Leyenda de la margarita


Cuentan que una flor muy bella crecía en el campo en primavera, su nombre era margarita y vivía rodeada de otras margaritas. Era orgullosa y coqueta, presumiendo por doquier de sus blancos e inmaculados pétalos más bonitos que los de sus compañeras.

Las mariposas y abejas que la sobrevolaban se quedaban extasiados contemplándola, cantando de alegría. Ella se balanceaba, presumida ante tales zumbidos de admiración. Incluso dejaba que los insectos se posaran sobre ella con la condición de que no estropeasen sus hermosos pétalos.

Así vivía feliz la margarita hasta que, un día, una familia acudió al campo a comer, y los niños, asombrados ante la bella margarita, la cogieron para mostrársela a sus padres. Ella, en su inocencia, estaba orgullosa de haber sido la elegida. Pero, la madre les propuso un juego: deshojar la margarita jugando a alternar un “te quiero” y “no te quiero” en cada pétalo que arrancaban.

La margarita, horrorizada al ver que le estaban arrebatando su bellos pétalos comenzó a llorar desconsoladamente hasta que murió de pena. Pero el último pétalo fue un “te quiero” dicho por la madre a sus hijos, y pudo ver unas dulces sonrisas antes de morir.

Desde entonces, este juego de pétalos se ha hecho popular en todo el mundo.

La mariposa azul


Cuenta una leyenda que hace muchos años, un hombre enviudó y quedó a cargo de sus dos hijas. Las dos niñas eran muy curiosas, inteligentes y siempre tenían ansias de aprender. Constantemente invadían a preguntas a su padre, para satisfacer su hambre de querer saber. A veces, su padre podía responderles sabiamente, sin embargo, las preguntas de sus hijas le impedían darles una respuesta correcta o que convenciera a las pequeñas.

Viendo la inquietud de las dos niñas, decidió enviarlas de vacaciones a convivir y aprender con un sabio, que vivía en lo alto de una colina. El sabio era capaz de responder a todas las preguntas que las pequeñas le planteaban sin ni siquiera dudar. Sin embargo, las dos hermanas decidieron hacerle una picara trampa al sabio, para medir su sabiduría.

Una noche, ambas comenzaron a idear un plan: proponerle al sabio una pregunta que éste no fuera capaz de responder.

– ¿Cómo podremos engañar al sabio? ¿Qué pregunta podríamos hacerle que no sea capaz de responder? – preguntó la hermana pequeña a la más mayor.

-Espera aquí, enseguida te lo mostraré -indicó la mayor.

La hermana mayor salió al monte y regresó al cabo de una hora. Tenía su delantal cerrado a modo de saco, escondiendo algo.

-¿Qué tienes ahí? -preguntó la hermana pequeña.

La hermana mayor metió su mano en el delantal y le mostró a la niña una hermosa mariposa azul.

-¡Qué belleza! ¿Qué vas a hacer con ella?

-Esta será nuestra arma para hacer la pregunta trampa al maestro. Iremos en su busca y esconderé esta mariposa en mi mano. Entonces le preguntaré si la mariposa que está en mi mano está viva o muerta. Si él responde que está viva, apretaré mi mano y la mataré. Si responde que está muerta, la dejaré libre. Por lo tanto, conteste lo que conteste, su respuesta será siempre errónea.

Aceptando la propuesta de la hermana mayor, ambas niñas fueron a buscar al sabio.

-Sabio -dijo la mayor -. ¿Podría indicarnos si la mariposa que llevo en mi mano está viva o está muerta?

A lo que el sabio, con una sonrisa pícara, le contestó: “Depende de ti, ella está en tus manos”.

Leyenda japonesa

Babushka


Babushka tenía la casa más limpia, pulcra y mejor conservada de todo el pueblo. Su jardín era hermosísimo; la cocina, algo nunca visto. Desde que salía el sol hasta que se ocultaba en el poniente, Babushka no hacía más que limpiar, sacar brillo y ordenar.

Tal es la razón de que no viera una luminosa estrella que fulgió en la noche. Ni vio las temblorosas luces que avanzaban hacia el pueblo. Ni percibió el sonido de las zampoñas, tambores y campanas, que cada vez era más fuerte. Tampoco oyó las voces y murmullos de sus vecinos. Pero cuando llamaron a su puerta, eso no pudo dejar de oírlo. ‘
– «¿Quién es?», preguntó, entreabriendo el portal. Vio la cara de un pastor, con la nariz roja de frío y copos de nieve en la boina.
– «Por favor, ¿podemos calentarnos un poco en tu fuego,», pidió el pastor.

