El zurrón que cantaba


Cuando era pequeña mi abuela me contaba este cuento ¡ No me cansaba de oírlo! y continuamente le pedía que me lo volviera a contar.

Había una vez una niña llamada María a la que su padre regaló por su cumpleaños un anillito de oro. La pequeña estaba encantada con él y lo miraba una y otra vez mientras que su madre le recordaba que debía tener mucho cuidado si no quería perderlo.

Un día como otro cualquiera la madre mandó a la pequeña a la fuente a buscar agua y ésta se quiso lavar las manos antes así que quitó el anillo y lo apoyó con cuidado encima de una piedra. Cuando acabó llenó su cántaro y se fue a casa. Hasta que de repente a medio camino…

– ¡Ay! ¡el anillo! ¡Me lo he dejado en la fuente!

Pero como ya estaba cerca de casa, decidió llevar primero el agua a casa e ir corriendo después a la fuente. Pero cuando llegó allí todo lo que había era un mendigo con las ropas rotas y sucias con un gran zurrón en el suelo.

– Oiga señor, ¿no habrá visto usted un anillo que estaba por aquí?…
– Sí, niña, está dentro de este zurrón. Entra y cógelo

Pero cuando María entró, el hombre la empujó y lo cerró rápidamente llevándose el zurrón con él y María dentro.

– Más te vale que sepas cantar niña, porque yo no voy a trabajar para mantenerte…

La pequeña oía desde el interior del zurrón la temible voz del mendigo, asustada y pensando en qué sería de ella.

Al día siguiente el hombre llegó a un pueblo y empezó a gritar que tenía un zurrón mágico que hablaba. Cuando las primeras personas se acercaron para verlo le dijo a la niña:

– Canta zurroncito, canta que si no te hinco la lanza.

Y la niña empezó a cantar:

– Por el anillito de oro que en la fuente me dejé, en un zurrón me han metido y en un zurrón moriré.

La gente del pueblo aplaudía encantada ante tal espectáculo e incluso le lanzaban monedas al hombre. Nadie imaginaba que dentro del zurrón lo que había era en realidad una niña.

Mientras tanto, la madre de María empezó a impacientarse al ver que su hija tardaba demasiado en volver de la fuente. Fue a buscarla pero allí sólo encontró su cántaro. Todos en el pueblo empezaron entonces a buscarla pero no había ni rastro de ella.

Al cabo de un tiempo, un vecino del pueblo fue al pueblo de al lado en el que había feria y coincidió que en la plaza estaba el hombre del zurrón, quien de nuevo repetía su espectáculo:

Zurrón

– Canta zurroncito, canta que si no te hinco la lanza.

Y la niña cantaba:
– Por el anillito de oro que en la fuente me dejé, en un zurrón me han metido y en un zurrón moriré.

Pero el vecino encontró algo raro en la voz de la niña, así que se acercó al mendigo.

– ¡Qué espectáculo más maravilloso!
– Gracias, gracias.
– Debería usted venir a mi pueblo. Vería como le llenaban los bolsillos de monedas.
– En ese caso no se preocupe, que mañana mismo iré por allí.

En cuanto el vecino volvió a su pueblo fue rápidamente a contarle a los padres de María lo que le había dicho aquel hombre.

Al día siguiente el hombre del zurrón llegó a la plaza del pueblo. Allí estaban los padres de la niña que esperaban nerviosos el momento en que el zurrón cantara para saber si era o no su hija.

El hombre cogió su lanza y dijo:

– Canta zurroncito, canta que si no te hinco la lanza.
Y la niña cantaba:
– Por el anillito de oro que en la fuente me dejé, en un zurrón me han metido y en un zurrón moriré.

Los padres supieron que estaban en lo cierto en cuanto oyeron la voz de la niña: ¡era su hija la que cantaba!. Esperaron a que acabara el espectáculo para hablar con el hombre e invitarlo a cenar a su casa.

