El mono y las lentejas


Un hombre tenía que llevar un saco de lentejas a un pueblo vecino. Se lo cargó a cuestas y echó a andar.
En el camino cruzaba un bosque y, como hacía mucho calor y la carga pesaba mucho, apenas llegó el hombre a la sombra de los árboles, decidió descansar un ratito. Dejó el saco de lentejas, se tumbó en la hierba, cerró los ojos… y pronto quedó dormido.mono
En el bosque vivía un mono, tan curioso como todos los monos, y apenas vio el saco desde lo alto del árbol donde vivía, quiso ver de qué estaba tan lleno. Bajó en cuatro saltos y metió la mano, sacando un puñado de lentejas. ¡Lentejas! ¡Con lo que al mono le gustaban!
Muy contento volvió a subir al árbol, buscó una rama buena y allí sentado cómodamente empezó a comerlas. ¡Estaban riquísimas!
Entonces se le escurrió una, la más chiquitita de todas, que era justo como el punto de una i, y no queriendo perderla, bajó del árbol en seguida.
Con las prisas se le enredó el rabo en una rama y, para no caerse, tuvo que sujetarse bien al tronco y, para sujetarse mejor, abrió las manos y entonces se le cayeron todas las lentejas que le quedaban.
El hombre, al sentir la lluvia de lentejas en la cara, se despertó, ató bien el saco y,  cargándoselo a la espalda, continuó su camino.

MORALEJA

Así, el mono ambicioso, por no resignarse a perder una sola lenteja, las perdió todas.

El león y el ratón agradecido – Esopo


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Dormía tranquilamente un león, cuando un ratón empezó a juguetear encima de su cuerpo. Despertó el león y rápidamente atrapó al ratón; y a punto de ser devorado, le pidió éste que le perdonara, prometiéndole pagarle cumplidamente llegado el momento oportuno. El león echó a reir y lo dejó marchar.

Pocos días después unos cazadores apresaron al rey de la selva y le ataron con una cuerda a un frondoso árbol. Pasó por ahí el ratoncillo, quien al oir los lamentos del león, corrió al lugar y royó la cuerda, dejándolo libre.

– Días atrás -le dijo-, te burlaste de mí pensando que nada podría hacer por tí en agradecimiento. Ahora es bueno que sepas que los pequeños ratones somos agradecidos y cumplidos.

MORALEJA:

No menosprecies al más débil, ya que por más pequeño e insignificante que sea, puedes necesitar su ayuda algún día.

El apicultor – Esopo


Un ladrón se introdujo en casa de un apicultor durante su ausencia, robando miel y panales.

A su regreso, el apicultor, viendo vacías las colmenas, se detuvo a examinarlas.

En esto, las abejas, volviendo a libar y encontrándole allí, le picaron con sus aguijones y le maltrataron horriblemente.

– ¡Malditos bichos!, dejaron marchar sin castigo al que les había robado los panales, y a mi, que les cuido con cariño, me hieren de un modo implacable.

MORALEJA

Muchas veces sucede que vemos con desconfianza a nuestros amigos pero, por ignorancia, le tendemos la mano a quien es nuestro enemigo.

La zorra y la luna – Esopo


the_fox_and_the_moon_1600x1200Una hermosa noche caminaba una zorra por los campos con el estomago vacío y con gran apetito, cuando al pasar junto a un pozo, vio la luna reflejada en el agua.

Entonces se dijo:

-¿Qué hermoso queso? Bajaré a buscarlo.

Sin más, se instaló en uno de los baldes y bajó a cogerlo.

Pero en cuanto se hundió en el agua, se dio cuenta que era sólo el reflejo de la luna resplandeciente, blanca y llena en el cielo.

Al tratar de salir se encontró presa al fondo del pozo. Ahí se quedo un par de días hasta que acertó a pasar un lobo hambriento como ella, la zorra le llamó diciéndole:

– Amiguito lobo ven a probar de este sabroso queso. Yo ya comí la mitad y te dejo la otra parte para ti porque ya me harté.

La zorra astuta le tendió una trampa al lobo y éste cayo, el lobo se sentó en el otro balde del brocal lo que permitió a la zorra subir Inmediatamente y salir del pozo.

Y ahí se quedó preso el necio lobo.

Moraleja:

“Fácilmente creemos lo que nos conviene creer y cuando nos damos cuenta somos presos de engaños”

El labrador y el árbol – Esopo


Un labrador tenía en sus tierras un árbol que no daba frutos y que sólo servía para dar cobijo a los gorriones y las cigarras. El labrador decidió entonces que de nada le servía y se dirigió con un hacha a talarlo, pero los gorriones y las cigarras que lo habitaban le suplicaron que no lo hiciera.ElArbolDeLaFelicidad

No, por favor, no lo derribe o nos quedaremos sin hogar. Si nos permite permanecer aquí alegraremos sus días con nuestro canto”.  Pero el labrador no les hizo ningún caso y golpeó con fuerza el hacha en la base del árbol. Repitió la operación una segunda vez y una tercera, y en ésta, el árbol se rajó y dejó a la vista un panal repleto de sabrosa miel.
El labrador, tras probarla, quedó encantado con su sabor, y por tanto, decidió no derribar el árbol y cuidarlo como si fuese sagrado, ya que de ese modo, dispondría de miel cada vez que la necesitase.
Las cigarras y los gorriones conservaron su hogar, pero no gracias al buen corazón del labriego, sino a su interés.

Moraleja

No tiene mérito el hecho de hacer el bien por provecho