Babushka pensó en el brillo de sus suelos y en la tranquilidad rota, pero los dejó entrar. A los pastores se les saltaban los ojos al contemplar aquel pan casero y aquellos dulces, mermeladas y conservas de Babushka. Y ella, que tenía un corazón de oro, los agasajó con todos aquellos bienes.

– «¿Dónde vais?», preguntó mientras servía a unos y otros.
– «Seguimos una estrella. Nos lleva hacia un rey que acaba de nacer, el rey más grande de cuantos han nacido, el rey de cielo y tierra», respondió un pastor.
– «¿Por qué no vienes con nosotros?», dijo otro. “También tú le puedes llevar un regalo.»
– «No estoy segura de que me reciba bien», dijo Babushka… «Y… en cuanto al regalo… », hizo una pausa. Sus ojos se pusieron tristes: «Tengo un cajón lleno de juguetes», dijo con pena. “Mi niño, mi pequeño rey, se me murió cuando aún era muy pequeño.»

– «Entonces, ¿te vienes con nosotros?», insistieron los pastores.
– «Mañana, mañana», respondió Babushka con cierta desazón, «mañana». Los pastores salieron, y Babushka se puso a ordenar y limpiar. A la noche siguiente llegaron más pastores. «¿Estás preparada, Babushka?»
– «Mañana… voy mañana», respondió Babushka. «Os alcanzo mañana. Tengo que limpiar, buscar un regalo, prepararme… »
Sacaba brillo, quitaba el polvo, sacudía cojines y alfombras. Y así pasó otra noche.

Finalmente, se decidió: revolvió entre los juguetes de su niño. Pero, !Señor, cuánto polvo! Ciertamente no eran los que se merecía un niño rey de cielo y tierra; pero empezó a limpiarlos. Trabajó mucho. Uno a uno los juguetes fueron cobrando color y brillo. Al cabo de otro día, partió. Iba deprisa. Preguntaba a la gente si había visto a los pastores. «Sí, sí, los hemos visto; iban hacia allá», le respondían.

Pasaron los días. Babushka no se paraba nunca, ni de día ni de noche. Por fin, llegó a Belén. Preguntó por el Rey Niño. Sólo el dueño de una posada supo darle razón. «Si quieres ver dónde estaba el niño, busca un establo en lo alto de la colina. Aquí no teníamos sitio para él. Mi posada estaba llena», le dijo.
Babushka corrió por el sendero arriba. Cuando llegó a la cima, vio que en el establo no había nadie.
¿Creéis que se desanimó? ¡Ni pensarlo! Se dice que Babushka sigue buscando al Niño Jesús, porque el tiempo no significa nada para quien busca la verdad. Año tras año va de casa en casa preguntando: «¿Está aquí? ¿Está aquí el Niño Jesús?».
Y, particularmente en Navidad, cuando ve a un niño durmiendo y oye hablar de sus buenas acciones, toma un regalo de su cesto y se lo deja. !Nunca se sabe!…

Sabe muy bien que todo niño, aunque no sea el Niño Jesús, es siempre una esperanza para la humanidad. ¡Y un gran regalo de Dios!

(Leyenda rusa)

De: https://www.ciudadredonda.org/

La leyenda de los ocho soles


 

Hace mucho tiempo, la tierra estaba iluminada por ocho soles. La radiante luz deslumbraba a los hombres y el inmenso calor secaba la tierra.

Un día los hombres decidieron que ocho soles eran demasiados para iluminar la tierra y que con uno sólo bastaría.

– ¡Vamos a cazar siete, les vamos a dar miedo y se apagarán! – pactaron los hombres

Fueron a buscar a un buen arquero, el que mejor puntería tenía. Al disparar sus flechas los soles se asustarían y se apagarían. Al disparar la primera flecha, un sol se apagó. Disparó una segunda y otro desapareció. Y así fue hasta llegar a la séptima flecha, que hizo que se apagara el séptimo sol pero también el octavo y último.

