¿Por qué celebramos el día de la madre?


rheaLa celebración más antigua del Día de la Madre es mitológica. Empezó en la Grecia antigua, por las festividades en honor a Rhea, la madre de los Dioses Júpiter, Neptuno y Plutón.

A principios del siglo XVII, Inglaterra empezó a dedicar el cuarto domingo de la Cuaresma a todas las madres operarias. En este día ellas eran dispensadas de sus trabajos para que pudiesen quedar en casa con sus hijos y sus madres. En este día denominado «Domingo de Servir a la Madre«, se celebraba con la preparación de una cake (torta).

En los Estados Unidos, la primera sugerencia a la creación del Día de la Madre ocurrió por el siglo XIX, cuando la escritora Julia Ward Howe organizó en Boston un encuentro de madres dedicado a la paz. A partir de ahí, la lucha por honrar a las madres la tomó Anna Jarvisjulia_ward_howe, a principios del siglo XX, en una pequeña ciudad del Estado de Virginia Occidental. Acompañada por un grupo de amigas, Anna empezó un movimiento para instituir un día en que todos los niños pudiesen homenajear a sus madres. Esa lucha la ayudó a salir de una profunda depresión debido al fallecimiento de su madre, y en poco tiempo la celebración se extendió por todo el país haciendo con que el Presidente Wilson oficializara el Día de Madre como día de fiesta nacional, siendo celebrado todo segundo domingo del mes de mayo. Con el tiempo, otros muchos países, de distintas partes del mundo, se fueron sumando a la celebración.

anna jarvisLa idea principal de Anna Javis era fortalecer los lazos familiares y el respeto por los padres. Un sueño realizado. Pero con el tiempo, la celebración fue perdiendo el sentido para ella. La popularidad de la fiesta hizo con que la fecha se convirtiera en un día lucrativo para comerciantes, principalmente para los que vendían claveles blancos, la flor que simboliza a la maternidad. Anna Javis, que pasó prácticamente toda su vida luchando para que las personas reconociesen la importancia y el valor de las madres, entró con un proceso para anular el Día de la Madre, pero no tuvo éxito.

«No creé el día de la madre para obtener lucro», dijo furiosa a un reportero, en 1923. Se murió en 1948, a los 84 años de edad. Recibió tarjetas conmemorativas de todo el mundo durante años, pero no llegó a sentir lo que era ser Madre.

Pero no todos los países celebran el Día de Madre en el mismo día. En la mayoría de países de Europa se homenajea las madres el Primer Domingo de Mayo, y en paísesmothers_day_comment_graphic_04.gif de Latinoamérica, la fecha también varía. En México por ejemplo, es el 10 de mayo. Los mexicanos decidieron esta fecha gracias a la instancia del periodista Rafael Alducín en el periódico «Excélsior» el 13 de abril de 1922. El 10 de mayo de aquél año se celebraba por primera vez la fiesta. En Nicaragua, por poner otro caso, se escogió el 30 de mayo, porque en dicha fecha era el cumpleaños de Casimira Sacasa, madre de la esposa de Anastasio Somoza, presidente entonces de este país en la década de los años 40. Por otro lado, en Argentina lo celebran el tercer domingo de octubre. Lo importante no es la fecha sino el reconocimiento y el recuerdo al valor de todas las madres.

Felicidades a todas las madres

claveles

 De: http://www.fluvium.org/

Educar en valores: saber ganar y perder


“Lo importante en la vida, no es el triunfo sino la lucha. Lo principal no es haber vencido, sino haber luchado.”  Pierre de  Coubertin.

Todos nos alegramos mucho cuando ganamos un juego, a un deporte, a otra persona pero … ¿Y si perdemos?.

En la vida casi todo es competir, competimos diariamente en la familia, en los estudios, en el trabajo, en los negocios, en el deporte, en la sociedad, por el dinero, por el amor, contra las enfermedades, contra la conciencia, contra las virtudes y valores humanos, etc. En esas competiciones se gana o se pierde, muy pocas veces se empata. Por eso es muy importante aprender a saber ganar y a saber perder (respetando al rival y sin hacer trampas)..

Saber ganar no solo es vencer, saber alcanzar unas metas para conseguir prosperar, lograr y obtener los objetivos o triunfos propuestos, sin vanagloriarse, ser egoístas y hacer trampas. Saber perder también es bueno, es aprender una lección que si se aprovecha, se puede sacar de ella una buena experiencias e incalculables beneficios.

