Los cuatro amigos


Esta historia de la India se explica a los niños de la región de Panchatantra y muestra como estos animales, que en principio deberían ser enemigos, se ayudaban entre ellos para luchar contra su peor enemigo -los cazadores-.

Érase una vez cuatro amigos muy distintos, un ratón, un cuervo, un ciervo, y una tortuga,  que vivían en el medio del bosque. Aunque eran muy diferentes, eran muy amigos y todos se ayudaban entre ellos cuando lo necesitaban. Un buen día, el ratón, el cuervo y el ciervo estaban hablando tranquilamente debajo de un árbol cuando de repente escucharon un grito. ¡Era su amigo, la tortuga! ¡Y estaba atrapada en la red de un cazador!.

–  “¡Uh oh!” “¡Uh oh!” -exclamó el ciervo con temor, “¿qué hacemos ahora?” , preguntó con preocupación.

–  “No te desesperes”, dijo el ratón, “tengo un plan”.

Y explicó a todos sus amigos su plan para salvar del cazador a su amigo tortuga. A todos los amigos les pareció genial y rápidamente se pusieron en marcha.
Primero, el ciervo corrió hacia el cazador, que miraba la tortuga atrapada en la red. Muy rápido, sin que se diera cuenta, el ciervo se estiró en medio del bosque, como si estuviera muerto. Entonces, el cuervo, bajó a toda velocidad e hizo ver que picoteaba el ciervo. El cazador se acercó a ver que pasaba, pero el cuervo movía mucho las alas y no le dejaba ver nada.

El cazador se puso nervioso, y después de un momento consiguió ver lo que había.
– “¡Que suerte! ¡Aquí hay un ciervo, todo listo para mí!”, exclamó.

Entonces se dirigió al ciervo para recogerlo, llevarlo a su casa y comerlo para cenar. Pero el cuervo no se lo puso fácil y no paraba de batir las alas para hacer más difícil el trabajo del cazador.

En ese momento, muy sigilosamente, el ratón se acercó a la tortuga, que seguía atrapada en la red y empezó a masticar las cuerdas para salvar a su amigo. Así la tortuga consiguió escapar con su amigo el ratón mientras el cazador estaba distraído mirando el ciervo.
Cuando el cuervo se dio cuenta de que la tortuga ya era libre se fue volando y el ciervo se levantó y corrió. El cazador se quedó atónito y decidió volver a ver a la tortuga, pero la tortuga se había escapado!

– “Si yo no hubiera sido tan codicioso”, pensó.

Entonces los cuatro amigos se reunieron de nuevo bajo el árbol, y no pudieron parar de reír recordando cómo engañaron al cazador entre todos, gracias al poder y la bondad de la amistad.

De: https://www.casaasia.es/

¿Por qué leemos?


Si preguntamos a cualquier persona ¿por qué lees? Nos pueden dar infinidad de respuestas:

Porque …:

  1. Me gusta
  2. Me divierte imaginar las cosas contadas.
  3. Para aprender cosas nuevas.
  4. Para evadirme
  5. Por vivir otras historias
  6. Porque es mucho más divertido que ver la televisión.
  7. Para vivir las aventuras que yo no voy a vivir.
  8. Por el mero placer de leer.
  9. Para encontrarme a mí mismo.
  10. Para encontrarme con los demás.
  11. Por el placer de una historia bien contada.
  12. Para aprender de otros.
  13. Para entretenerme.
  14. Para soñar.
  15. Para divertirme.
  16. Para relajarme.
  17. Para vivir otras vidas.
  18. Porque cuando un libro te agarra lo demás no es importante.
  19. Me ayuda a dormir.
  20. Porque me resulta divertido y porque si no estaría todo el día viendo la tele o en el ordenador y me gusta pasar el tiempo haciendo cosas divertidas.

Hay muchísimas más y todas tienen razón, ahora verás porqué.

  • Los libros educan, dan tema de conversación, proporcionan compañía, te hacen más listo, te relajan, incluso te ayudan a ser mejor persona.
  • Leer nos permite acceder a “mundos que sólo pueden ser vistos a través de los ojos de un extranjero, de un explorador o de un historiador”, podemos leer la historia de diferentes personas y esto nos ayuda a comprender los sentimientos y pensamientos ajenos, sin que sea tan importante que esas personas sean reales o imaginarias.
  • La lectura mantiene el cerebro en forma; de hecho, toda la actividad mental que estimule tu cerebro, como el ajedrez o los crucigramas, ayuda a que nuestra mente aguante con salud durante décadas, incluso podría ayudar a prevenir el Alzheimer.
  • Comenzar a leer de niños (y hacerlo mucho) ayuda a desarrollar la comprensión lectora, a ampliar el vocabulario y está relacionado con un mayor conocimiento. Si sigues leyendo durante la adolescencia, la literatura te ayudará a forjar tu identidad, ya que altera nuestras conexiones mentales y crea nuevas ideas y formas de pensar.
  • Uno de los efectos positivos que tiene coger un libro y no soltarlo durante un buen rato es que es un buen ejercicio de relajación. De hecho, leer relaja más que escuchar música, dar un paseo, tomarse una taza de té o los videojuegos. Por eso es normal que la lectura nos ayude a dormir. Siempre que no usemos un dispositivo retroiluminado, como una tablet.
  • Los niños de entre 3 y 5 años a quienes se lee cuentos también muestran mayor actividad cerebral no sólo en las áreas que dan significado al lenguaje sino también en las que son importantes para la visualización, probablemente porque se imaginan la historia. Es recomendable leer cuentos a los niños con regularidad  y además conversar con ellos sobre las historias.