Entonces la oscuridad reinó en la tierra, la tierra era sombría y fría y los hombres desgraciados. Necesitaban la luz del sol para vivir.

– Tenemos que hacer volver al último sol – se lamentaban las mujeres

– Tiene miedo de nosotros – respondían los hombres

– En ese caso- contestaron las mujeres- Pediremos a los animales que nos ayuden a hacer volver al sol.

Hicieron venir a una vaca, que mugió y mugió pero el sol no vino. Llamaron entonces a un tigre, que estuvo rugiendo mucho rato. Los hombres y las mujeres temblaban de miedo y seguramente el sol también tuvo miedo porque no apareció.

Hicieron venir a un búho, que ululó toda la noche, pero el sol tampoco  apareció. Sí que lo hizo en cambio una luna blanca que iluminó la tierra.

Entonces los hombres y las mujeres llamaron al gallo. Se puso a cantar tan fuerte que su cresta se enrojeció. Pero siguió cantando y cantando con toda su garganta.

Entonces, tímidamente, una luz amarilla y cálida apareció sobre la tierra. Era un sol que despuntaba sobre la línea del horizonte. Poco a poco, mientras el gallo seguía cantando, el sol se iba alzando en el cielo e iluminaba las caras de todos aquellos que lo esperaban.

Y desde ese momento cada mañana el gallo llama al sol para que ilumine la tierra.

Leyenda laosiana

De: https://www.casaasia.es/

 

Paso honroso


La acción sucedió en el Año Jacobeo de 1434. El caballero leonés, Suero de Quiñones, de familia insigne, pidió audiencia al rey Juan II de Castilla para exponer una petición. El rey se hallaba por entonces en el Castillo de la Mota (Medina del Campo – Valladolid) con toda su familia.

La petición era obtener el permiso para llevar a cabo un torneo especial en que tendrían que participar a la fuerza todos los caballeros que pasaran por el lugar elegido, que era el puente de Hospital de Órbigo, situado en la ruta leonesa del Camino de Santiago. Si se negaban a participar, debían depositar un guante en señal de cobardía y atravesar el río vadeándolo.

La justa o torneo tendría que mantenerse durante un mes en el que Suero de Quiñones estaría acompañado de sus mejores amigos. Don Suero llevaba colgada al cuello cada jueves una argolla metálica, como prueba de amor hacia su dama Doña Leonor de Tovar. El motivo para proponer las justas del puente era poderse librar de dicha argolla peregrinando a Santiago después de haber vencido a todos los caballeros que se presentasen en dicho puente y tras haber roto 300 lanzas a razón de tres por caballero.

Leonor de TovarEl rey le dio permiso y ofreció toda clase de facilidades. Invitó a los mejores caballeros del reino a que pasasen por el camino de Hospital de Órbigo. El torneo comenzó el 10 de julio de 1434 y terminó el 9 de agosto del mismo año, día en que don Suero fue herido. Sólo hubo un descanso el día 25, festividad de Santiago. Se levantó el tinglado junto al puente y cada día se comenzaba con una misa solemne y se terminaba con un gran festín.

Cuando terminó el torneo, don Suero y sus amigos se dirigieron en peregrinación a Santiago a cumplir con la promesa hecha. Don Suero depositó allí la argolla y la cinta azul que simbolizaba su amor por la dama y en la que estaba escrita una leyenda que lo atestiguaba:

Si no os place corresponderme,
en verdad que no hay dicha para mí

Leyenda leonesa

(De: Wikipedia)

La leyenda del rey Maón


Cuenta una leyenda celta que Maón era un rey mítico que ejerció su poder en el bello Eire (Irlanda). Este soberano tenía una costumbre pecu­liar y solía cortarse el pelo una vez al año. El hombre encargado de este trabajo era elegido por sorteo, entre los habitantes del pue­blo, e inmediatamente después asesinado. La razón de ello era que Maón tenía las orejas tan grandes como las de un caballo y no quería que nadie se enterara.

En una ocasión, el infortunado agraciado fue un joven de la aldea de Leister, único sostén de su madre anciana y viuda. Ante sus ruegos y lamentos el rey aceptó no matarlo, con la condición de que jurara que jamás revelaría su secreto.

