¿Por qué hablan los loros?


Los loros, como otras aves, tienen siringe, una membrana situada entre la tráquea y los bronquios  que les permite, con ayuda de dos cámaras, realizar dos sonidos simultáneamente. Además, tienen una lengua larga, que es la que les permite emitir voces. A través de pequeños movimientos, pueden dar forma al aire y diferenciar sonidos, de una forma muy similar a la del hombre.

Estas aves son seres sociales que se imitan unas a otras de forma que, si en un ambiente salvaje, los loros aprenden a comunicarse con sus pares imitando los sonidos que escuchan, cuando están en cautiverio, reproducen los sonidos emitidos por sus dueños. Por eso hablan, en el sentido humano de la palabra aunque también imitan a perros, gatos y a cualquier otro animal doméstico, e incluso recrearán los sonidos del timbre de la calle o del teléfono.

Se cree que, en un entorno doméstico, estas aves pueden usar la habilidad de repetir sonidos humanos como una acción de estímulo-respuesta, es decir, estos animales perciben un refuerzo positivo que obtienen mediente comida o atención.

Los loros son animales muy inteligentes y basta con que dediques tiempo a observarlos para darte cuenta de ello. De todos modos, entiendan o no lo que dicen, en un par de años pueden aprender entre 200 y 250 palabras que son capaces de utilizar en los momentos apropiados.

Parte de: https://misanimales.com/

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La mariposa azul


Cuenta una leyenda que hace muchos años, un hombre enviudó y quedó a cargo de sus dos hijas. Las dos niñas eran muy curiosas, inteligentes y siempre tenían ansias de aprender. Constantemente invadían a preguntas a su padre, para satisfacer su hambre de querer saber. A veces, su padre podía responderles sabiamente, sin embargo, las preguntas de sus hijas le impedían darles una respuesta correcta o que convenciera a las pequeñas.

Viendo la inquietud de las dos niñas, decidió enviarlas de vacaciones a convivir y aprender con un sabio, que vivía en lo alto de una colina. El sabio era capaz de responder a todas las preguntas que las pequeñas le planteaban sin ni siquiera dudar. Sin embargo, las dos hermanas decidieron hacerle una picara trampa al sabio, para medir su sabiduría.

Una noche, ambas comenzaron a idear un plan: proponerle al sabio una pregunta que éste no fuera capaz de responder.

– ¿Cómo podremos engañar al sabio? ¿Qué pregunta podríamos hacerle que no sea capaz de responder? – preguntó la hermana pequeña a la más mayor.

-Espera aquí, enseguida te lo mostraré -indicó la mayor.

La hermana mayor salió al monte y regresó al cabo de una hora. Tenía su delantal cerrado a modo de saco, escondiendo algo.

-¿Qué tienes ahí? -preguntó la hermana pequeña.

La hermana mayor metió su mano en el delantal y le mostró a la niña una hermosa mariposa azul.

-¡Qué belleza! ¿Qué vas a hacer con ella?

-Esta será nuestra arma para hacer la pregunta trampa al maestro. Iremos en su busca y esconderé esta mariposa en mi mano. Entonces le preguntaré si la mariposa que está en mi mano está viva o muerta. Si él responde que está viva, apretaré mi mano y la mataré. Si responde que está muerta, la dejaré libre. Por lo tanto, conteste lo que conteste, su respuesta será siempre errónea.

Aceptando la propuesta de la hermana mayor, ambas niñas fueron a buscar al sabio.

-Sabio -dijo la mayor -. ¿Podría indicarnos si la mariposa que llevo en mi mano está viva o está muerta?

A lo que el sabio, con una sonrisa pícara, le contestó: “Depende de ti, ella está en tus manos”.

Leyenda japonesa

La primera vuelta al mundo


Tal día como hoy, un 10 de agosto pero en el año 1519, el portugués Fernando de Magallanes, partía del Puerto de Sevilla, en concreto del Muelle de las Mulas, descendió por el Guadalquivir hasta llegar a su desembocadura, en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) con la intención de abrir una nueva ruta hacia Oriente y llegar a las islas de las Especias, buscando un paso entre el océano Altlántico y el Pacífico.

La expedición estaba formada por 5 naves y 250 hombres: la Trinidad, nave capitana al mando de Magallanes, la Concepción, capitaneada por Gaspar de Quezada y con Juan Sebastián Elcano como contramaestre, la San Antonio, mandada por Juan de Cartagena, la Santiago, con Juan Serrano a la cabeza, y laVictoria, dirigida por Luis de Mendoza. Tras pasar por las Canarias se dirigió hacia Sudamérica, viajando hacia el sur y buscando el paso hacia el otro lado del continente.

El 31 de marzo de 1520, los marineros llegaron a la bahía de San Julián, en la Patagonia argentina donde Magallanes ordenó el desembarco para invernar durante cinco meses, allí se encontraron con un invierno durísimo que ocasionó muchos problemas entre los hombres, hasta tal punto hubo un motín en el que Juan de Cartagena y Luís de Mendoza, entre otros, se revelaron y se perdieron dos de las naves que formaban la expedición. Allí conocieron a …

Sólo volvió una de las cinco naves ¿cuál fue?.

A partir de ahora creo que debeis leer el comic que ha publicado el Ministerio español de Defensa para conmemorar los 500 años de la primera vuelta al mundo comenzada por Magallanes y finalizada por Juan Sebastián Elcano. Pinchad sobre la imagen para descargarlo:

La primera vuelta al mundo

 

La leyenda de los ocho soles


 

Hace mucho tiempo, la tierra estaba iluminada por ocho soles. La radiante luz deslumbraba a los hombres y el inmenso calor secaba la tierra.

