El árbol de sal


Cuenta la leyenda que cuando Cotaá, el Dios del pueblo Mocoví (de Argentina), creó el mundo, quiso regalarle a los hombres una planta que sirviera de alimento.

Iobec Mapic

Miró y observó bien la tierra, después de mucho pensar, creó el Iobec Mapic, (árbol de sal), una especie de helecho gigante que parece una palmera. Lo esparció por las tierras donde vivían los mocovíes, y así se aseguró que no les faltara alimento. Neepec, el diablo, como siempre, estaba espiando a ver qué hacía Cotaá, cuando vio el hermoso regalo que les había hecho a los hombres, sintió mucha envidia, entonces se propuso destruir la planta, para que no tuvieran con qué alimentarse. Pensó y pensó hasta que se le ocurrió una maldad, se elevó por los aires y fue volando movieshasta unas inmensas salinas. Llenó un cántaro enorme con agua salada para arrojarlo sobre las matas, y así quemarlas con el salitre. Cotaá conocía muy bien las maldades de Neepec, descubrió el plan y lo esperó escondido entre las plantas. Cuando lo vio volcar el agua sobre la selva, acarició la tierra, hundió en ella sus dedos suavemente y entonces las raíces absorbieron el agua. La sal se mezcló con la savia y las hojas tomaron su sabor, las plantas no se murieron. Los mocovíes estaban preocupados, pensaron que habían perdido su alimento, pero Cotaá les mostró que la planta no había perdido su utilidad, como la savia ahora era salada, podían condimentar las carnes de los animales salvajes que cazaran y otros alimentos.

Y dicen que Neepec se fue por ahí a pensar otra maldad para vengarse.

Leyenda argentina

El labrador y el árbol – Esopo


Un labrador tenía en sus tierras un árbol que no daba frutos y que sólo servía para dar cobijo a los gorriones y las cigarras. El labrador decidió entonces que de nada le servía y se dirigió con un hacha a talarlo, pero los gorriones y las cigarras que lo habitaban le suplicaron que no lo hiciera.ElArbolDeLaFelicidad

No, por favor, no lo derribe o nos quedaremos sin hogar. Si nos permite permanecer aquí alegraremos sus días con nuestro canto”.  Pero el labrador no les hizo ningún caso y golpeó con fuerza el hacha en la base del árbol. Repitió la operación una segunda vez y una tercera, y en ésta, el árbol se rajó y dejó a la vista un panal repleto de sabrosa miel.
El labrador, tras probarla, quedó encantado con su sabor, y por tanto, decidió no derribar el árbol y cuidarlo como si fuese sagrado, ya que de ese modo, dispondría de miel cada vez que la necesitase.
Las cigarras y los gorriones conservaron su hogar, pero no gracias al buen corazón del labriego, sino a su interés.

Moraleja

No tiene mérito el hecho de hacer el bien por provecho

La perdiz y la tortuga


La perdiz y la tortuga vivían en el mismo rincón de una inmensa llanura de África pero casi nunca hablaban. Poco se encontraban frente a frente porque el ave, vanidosa y arrogante, nunca se dignaba bajar de las ramas de los árboles o interrumpir su vuelo para entablar una conversación con la tortuga. Ni si quiera la saludaba desde arriba, sólo la miraba despectivamente.perdiz

Un día, la perdiz descendió al suelo a picotear unas semillas y justo en ese instante la tortuga pasaba caminando lentamente por ahí.
-Hermana tortuga -le dijo la perdiz-, ¿no te da vergüenza ir siempre tan despacio? ¿No te da envidia verme a mi, tan bien dotada, mucho mejor que tú? ¿No te causa celos ver como vuelo y cómo corro, cosas que tú no puedes hacer de ningún modo?
-No- repuso lentamente la tortuga-. Pienso que dichosa tú, que puedes acabar en una carrera un camino que me lleva todo un día a mí. Pero no te envidio. Mi lentitud también tiene sus ventajas.
-¡Bobadas!- contestó despreciativamente la perdiz-. Eso lo dices por decir. ¿Qué ventajas puede tener ser lento y pesado? Eres esclava de tu caparazón, estás condenada a andar siempre por lo bajo y ni siquiera puedes correr. Yo en cambio soy libre, todo me favorece.
Poco tiempo después, los cazadores de una lejana aldea prendieron fuego a la vegetación de la llanura para hacer salir a los animales y así poder cazarlos más fácilmente. Las llamas crecieron muy alto, se expandieron con rapidez y se acercaban al rincón en donde vivían la perdiz y la tortuga.
La perdiz no hacía más que vanagloriarse de que podría salvarse de las llamas volando a gran altura y se reía de la tortuga.
-Te vas a asar, el fuego correrá más rápido que tus cortas patas y te alcanzará -le gritaba la perdiz a la tortuga desde lo alto.

Cuando las llamas llegaron, la tortuga, para protegerse, setortuga escondió en un hoyo que había dejado la pata de un hipopótamo en el suelo, y se metió dentro de su caparazón, de manera que nada le ocurrió. En cambio la perdiz quiso lucirse y hacer gala de sus dotes, y se preparó para emprender el vuelo, pero el humo era tan denso que tan pronto abrió sus alas se asfixió y cayó en medio del fuego.
Cuando todo pasó, la tortuga salió de su escondite sana y salva y preguntó por la perdiz, extrañada de no verla haciendo alarde de cómo había logrado salvarse del fuego gracias a su rapidez y habilidad.
Al enterarse de lo que le había sucedido, lamentó que esas dotes de las que  se sentía  tan orgullosa, no hubieran ayudado a la pobre perdiz a escapar del fuego.

Cuento africano

Refrán para hoy (93)

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La ardilla y el caballo – T. Iriarte


Mirando estaba una ardilla
a un generoso alazán
que, dócil a espuela y rienda,
se adiestraba en galopar.
Viéndole hacer movimientos
tan veloces y a compás,
de aquesta suerte le dijo,
con muy poca cortedad:
– «¿Señor mío,ardilla
de ese brío,
ligereza
y destreza
no me espanto,
que otro tanto
suelo hacer, y acaso más.
Yo soy viva,
soy activa,
me meneo,
me paseo,
yo trabajo,
subo y bajo,
no me estoy quieta jamás».

 El paso detiene entonces
el buen potro y, muy formal,
en los términos siguientes
respuesta a la ardilla da:
«Tantas idas
y venidas,
tantas vueltascaballo
y revueltas
(quiero, amiga,
que me diga),
¿son de alguna utilidad?
Yo me afano,
mas no en vano.
Sé mi oficio,
y en servicio
de mi dueño
tengo empeño
de lucir mi habilidad».

 Conque algunos escritores
ardillas también serán,
si en obras frívolas gastan
todo el calor natural.

Algunos emplean en obras frívolas tanto afán como otros en las importantes