La flor Nomeolvides – Juan Eugenio Hartzenbusch


Por la orilla de un torrente
Dos esposos paseaban
El día que se juraron
Cariño eterno en las aras. sk4
En silencio pudibundo,
La amorosa desposada
El dulce desasosiego
Del pecho disimulaba.
Una flor azul celeste
Vio flotar sobre las aguas,
Y con un tierno suspiro
Dijo entre sí estas palabras:
«¡Flor infeliz! de una vida
Que ser no pudiera larga,
Bien temprano te despojan
Esas olas inhumanas.»
No pronunció en voz tan débil
Esta exclamación aciaga,
Que no la oyera el que vive
Anhelante de agradarla;
Y sin tomar más consejo
Que aquél que su amor le daba,
Tras la mata que fluctúa
En el torrente se lanza.
Pero ¡ay! que las recias olas
Al triste mancebo arrastran,
Y en un momento le llevan
Muy lejos de su adorada,
Que de susto y de congoja
Vacila al mover las plantas.
Ya en la desigual pelea
Fuerzas al náufrago faltan,
Cuando cerca de la margen
En un remanso se para, nomeolvides
Donde la flor se detiene
Y parece que le aguarda.
Hace un esfuerzo y la coge,
Y arrójasela a su amada;
Y ella, creyéndole salvo,
Los tiernos brazos le alarga.
¡En vano! que el agua quieta.
Profunda sima ocultaba,
Que tira a su centro al joven
Cual si cadenas le echara;
Y al hundirse en el abismo
Que rugiendo se lo traga,
El desdichado exclamó:
«Querida esposa del alma:
Para siempre de tu lado
El destino me separa;
No me olvides; ten memoria
Del que tanto te adoraba.»

Este trágico suceso,
Divulgado por la fama,
Dar hizo a la florecilla,
Origen de la desgracia,
El nombre de Nomeolvides,
Y Nomeolvides se llama.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s