Y después de todo esto, ¿cuál es el motivo por el que tú lees?

La perdiz y la tortuga


La perdiz y la tortuga vivían en el mismo rincón de una inmensa llanura de África pero casi nunca hablaban. Poco se encontraban frente a frente porque el ave, vanidosa y arrogante, nunca se dignaba bajar de las ramas de los árboles o interrumpir su vuelo para entablar una conversación con la tortuga. Ni si quiera la saludaba desde arriba, sólo la miraba despectivamente.perdiz

Un día, la perdiz descendió al suelo a picotear unas semillas y justo en ese instante la tortuga pasaba caminando lentamente por ahí.
-Hermana tortuga -le dijo la perdiz-, ¿no te da vergüenza ir siempre tan despacio? ¿No te da envidia verme a mi, tan bien dotada, mucho mejor que tú? ¿No te causa celos ver como vuelo y cómo corro, cosas que tú no puedes hacer de ningún modo?
-No- repuso lentamente la tortuga-. Pienso que dichosa tú, que puedes acabar en una carrera un camino que me lleva todo un día a mí. Pero no te envidio. Mi lentitud también tiene sus ventajas.
-¡Bobadas!- contestó despreciativamente la perdiz-. Eso lo dices por decir. ¿Qué ventajas puede tener ser lento y pesado? Eres esclava de tu caparazón, estás condenada a andar siempre por lo bajo y ni siquiera puedes correr. Yo en cambio soy libre, todo me favorece.
Poco tiempo después, los cazadores de una lejana aldea prendieron fuego a la vegetación de la llanura para hacer salir a los animales y así poder cazarlos más fácilmente. Las llamas crecieron muy alto, se expandieron con rapidez y se acercaban al rincón en donde vivían la perdiz y la tortuga.
La perdiz no hacía más que vanagloriarse de que podría salvarse de las llamas volando a gran altura y se reía de la tortuga.
-Te vas a asar, el fuego correrá más rápido que tus cortas patas y te alcanzará -le gritaba la perdiz a la tortuga desde lo alto.

Cuando las llamas llegaron, la tortuga, para protegerse, setortuga escondió en un hoyo que había dejado la pata de un hipopótamo en el suelo, y se metió dentro de su caparazón, de manera que nada le ocurrió. En cambio la perdiz quiso lucirse y hacer gala de sus dotes, y se preparó para emprender el vuelo, pero el humo era tan denso que tan pronto abrió sus alas se asfixió y cayó en medio del fuego.
Cuando todo pasó, la tortuga salió de su escondite sana y salva y preguntó por la perdiz, extrañada de no verla haciendo alarde de cómo había logrado salvarse del fuego gracias a su rapidez y habilidad.
Al enterarse de lo que le había sucedido, lamentó que esas dotes de las que  se sentía  tan orgullosa, no hubieran ayudado a la pobre perdiz a escapar del fuego.

Cuento africano

Refrán para hoy (93)

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La ardilla y el caballo – T. Iriarte


Mirando estaba una ardilla
a un generoso alazán
que, dócil a espuela y rienda,
se adiestraba en galopar.
Viéndole hacer movimientos
tan veloces y a compás,
de aquesta suerte le dijo,
con muy poca cortedad:
– «¿Señor mío,ardilla
de ese brío,
ligereza
y destreza
no me espanto,
que otro tanto
suelo hacer, y acaso más.
Yo soy viva,
soy activa,
me meneo,
me paseo,
yo trabajo,
subo y bajo,
no me estoy quieta jamás».

 El paso detiene entonces
el buen potro y, muy formal,
en los términos siguientes
respuesta a la ardilla da:
«Tantas idas
y venidas,
tantas vueltascaballo
y revueltas
(quiero, amiga,
que me diga),
¿son de alguna utilidad?
Yo me afano,
mas no en vano.
Sé mi oficio,
y en servicio
de mi dueño
tengo empeño
de lucir mi habilidad».