Un día los hombres decidieron que ocho soles eran demasiados para iluminar la tierra y que con uno sólo bastaría.

– ¡Vamos a cazar siete, les vamos a dar miedo y se apagarán! – pactaron los hombres

Fueron a buscar a un buen arquero, el que mejor puntería tenía. Al disparar sus flechas los soles se asustarían y se apagarían. Al disparar la primera flecha, un sol se apagó. Disparó una segunda y otro desapareció. Y así fue hasta llegar a la séptima flecha, que hizo que se apagara el séptimo sol pero también el octavo y último.

Entonces la oscuridad reinó en la tierra, la tierra era sombría y fría y los hombres desgraciados. Necesitaban la luz del sol para vivir.

– Tenemos que hacer volver al último sol – se lamentaban las mujeres

– Tiene miedo de nosotros – respondían los hombres

– En ese caso- contestaron las mujeres- Pediremos a los animales que nos ayuden a hacer volver al sol.

Hicieron venir a una vaca, que mugió y mugió pero el sol no vino. Llamaron entonces a un tigre, que estuvo rugiendo mucho rato. Los hombres y las mujeres temblaban de miedo y seguramente el sol también tuvo miedo porque no apareció.

Hicieron venir a un búho, que ululó toda la noche, pero el sol tampoco  apareció. Sí que lo hizo en cambio una luna blanca que iluminó la tierra.

Entonces los hombres y las mujeres llamaron al gallo. Se puso a cantar tan fuerte que su cresta se enrojeció. Pero siguió cantando y cantando con toda su garganta.

Entonces, tímidamente, una luz amarilla y cálida apareció sobre la tierra. Era un sol que despuntaba sobre la línea del horizonte. Poco a poco, mientras el gallo seguía cantando, el sol se iba alzando en el cielo e iluminaba las caras de todos aquellos que lo esperaban.

Y desde ese momento cada mañana el gallo llama al sol para que ilumine la tierra.

Leyenda laosiana

De: https://www.casaasia.es/

 

Un videojuego para valientes (para la moderación)


Adrián era el rey de los videojuegos, el más rápido con un tablet en la mano. Pasaba horas ante la pantalla, y esperaba las vacaciones para poder probar su nuevo juego. Según decían, su último nivel era el mejor que se había hecho nunca y, tras pasar días jugando, consiguió alcanzarlo. Al momento, luces y sonidos de fiesta lo rodearon, una niebla blanca lo cubrió todo y, en mitad del espectáculo… ¡el tablet tomó vida y se lo tragó!

Cuando se recuperó, Adrián estaba dentro del videojuego, y usaba su tablet para moverse a sí mismo. Emocionado, esperaba enfrentarse a los peores rivales. Sin embargo, su primer rival era un muro de cristal que no hacía nada. Adrián tocó su tablet para destrozar el muro pero, nada más tocarlo, una fuerza invisible lo levantó por los aires y comenzó a aplastarlo una y otra vez contra el cristal. Adrián movía sus ágiles dedos sobre la superficie del tablet para liberarse, pero cuanto más lo intentaba, más golpes recibía. Él nunca se rendía, hasta que tras horas de golpes no pudo más y arrojó el tablet al suelo. Este se partió en mil pedazos, y al instante lo mismo ocurrió con el cristal. Sin el cristal, Adrián pudo descubrir una máquina para tratarlo como si fuera uno de sus propios dedos, programada simplemente para repetir sus movimientos.

– ¡Vaya!- se dijo – nunca había pensado lo mucho que hago sufrir a mis dedos mientras juego…

Dolorido y cansado, decidió seguir adelante. Al poco, quedó atrapado en una extraña pompa de jabón. La pompa voló hasta un lugar con mil luces brillantes, y allí se volvió loca, moviéndose sin control. Adrián disfrutó rebotando y dando vueltas en su interior, pero después empezó a cansarse. Al final, tantas luces y movimientos se le hicieron imposibles de aguantar. Cuando ya no pudo más, Adrián cerró los ojos y se puso a llorar. Entonces cesaron las luces, la pompa se inundó, y el agua lo arrastró fuera. Mientras se alejaba, Adrián pudo descubrir que aquella pompa era simplemente uno de sus propios ojos.

– ¡Vaya! – se dijo – nunca había pensado lo mucho que hago sufrir a mis ojos mientras juego…

Todavía secándose las lágrimas, Adrián llegó a un parque precioso, con columpios, toboganes y todo tipo de diversiones, en el que otros niños jugaban y lo invitaban a entrar.

-¿Dónde está la trampa? – preguntó.

– En que no puedes jugar solo – le respondieron – si te quedas solo, desapareces.

Adrián se unió al resto de niños. Jugaron tantísimo tiempo que se olvidó de todos sus dolores, y se hizo muy amigo de todos. Sin duda fue la mejor parte del videojuego.

– ¡Vaya! – se dijo en voz alta- nunca pensé que jugar en un parque pudiera ser tan divertido.

Nada más decir esas palabras, todo desapareció, y se oyó una gran voz.

– ¡Has ganado! ¡Has completado el último nivel! ¡Fuera de aquí!

Adrián salió disparado del tablet, yendo a caer de nuevo en el sillón de su casa. Había sido toda una aventura y tenía ganas de repetir. Pero entonces se acordó de sus sufridos dedos, de sus doloridos ojos, y de lo bien que se lo había pasado en el parque jugando con los otros niños… y prefirió llamar a sus amigos para salir un rato a jugar.

De: Pedro Pablo Sacristán