– Suba a la cocina con mi marido y deme si quiere el zurrón que se lo guardo aquí – dijo la madre.
– ¡Ah! si, si, tenga, es usted muy amable.

Cuando la madre abrió el zurrón salió de dentro su hija muy asustada y contenta de volver a verla. Sus padres le dieron un abrazo y le mandaron ir a buscar al perro y al gato para meterlos en su lugar y que el hombre no se diese cuenta de que ella no estaba.

– ¡Verás que sorpresa se dará cuando lo abra! – dijo la madre

Cuando al día siguiente el hombre llegó a otro pueblo dijo:

– Canta zurroncito, canta que si no te hinco la lanza.

Pero el zurrón no cantaba. Así que el hombre le dio con la lanza y volvió a decir lo mismo. Esta vez del zurrón salieron maullidos y ladridos. La gente empezó a abuchear al hombre, quien volvió a clavar la lanza en el zurrón. Dentro, el perro y el gato estaban cada vez más enfadados y no dejaban de pelearse.

El hombre furioso, abrió el zurrón pero entonces… salieron el perro y el gato, el perro le mordió la nariz y el gato le llenó la cara de arañazos. Y por si esto fuera poco, la gente del pueblo estaba tan enfadada porque había tratado de engañarlos que fueron a por palos para darle su merecido.

Dicen que el pobre hombre del zurrón quedó tan maltrecho que todavía no se ha recuperado. Y desde entonces todos los niños saben tal y como les dicen los mayores, que si se portan mal el hombre del zurrón vendrá a buscarlos.

Las palomas y la red – para el trabajo en equipo


Un bonito día de verano, un grupo de palomas decidieron ponerse a volar para buscar comida. Volaron durante mucho tiempo, pasando por encima de ciudades y pueblos, hasta que llegaron a un gran prado verde.

– ¡Mirad ahí! Hay algunos granos para comer entre la hierba- gritó la paloma más joven-. Estoy hambrienta y cansada de volar. Dejemos de buscar y bajemos a comer-.

Y empezó a batir las alas para descender hasta el suelo.

– ¡Espera!-, gritó la líder de la bandada de pájaros-. Podría ser una trampa. ¿Por qué debería haber granos en una zona tan aislada?

– ¡No seas tan desconfiada! Se le deben haber caído a alguien que pasaba por aquí-. Dijo otra de las palomas.

– No perdamos más el tiempo. ¡Yo también tengo hambre!-, añadió una tercera paloma. – Está bien. Si todas insistís y tenéis tanta hambre que no os importa arriesgar vuestra vida, iremos a comer – dijo la que los guiaba.

Así que las palomas decidieron bajar hasta el suelo y empezaron a comer. Después del largo y cansado viaje, la comida les parecía deliciosa.

Pero, de pronto, una red cayó sobre las palomas y quedaron atrapadas.

-¡Es una trampa! ¡Socorro!, gritaban todas con mucho miedo.

– Ya os dije que debíamos ir con cuidado-, dijo la líder-. Pero de todas formas, tranquilizaos. Podemos liberarnos, pero debemos estar unidas.

– ¿Cómo podemos salir de aquí? ¡Explícanos qué debemos hacer!- Gritaban mientras intentaban escapar muy asustadas, saltando cada una por su lado.

– Dejadme pensar un momento. Tengo una idea- dijo la líder de pronto-. Debemos actuar todas a la vez. Ponernos a volar juntas y llevar la red con nosotras. ¡Recordad que debemos estar unidas!

Cada paloma cogió una parte de la red con su pico y, todas juntas, empezaron a batir las alas para despegar. El cazador se quedó atónito ante la visión de las palomas volando con la red. Empezó a correr detrás de las palomas, esperando que cayesen. Pero cuando le vieron, las palomas volaron todavía más alto, hasta que se posaron en la cima de una pequeña montaña.

El cazador intentó escalarla, pero pronto se cansó y decidió dejar ir a sus presas.- Ahora debemos volar hacia el río-, dijo el líder.

