El que sabe perdonar


El que no sabe perdonar 96327034

No perdona al que sabe perdonar

Por que no sabe perdonar,

Pero si sabe perdonar

Al que no sabe perdonar

Es por que el que si sabe perdonar

Le enseño a si saber perdonar.

Refrán para hoy (88)


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El avaro y el oro – Esopo (para la humildad)


Un avaro vendió todo lo que tenía de más y compró una pieza de oro, la cual enterró en la tierra a la orilla de una vieja pared y todos los días iba a mirar el sitio. 

Uno de sus vecinos observó sus frecuentes visitas al lugar y decidió averiguar que pasaba. Pronto descubrió lo del tesoro escondido, y cavando, tomó la pieza de oro, robándosela. homer_desesperado

El avaro, a su siguiente visita encontró el hueco vacío y rascándose la cabeza se lamentaba amargamente. 

Entonces otro vecino, enterándose del motivo de su queja, lo consoló diciéndole: 

– Da gracias de que el asunto no es tan grave. Ve y trae una piedra y colócala en el hueco. Imagínate entonces que el oro aún está allí. Para ti será lo mismo que aquello sea o no sea oro, ya que de por sí no harías nunca ningún uso de él.

Moraleja:

“Valora las cosas por lo que sirven, no por lo que aparentan”.

La zorra y el gato – Hnos. Grimm (para la humildad)


zorra y gatoOcurrió una vez que el gato se encontró en un bosque con la señora zorra, y pensando: “Es lista, experimentada y muy considerada en el mundo,” dirigiósele amablemente en estos términos:
– Buenos días, mi estimada señora zorra. ¿Qué tal está su señoría? ¿Cómo le va en estos tiempos difíciles?
La zorra, henchida de orgullo, miró al gato despectivamente de pies a cabeza, y estuvo un buen rato meditando si valía la pena contestarle; pero, al fin, dijo:
– ¡Oh, mísero lamebigotes, necio abigarrado, muerto de hambre, cazarratones, ¿qué te ha pasado por la cabeza? ¿Cómo te atreves a preguntarme si lo paso bien o mal? ¿Qué has aprendido tú, vamos a ver? ¿Cuántas artes conoces?
– No conozco más que una -respondió el gato modestamente.
– ¿Y cuál es esta arte tuya? -inquirió la zorra.
– Cuando los perros me persiguen, sé subirme de un brinco a un árbol, y, de este modo, me salvo de ellos.
– ¿Y es eso todo lo que sabes? -dijo la zorra-. Pues yo domino más de cien tretas, y aún me queda un saco lleno de ellas. Me das lástima; vente conmigo y te enseñaré la manera de escapar de los perros.
En aquel momento se presentó un cazador con cuatro lebreles. El gato, veloz, saltó a un árbol y sentóse en la copa, bien oculto por las ramas y el follaje.
– ¡Abrid el saco, señora zorra, abrid el saco! -gritó desde arriba; pero los canes habían hecho ya presa en la zorra y no la soltaban.
– ¡Ay!, señora zorra -prosiguió el gato-, con vuestras cien tretas os han cogido. ¡Si hubieseis sabido trepar como yo, habríais salvado la vida!