La leyenda del mapache y el caqui


Bosque de caquis

Para los que no sepáis qué es el caqui, consiste en una baya de forma ovalada, de color rojo, anaranjado o amarillo, y en cuyo interior contiene una pulpa anaranjada, dulce y con textura gelatinosa y blanda, con un ligero regusto áspero. Pertenece al género Diospyros, que en griego significa fuego divino. Este nombre se debe al color anaranjado o rojizo de su piel y a la gran dulzura que tiene cuando está maduro.Se cultiva en otoño/invierno, en algunos sitios se les conoce como ‘palo de santo’, ya que suelen madurar por la festividad de Todos los Santos. Es la fruta nacional de Japón y Corea aunque su cultivo se remonta al siglo VIII en China y Japón. Cuenta una leyenda japonesa que el caqui surgió de una grieta producida por la caída de un gigante al ser derrotado por un samurái.

Cuenta una leyenda americana que el mapache puede decir exactamente cuándo un caqui está maduro para comerlo. Se dice que un hombre fue llamado por el Gran Espíritu para hacer un viaje, éste le explicó que se trataba de un viaje espiritual por lo que no debía comer ni beber nada hasta que el viaje se hubiera completado. Pero el hombre en su camino pasó por un bosque donde encontró árboles de caqui y al ver sus frutos no pudo resistir la tentación, paró y comió hasta saciarse.

El Gran Espíritu se enfureció mucho y le dijo que, por su desobediencia, nunca más tendría la oportunidad de hacer ese viaje, de por vida tendría que estar corriendo alrededor de la tierra como una criatura pequeña y peluda. El hombre rogó y suplicó perdón pero el Gran Espíritu no se apiadó de él y se mantuvo firme en su decisión. El hombre fue transformado en un mapache, un animal que deja huellas y usa sus manos como los seres humanos. El Gran Espíritu le dio la capacidad de saber cuando es el tiempo adecuado para recoger las cosechas de caquis.

Los tres quejosos – Juan Eugenio Hartzenbusch


¡Qué mal (gritó la mona)
que estoy sin rabo!los tres quejosos
¡Qué mal estoy sin astas!
Repuso el asno.
Y dijo el topo:
Más debo yo quejarme,
que estoy sin ojos.
No reniegues, Camilo,
de tu fortuna;
que otros podrán dolerse
más de la suya.

Moraleja

Si se repara,
nadie en el mundo tiene
dicha colmada.

El cuento que no quería escribirse (para gestionar la frustración)


El papel estaba en blanco. Savannah debía escribir un cuento para su clase de Lengua, pero el lápiz no se dejaba agarrar. Este bailaba sobre la mesa junto a las pinturas de colores. Era tal la fiesta que al color amarillo le dio un ataque de risa y acabó caído en el suelo. A la pequeña niña no le quedó más remedio que unirse al baile. Cuando sonaba un vals, Savannah consiguió engañar al lápiz y al fin pudo dominarlo.

Sobre el papel escribió: «Érase una vez…», pero las letras desaparecían al instante. Probó entonces con «Había una vez …»  y el resultado fue el mismo. Savannah lo intentó de muchas maneras y para ello no dejó fórmula sin probar: «En un lugar muy lejano… «, «En el antiguo reino…»  pero nada funcionaba.

Como no se daba por vencida decidió empezar el cuento por el final. Y así, con mucho cuidado y bien despacito, escribió ..»… colorín colorado, este cuento se ha acabado». Apenas duraron unos minutos las palabras en el papel. Estas acabaron estallando en unos coloridos fuegos artificiales.

Savannah no estaba consiguiendo escribir su cuento, pero tenía que reconocer que se lo estaba pasando muy bien. La mesa de estudio parecía el escenario de un gran espectáculo. Así que decidió dejarse llevar y unirse a la fiesta. Jugó con todas las pinturas, cantó con el lápiz e hizo un vestido para su muñeca con los papeles.

Al día siguiente, entró en la clase de Lengua con la cabeza bien alta. Aunque no llevaba el cuento escrito como el resto de sus compañeros no estaba preocupada. Había aprendido que a veces aunque se intentan hacer bien las cosas estas no salen como las habíamos pensado. Lo importante era haberlo intentado y haber buscado una solución alternativa. Así, cuando la profesora le pidió su cuento, Savannah le explicó los problemas que había tenido para escribirlo. Sin embargo, su cuento estaba en su cabeza y acudió a la tradición oral para narrarlo en voz alta a sus amigos.

De: https://www.guiainfantil.com/

¿Cómo se dibuja un índio? – Gloria Fuertes


Mucha pluma en la cabeza
esparcidas con destreza
y con ellas el piel-roja
aunque llueve no se moja.