 Conque algunos escritores
ardillas también serán,
si en obras frívolas gastan
todo el calor natural.

Algunos emplean en obras frívolas tanto afán como otros en las importantes

El sastrecillo listo – Hermanos Grimm


Érase una vez una princesa muy orgullosa; a cada pretendiente que se le presentaba le planteaba un acertijo, y si no lo acertaba, lo despedía con mofas y burlas. Mandó pregonar que se casaría con quien descifrase el enigma, fuese quien fuese. Un día llegaron tres sastres, que iban juntos; los dos mayores pensaron que, después de haber acertado tantas puntadas, mucho sería que fallaran en aquella ocasión. El tercero, en cambio, era un cabeza de chorlito, que no servía para nada, ni siquiera para su oficio; confiaba, en la suerte; pues, ¿en qué cosa podía confiar? Los otros dos le habían dicho:
– Mejor será que te quedes en casa. No llegarás muy lejos con tu poco talento.sASTRECILLO-ACUARELA-FINAL
Pero el sastrecillo no atendía a razones, y, diciendo que se le había metido en la cabeza intentar la aventura y que de un modo u otro se las arreglaría, marchó con ellos, como si tuviera el mundo en la mano. Se presentaron los tres a la princesa y le rogaron que les plantease su acertijo; ellos eran los hombres indicados, de agudo ingenio, que sabían cómo se enhebra una aguja. Entonces la princesa les dijo:
– Tengo en la cabeza un cabello de dos colores: ¿qué colores son éstos?
– Si no es más que eso – respondió el primero -: es negro y blanco, como el de ese paño que llaman sal y pimienta.
– No acertaste – respondió la princesa. – Que lo diga el segundo.
– Si no es negro y blanco -dijo el otro, – será castaño y rojo, como el traje de fiesta de mi padre.
– Tampoco es eso – exclamó la princesa. – Que conteste el tercero; éste sí que me parece que lo sabrá.
Adelantándose audazmente el sastrecillo, dijo:
– La princesa tiene en la cabeza un cabello plateado y dorado, y estos son los dos colores.
Al oír la joven sus palabras, palideció y casi se cayó del susto, pues el sastrecillo había adivinado el acertijo, y ella estaba casi segura de que ningún ser humano sería capaz de hacerlo.

Cuando se hubo recobrado, dijo:

– No me has ganado con esto, pues aún tienes que hacer otra cosa. Abajo, en el establo, tengo un oso; pasarás la noche con él, y si mañana, cuando me levante, vives todavía, me casaré contigo.

De este modo pensaba librarse del sastrecillo, pues hasta entonces nadie de cuantos habían caído en sus garras había salido de ellas con vida.

Pero el sastrecillo no se inmutó, y, simulando gran alegría, dijo:

– Cosa empezada, medio acabada.

Al anochecer, el hombre fue conducido a la cuadra del oso, el cual trató enseguida de saltar encima de él para darle la bienvenida a zarpazos.

– ¡Poco a poco! – dijo el sastrecillo. – ¡Ya te enseñaré yo a recibir a la gente!

Y con mucha tranquilidad, como si nada ocurriese, sacó del bolsillo unas cuantas nueces y, cascándolas con los dientes, empezó a comérselas. Al verlo el oso, le entraron ganas de comer nueces, y el sastre, volviendo a meter mano en el bolsillo, le ofreció un puñado; sólo que no eran nueces, sino guijas. El oso se las introdujo en la boca; pero por mucho que mascó, no pudo romperlas.