El joven, después de cumplir las funciones que le encargaron, pudo regresar con su madre, pero el secreto empezó a obsesionar su mente y enfermó de tal forma que su muerte parecía inminente, su madre desesperada acudió a los consejos de un druida.

Después de mucho pensar dio con la causa del problema, ya que lo que le estaba atormentando era el secreto que guardaba y solo se restablecería si se lo revelaba a alguien. Así le dijo que buscara un lugar donde se cruzaran cuatro caminos y que, después de girar a la derecha, le contase el secreto al primer ár­bol que encontrara.

El joven siguió las indicaciones del sabio al pie de la letra y dio con un sauce. Sobre la corteza apoyó los labios, susurró el secreto y volvió a su casa. 

Pero quiso la suerte que poco después, al gran arpista Craftiny se le rompiera su arpa y ante la necesidad de construir una nueva, eli­giendo para ello la madera del árbol que era depositario del secreto del rey. Cuando el arpista fue llamado ante el rey para interpretar su música, de su arpa nueva sólo salía la siguiente canción «dos orejas de caballo tiene el rey Maón».

El rey, al ver su secreto había revelado, se quitó la capucha para mostrarse tal cual era. Al darse cuenta que ninguno de sus invitados se reía y lo tomaban con naturalidad, deci­dió que ningún otro joven tendría que morir por cul­pa de su defecto.

Leyenda celta

¿Por qué leemos?


Si preguntamos a cualquier persona ¿por qué lees? Nos pueden dar infinidad de respuestas:

Porque …:

  1. Me gusta
  2. Me divierte imaginar las cosas contadas.
  3. Para aprender cosas nuevas.
  4. Para evadirme
  5. Por vivir otras historias
  6. Porque es mucho más divertido que ver la televisión.
  7. Para vivir las aventuras que yo no voy a vivir.
  8. Por el mero placer de leer.
  9. Para encontrarme a mí mismo.
  10. Para encontrarme con los demás.
  11. Por el placer de una historia bien contada.
  12. Para aprender de otros.
  13. Para entretenerme.
  14. Para soñar.
  15. Para divertirme.
  16. Para relajarme.
  17. Para vivir otras vidas.
  18. Porque cuando un libro te agarra lo demás no es importante.
  19. Me ayuda a dormir.
  20. Porque me resulta divertido y porque si no estaría todo el día viendo la tele o en el ordenador y me gusta pasar el tiempo haciendo cosas divertidas.

Hay muchísimas más y todas tienen razón, ahora verás porqué.

  • Los libros educan, dan tema de conversación, proporcionan compañía, te hacen más listo, te relajan, incluso te ayudan a ser mejor persona.
  • Leer nos permite acceder a “mundos que sólo pueden ser vistos a través de los ojos de un extranjero, de un explorador o de un historiador”, podemos leer la historia de diferentes personas y esto nos ayuda a comprender los sentimientos y pensamientos ajenos, sin que sea tan importante que esas personas sean reales o imaginarias.
  • La lectura mantiene el cerebro en forma; de hecho, toda la actividad mental que estimule tu cerebro, como el ajedrez o los crucigramas, ayuda a que nuestra mente aguante con salud durante décadas, incluso podría ayudar a prevenir el Alzheimer.
  • Comenzar a leer de niños (y hacerlo mucho) ayuda a desarrollar la comprensión lectora, a ampliar el vocabulario y está relacionado con un mayor conocimiento. Si sigues leyendo durante la adolescencia, la literatura te ayudará a forjar tu identidad, ya que altera nuestras conexiones mentales y crea nuevas ideas y formas de pensar.
  • Uno de los efectos positivos que tiene coger un libro y no soltarlo durante un buen rato es que es un buen ejercicio de relajación. De hecho, leer relaja más que escuchar música, dar un paseo, tomarse una taza de té o los videojuegos. Por eso es normal que la lectura nos ayude a dormir. Siempre que no usemos un dispositivo retroiluminado, como una tablet.
  • Los niños de entre 3 y 5 años a quienes se lee cuentos también muestran mayor actividad cerebral no sólo en las áreas que dan significado al lenguaje sino también en las que son importantes para la visualización, probablemente porque se imaginan la historia. Es recomendable leer cuentos a los niños con regularidad  y además conversar con ellos sobre las historias.

Y después de todo esto, ¿cuál es el motivo por el que tú lees?