– ¡Pero estoy muy cansada!- exclamó la paloma más joven- ¡No puedo volar más!

– No te preocupes, yo te ayudaré. Los fuertes deben ayudar a los débiles. Pronto seré yo quien sea viejo y débil, mientras que tú habrás crecido y serás fuerte. Entonces tú me ayudarás a mi porqué dependeré de tu fuerza. Ahora acércate a mí, que con mi fuerza podré llevarte en esta red.

Y volaron hasta la orilla del río, donde la líder de las palomas llamó a su amigo el ratón y le contó lo que les había pasado.

– Querido ratón, estamos aquí atrapados por culpa de un malvado cazador. Solo tú puedes salvarnos y liberarnos de esta red- rogó la paloma jefe. Entonces el ratón las quiso ayudar y empezó a roer la red para liberar a la líder, que se quejó – No, no me liberes a mi primero. Esta pequeña paloma está muy débil y cansada, libérala antes. Después libera a los demás antes que a mí. Yo soy la líder, por lo que debo cuidar de todas y ser la última.

El ratón cortó la red con sus afilados dientes y liberó a todas las palomas. Por último también liberó a su líder. Todas le dieron las gracias y se fueron volando hacia su casa.

Mientras volaban la pequeña paloma dijo:

– Nuestro líder es mayor pero sabía. Su sabiduría es lo que nos ha salvado hoy.

– No, pequeño. Ha sido vuestra unión lo que nos ha dado fuerza y ha permitido salvarnos-, replicó la paloma líder.- La unión es lo que nos da la mayor fuerza.

Y de esta manera las palomas pudieron volver a su casa tranquilamente con sus familias

Jeanne Marie Leprince de Beaumont


Jeanne Marie Leprince de Beaumont nació en Ruan (Francia) el 26 de abril de 1711 y murió en Chavanod (Francia) el 8 de septiembre de 1780.

jmlbFue una escritora francesa, famosa, sobre todo por sus cuentos. Era hermana del pintor Jean-Baptiste Leprince.

Trabajó como institutriz en la corte, donde desempeñó funciones de dama de compañía y de profesora de música, hasta que se casó con M. Beaumont.

Comenzó a escribir desde muy joven, tras separarse de su marido, viajó a Londres donde fundó un periódico para jóvenes Le Noveau Magasin français, donde se trataban temas literarios y científicos, y una escuela para niños. Instituyó el modelo del cuento pedagógico y escribió más de setenta libros: el primero fue una novela, El triunfo de la verdad (1748), aunque se hizo célebre principalmente por sus libros de cuentos: El almacén de los niños o Diálogo de una sabia institutriz con sus alumnos (1757), El almacén de las señoritas adolescentes (1760), El almacén de los pobres (1768), luego aparece su versión sobre La Bella y la Bestia (1770) que es el resumen de un texto original de Madamme Barbot de Villeneuve. 

Se casó de nuevo y tuvo seis hijos y en 1776 regresó a Francia, concretamente a Saboya, donde pasó los últimos años de su vida.

Considerada el Rousseau femenino por su genio, Madamme Leprince de Beaumont conoció una inmensa popularidad en su época. La mayor parte de su obra es didáctica y moralizante, en la que la pretensión científica ha constituido durante un siglo el vademécum de la perfecta educadora.

De: Wikipedia y http://www.mcnbiografias.com/

Me voy de vacaciones


Me voy de vacaciones
felices vacaciones
Me voy, me voy, me voy
de vacaciones
ya tengo preparado
mi bañador
el cole se acabó
que divertido
es jugar a la pelota
y tomar el sol.
Monto en bicicleta
nado como un pez
leo muchos cuentos
juego al ajedrez.

. De:http://bibliopoemes.blogspot.com.es

Solución a la adivinanza nº 120

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caperucita roja

Solución a la adivinanza nº 119

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pinocho

Solución a la adivinanza nº 118

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la sirenita