Llevará un hacha pequeñaRetratos al Óleo de indios Americanos, Karen Noles
—sólo para partir leña—.
Al hombro de su figura derecha,
arco y flecha
para el venado cazado,
(porque no hay supermercado)

Desnudo como un tarzán
—ni bebe vino ni come pan—,
solo frutas y pescados,
es un ciudadano sano,
verdadero americano
—sin parientes en Europa—
gran corazón, —poca ropa—,
descalzo, sin alpargata
—si no lo atacas, no ataca—,
es un indio pacifista
de bisontes cazador
Ojo de Lince Avizor.

Y ahora, felicidades al dibujante autor:
—Puedes estar orgulloso
de haber «hecho el indio»
hermoso.

¿Por qué los índios llevan plumas?


Para los índios americanos las plumas simbolizan la confianza, el honor, la fuerza, la sabiduría, el poder, la libertad y mucho más. Recibir una pluma equivalía a ser elegido de entre el resto de miembros de la tribu.

Las más importantes, eran las plumas de águila americana o águila dorada ya que para ellos suponía el regalo más preciado caído del cielo. Los indios, creían que las plumas de águila eran un elemento sagrado ya que pensaban que estas aves eran enviadas de los dioses al volar tan cerca del cielo.Pinturas indias

Una vez recibida la pluma, debían cuidar de ella y se consideraba irrespetuoso para los dioses si se colocaban en un lugar no visible, por esa razón, comenzaron a usarse  para el pelo. Pero no sólo se las ponían en el pelo, ya que también las usaban como decoración en las casas creando los conocidos “Atrapa Sueños”.

No se les permitía llevar estas plumas en el pelo si no demostraban una hazaña ante el tribunal de la tribu. Entre estas hazañas, se encontraba por ejemplo, luchar contra un oso o traer comida después de una cacería. Una vez demostrada la valentía ante el tribunal, se les autorizaba a llevarlas. Normalmente, el que llevaba el mayor número de plumas, era el jefe. En la mayoría de tribus, los indios no usaban las plumas durante las batallas, sólo hacían uso de ellas durante las ceremonias.

Parte de: https://lamochilaantropologica.wordpress.com/2017/02/11/las-plumas-entre-los-nativos-americanos-2/

Las dos hermanas


Hace mucho tiempo, el apuesto guerrero Wakontas, hijo de un poderoso espíritu de la Wampanoagregión de los Grandes Lagos, deseaba casarse con alguna muchacha de la zona y decidió viajar por los poblados, armado con su carcaj y sus flechas.

Un día llegó a un poblado cercano al lago Michigan, en el territorio de los Algonquinos, donde vivían dos hermanas, Omemee y Misticoode, tan bellas e inteligentes que se enamoró perdidamente de ambas.

Wakontas no podía saber por su aspecto que eran completamente diferentes. Mientras la primera era amable, dulce y bondadosa, la otra era orgullosa y egoísta.

-¿Qué puedo hacer para escoger a una de las dos? -se preguntaba una y otra vez.

Finalmente resolvió ponerlas a prueba antes de tomar una decisión, y anunció que saldría de caza con los demás hombres de la tribu. Una vez en el bosque, lejos de las miradas de todos, se transformó en un pobre anciano, regresó al poblado y se mantuvo a la espera de que las dos jóvenes se quedaran solas.

Anciano indio nativo | Tiempo de NadaCuando vio que la madre y las dos hermanas pequeñas enfilaban el camino del río, entró en su wigwam. Las dos jóvenes estaban charlando animadamente y se sorprendieron ante la aparición del viejo indio andrajoso.

-No temáis -dijo-. Os suplico que me ayudéis. Soy viejo y estoy cansado y hambriento.

-¡Fuera! ¡Largo de aquí! -dijo Misticoosis  enfurecida, y se dispuso a echarlo a empujones.

-¡Déjalo! -Le sujetó el brazo Omemee-. ¿No te das cuenta de que está enfermo?

Entonces, la bondadosa muchacha, tomó al viejo de la mano y lo condujo a su lado del wigwam, lo hizo sentar encima de una piel de búfalo y preparó el fuego. Puso a cocer un trozo de carne, y cuando estuvo lista, vertió el caldo en un cazo y la carne en un plato y se lo ofreció para que calmara su hambre y su sed.

-No sé cómo agradecerte lo que has hecho -dijo el hombre cuando terminó, dispuesto a marcharse.

-Me ha alegrado ayudarte -repuso Omemee, y al ver sus gastados mocasines, añadió-: ¡Espera!

