrada en su cuarto.
ok_apertura_1Una noche, cuando todas las luciérnagas habían salido a volar, la abuela de la pequeña se le acercó y le preguntó con mucha delicadeza:
-¿Qué es lo que ocurre, mi pequeña? ¿Por qué no quieres venir nunca con nosotros a brillar en la oscuridad?
-Es que no me gusta volar-, respondió la pequeña luciérnaga.
-Pero, ¿por qué no te gusta volar ni mostrar tu maravillosa luz? -insistió la abuela luciérnaga.
-Pues… -explicó al fin la pequeña luciérnaga-. Es que para qué voy a salir si nunca podré brillar tanto como la luna. La luna es grande, y muy brillante, y yo a su lado no soy nada. Soy tan diminuta que en comparación parezco una simple chispita. Por eso siempre me quedo en casa, porque nunca podré brillar tanto como la luna.
La abuela había escuchado con atención las razones de su nieta, y le contestó:
-¡Ay, mi niña! hay una cosa de la luna que debería saber y, visto o visto, desconoces. Si al menos salieras de vez en cuando, lo habrías descubierto, pero como siempre te quedas en el árbol, pues no lo sabes.luciernaga
-¿Qué es lo que he de saber y no sé? -preguntó con impaciencia la pequeña luciérnaga.
-Tienes que saber que la luna no tiene la misma luz todas las noches -le contestó la abuela-. La luna es tan variable que cada día es diferente. Hay días en los que es grande y majestuosa como una pelota, y brilla sin cesar en el cielo. Pero hay otros días en los que se esconde, su brillo desaparece y el mundo se queda completamente a oscuras.
-¿De veras hay noches en las que la luna no sale? -preguntó sorprendida la pequeña luciérnaga.
-Así es -le confirmó la abuela. La luna es muy cambiante. A veces crece y a veces se hace pequeñita. Hay noches en las que es grande y roja y otras en las que desaparece detrás de las nubes. En cambio tú, mi niña, siempre brillarás con la misma fuerza y siempre lo harás con tu propia luz.
La pequeña luciérnaga estaba asombrada ante tal descubrimiento. Nunca se había imaginado que la luna pudiese cambiar y que brillase o se escondiese según los días.
Y a partir de aquel día, la pequeña luciérnaga decidió salir a volar y a bailar con su familia y sus amigos. Así fue como nuestra pequeña amiguita aprendió que cada uno tiene sus cualidades y, por tanto, cada uno debe brillar con su propia luz.

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