– “¡Caramba! – pensaba -, ¡qué inútil soy, que ni siquiera puedo romper las nueces!” y, dirigiéndose al sastrecillo, le dijo:
– Rómpeme las nueces.
– ¡Ya ves si eres infeliz!, ¡con una boca tan enorme y ni siquiera eres capaz de partir una nuez!
Cogió las piedras y, escamoteándoles con agilidad, se metió una nuez en la boca y ¡crac!, de un mordisco la tuvo en dos mitades.
– Volveré a probarlo – dijo el oso. – Viéndote hacerlo me parece que también yo he de poder.
220px-Heinrich_Vogeler_-_Illustration_Vom_klugen_SchneiderleinPero el sastrecillo volvió a darle piedras, y el oso muerde que muerde con todas sus fuerzas. Pero no creas que se salió con la suya. Dejaron aquello, y el sastrecillo sacó un violín de debajo de su chaqueta y se puso a tocar una melodía. Al oír el oso la música, le entraron unas ganas irresistibles de bailar, y al cabo de un rato la cosa le resultaba tan divertida, que preguntó:
– Oye, ¿es difícil tocar el violín?
– ¡Bah! Un niño puede hacerlo. Mira, pongo aquí los dedos de la mano izquierda, y con la derecha paso el arco por las cuerdas, y, fíjate qué alegre: ¡Tralalá! ¡Liraliralerá!
– Pues no me gustaría poco saber tocar así el violín para poder bailar cuando tuviese ganas. ¿Qué dices a eso? ¿Quieres enseñarme?
– De mil amores – dijo el sastrecillo -; suponiendo que tengas aptitud. Pero trae esas zarpas. Son demasiado largas; tendré que recortarte las uñas.
Trajeron un torno de carpintero, y el oso puso en él las zarpas; el sastrecillo las atornilló sólidamente y luego dijo:
– Espera ahora a que vuelva con las tijeras – y, dejando al oso que gruñese cuanto le viniera en gana, se tumbó en un rincón sobre un haz de paja y se quedó dormido.533f7e4bc9232d63c94c7f6299fa9ffc
Cuando, al anochecer, la princesa oyó los fuertes bramidos del oso, no se le ocurrió pensar otra cosa sino que había hecho picadillo del sastre, y que gritaba de alegría. A la mañana siguiente se levantó tranquila y contenta; pero al ir a echar una mirada al establo, se encontró con que el hombre estaba tan fresco y sano como el pez en el agua. Ya no pudo seguir negándose, porque había hecho su promesa públicamente, y el Rey mandó preparar una carroza en la que el sastrecillo fue conducido a la iglesia para la celebración de la boda. Mientras tanto, los otros dos sastres, hombres de corazón ruin, envidiosos al ver la suerte de su compañero, bajaron al establo y pusieron en libertad al oso, el cual, enfurecido, se lanzó en persecución del coche. Oyéndolo la princesa gruñir y bramar, tuvo miedo y exclamó:
– ¡Ay, el oso nos persigue y quiere cogerte!
Pero el sastrecillo, con gran agilidad, sacó las piernas por la ventanilla, y gritó:
– ¿Ves este torno? ¡Si no te marchas, te amarraré a él!
El oso, al ver aquello, dio media vuelta y echó a correr. El sastrecillo entró tranquilamente en la iglesia, fue unido en matrimonio a la princesa, y, en adelante, vivió en su compañía alegre como una alondra. Y quien no lo crea pagará un ducado.

Las dos ardillas (para la generosidad)


En un lejano bosque repleto de árboles vivían dos ardillas que eran muy amigas, la ardilla roja y la ardilla gris.

La ardilla roja era muy trabajadora. Cuando llegaba el otoño se pasaba el día recogiendo frutos secos para llenar su despensa.imagenes-ardillas

La ardilla gris, sin embargo, era muy holgazana. Mientras su amiga trabajaba recogiendo frutos secos, ella se pasaba el día tumbada en el campo, disfrutando del paisaje, muy contenta de no hacer nada.

Cuando al final del otoño tuvo la ardilla roja repleta su despensa de frutos secos, se preparó a encerrarse en su casa, dispuesta a pasar el invierno tranquilamente.

Y llegaron los vientos y los fríos invernales. En el bosque era imposible estar. Todos los animalitos se escondían en sus casas y comían los frutos secos que habían recogido en el otoño.

Eran días desastrosos para la ardilla gris, la ardilla holgazana, quien por no ser trabajadora tenía la despensa vacía.

Una noche el bosque se llenó de nieve, los animalitos no podían encontrar comida fuera de su casa. Ahora tendrían que alimentarse cada uno con o que hubieran recogido en el otoño.

una-ardilla-relajada-2033¡Pobre ardilla gris! ¡Había sido tan holgazana! Ahora no tenía nada en su despensa y casi se moría de hambre.

Un día la ardilla roja la vio venir medio muerta de hambre y frío, y llorando.

– Ardillita roja, amiga mía. ¡socórreme! Ya no puedo resistir más, me muero de hambre. Dame algo de comer.

La ardilla roja era muy bondadosa y la dejó entrar en su casa.

– Pasa, pobrecita. Aquí encontrarás comida y calor durante todo el invierno. Lo qué yo guardé en el otoño lo comeremos entre las dos.

– ¡Qué buena eres, querida compañera! – dijo emocionada la ardilla gris.

Pero como la comida estaba calculada para una ardilla sola, y no para dos, llegó un momento en que se acabó y vinieron días de escasez y de hambre.

Pero ya empezaba a hacer bueno y salieron a trabajar.

¡A trabajar! Tanto la ardillita roja, que siempre había sido trabajadora, como la ardillita gris que nunca había trabajado.

Y es que la ardillita roja había sido tan bondadosa que conmovió a la ardillita gris, y ésta le prometió que ya nunca volvería a ser holgazana.

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(Serie infantil. Editorial Vascoamericana)

De: https://www.bme.es/