Buscó en la bolsa en la que guardaba sus labores y sacó unos mocasines primorosamente bordados que entregó al anciano.

-¡Mira que eres necia! – le increpó su hermana que no había dejado de refunfuñar al ver con cuánta amabilidad trataba Omemee al forastero -. Opino que los viejos que ya no sirven para nada deberían ser abandonados en las montañas.

Poco después, Misticoosis se dispuso a arreglarse para estar lo más hermosa posible ante la inminente llegada de los cazadores, pues quería agradar al apuesto guerrero que las había cortejado y que parecía dispuesto a casarse con una de las dos.

Por su parte, Omemee, preocupada por su padre y sus hermanos, que llegarían cansados de la cacería y estarían hambrientos, y por su madre y sus hermanas, que habían ido al río a lavar, se dispuso a preparar la cena.

Tampoco ella dejaba de pensar en el guapo muchacho que le había hecho la corte, pero aparte de peinarse y asearse para recibirlos a todos, no dejó de lado sus obligaciones para con su familia.  No se atrevió a pedir ayuda a su hermana, todavía resentida con ella por haber ayudado al anciano mendigo, y demasiado ocupada en acicalarse.

Apenas había terminado de cocinar, oyó las conversaciones alegres de sus hermanos y su padre que se acercaban, así como los gritos alborozados de sus hermanas pequeñas que corrían a su encuentro.

Omemee y Misticoosis salieron del wigwam a recibirlos, la primera con la cara arrebolada por haber permanecido cerca del fuego y la segunda, bellísima y emperifollada con sus mejores galas. Ante su sorpresa, el apuesto indio que les había robado el corazón a las dos por igual, caminaba junto a su familia.

Las dos hermanas abrieron los ojos de par en par al observar que el joven calzaba el par de mocasines primorosamente bordados por Omemee. Antes de que pudieran abrir la boca, levantó la mano y dijo:

– Hace unas horas, me presenté en vuestro wigwam como un viejo harapiento. Pedía ayuda y Misticoosis solo tuvo palabras hirientes para mí y para los viejos en general. Por el contrario, la bondadosa Omemee sintió piedad, me hizo sentar en unas pieles de búfalo para que descansaran mis piernas, preparó un buen fuego para que me calentara y me dio comida y bebida. Mientras Misticoosis no paraba de refunfuñar, su excelente hermana me entregó estos hermosos mocasines.

Todo en mundo guardaba un silencio expectante, por lo que el guerreo prosiguió:

– He tomado una decisión. Al principio, al contemplar a las dos hermanas y ser consciente de su belleza e inteligencia, dudaba sobre cuál de ellas elegir como esposa y compañera. Las puse a prueba y ahora sé que solamente una es completamente hermosa.

Misticoosis se adelantó, segura de que su belleza era capaz de seducir al joven, pero él la detuvo con un gesto.

-Te convertirás en un álamo para que nadie tenga que soportar tu lengua viperina. Tus hojas dentadas no encontrarán descanso ni siquiera cuando cese de soplar la más leve brisa.

Mientras hablaban Misticoosis, llena de sorpresa y vergüenza, notó que no se podía mover: estaba enraizada en la tierra, y poco a poco fue convirtiéndose en un álamo.

– Soy  Wakontas -dijo entonces el cazador, dirigiéndose  a Omemee y abriendo los brazos-, y tú eres la elegida por mi corazón.

Ella dio un salto y se fundieron en un abrazo.

-Ahora partiremos hacia mi país.

En aquel momento, los dos jóvenes se transformaron en palomas, emprendieron el vuelo y se alejaron en el aire hacia el desconocido hogar de Wakontas, en el país del sol perpetuo.

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Cuento tradicional del Lago Míchigan 

¿Por qué las margaritas bajan sus pétalos de noche?


Margarita en inglés se dice «Daisy» y viene del inglés antiguo «Daes eage» que significa «ojo del día«. El nombre hace referencia a la forma en que las margaritas cierran sus pétalos durante la noche y cómo se abren de nuevo al amanecer marcando el inicio de un nuevo día.

Las margaritas no son sólo una flor porque si te fijas en el centro amarillo son muchas flores diminutas y los pétalos son en realidad diferentes floraciones. ¡Realmente crean una composición increíble que la hace una flor única proveniente de muchas flores!.

Las margaritas son el 10% de las flores que existen en nuestro planeta. Aunque son muy bonitas en blanco también las podemos encontrar en colores como el rojo, el púrpura, rosa, naranja o amarillo.

Pueden vivir en cualquier entorno independientemente de sus características.

Margaritas en la noche | Miguel Juan Ramos Pastor | Flickr

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