Se aprende a perder, perdiendo. En la vida hay que saber perder, aunque se haya entrenado muy duro para ganar.

Enfadarse después de perder es algo normal, no es sólo cosa de niños y llevar a la práctica la famosa frase de consolación «lo importante es participar» es un reto que requiere esfuerzo y voluntad por parte de cada uno. Para los niños es más difícil todavía porque no tienen la madurez emocional necesaria para controlar sus sentimientos, son muy egocéntricos por su condición de niños, desean ser el centro de atención de todos los que les rodean y no llevan bien eso de no obtener lo deseado.

Tener un mal perder lleva a algunos niños a no querer participar en los partidos o competiciones cuando sospechan que van a perder, a abandonar y a echar la culpa al entrenador o a cualquier otro responsable de sus lamentos. Perder con una sonrisa es muy complicado, pero es importante enseñar a nuestros hijos un grado de tolerancia a la frustración para que el mundo no se hunda a sus pies cuando no se logra lo que se desea.

Resulta esencial que nuestros hijos comprendan que unas veces se gana y otras se pierde, que no saber perder hará que se ganen la antipatía de sus compañeros y que ser un tramposo para lograr la victoria sólo conseguirá que los demás le cuelguen el cartel y prefieran no jugar con él porque no practica el juego limpio.

Saber perder con nobleza, ayuda a fortalecerse mentalmente y a tolerar la hipotética frustración, del hecho de aceptar y asumir con humildad, la victoria ajena. No importa sentirse triste y decepcionado, por el gran esfuerzo realizado, pero nunca debe permitirse reacciones desproporcionadas. La honestidad hace verdaderos vencedores, aunque hayan perdido.

Los padres tenemos que enseñar a nuestros hijos, el aprender a ganar, aunque la vida no es un camino de rosas, para que no se crean, más de lo que son y cuando llegue, acepten el perder, no creyéndose ni más ni menos, de lo que son. Enseñarles a tolerar la frustración, de saber perder con dignidad, y en su caso, a saber sobreponerse. También enseñarles el valor del sacrificio, del esfuerzo y del trabajo duro y constante, en su formación y en su autodominio, el cual se forja con el trabajo duro y callado, sin importar, si se gana o si se pierde.

Los que de verdad saben ganar, nunca deben humillar a los que han perdido, deben dar la imagen de discreción, prudencia, sencillez, modestia, humildad, etc.El hecho de ganar, conlleva el saber reconocer el esfuerzo realizado por el contrincante, respetándole, alabándole y reconociéndole su mérito al competir.

Es muy duro y muy difícil, saber perder con elegancia y respeto hacia el que ha ganado, y felicitarle, agradecerle y reconocerle, que lo ha hecho mejor.

Para lograr estos objetivos es fundamental que los niños se acostumbren a oír la palabra NO, porque el NO también educa, que conozcan el verdadero significado de la palabra respeto, que evitará la humillación y el ridículo del perdedor, y que nuestro ejemplo sirva para el comportamiento del niño en el futuro. Ganar unas veces y perder otras es el precio por disfrutar de una actividad compartida.

Por cada victoria que se consigue, uno ha perdido la cuenta de todas las derrotas que ha sufrido, pero eso es lo que hace que cada victoria sea más grande.

¿Cómo hacerlo?:

  • No debemos darle siempre todo lo que pida simplemente para tenerle contento y no oír sus gritos y lamentos. Establecer límites en su vida diaria y que se acostumbre de vez en cuando a escuchar un “no” le ayudará a no enfadarse cuando lo oiga en boca de sus amigos.
  • Enséñales con nuestro ejemplo. Si le dicimos que lo importante es participar y pasar un buen rato y que no hay que enfadarse cuando se pierde, y luego ve a sus padres gritar como locos delante del televisor mientras vemos perder a nuestro equipo de fútbol, difícilmente nos hará caso.
  • También debe saber ganar y no alardear de su victoria ni humillar y ridiculizar al perdedor, puede ser que algún día le paguen con la misma moneda.
  • Cuando juguemos con él a algo, es bueno que le dejemos ganar alguna vez para aumentar su autoestima, pero también que se acostumbre a perder.
  • Mientras jugamos podemos hacer comentarios para enseñar al niño cómo debe reaccionar: “Vaya, lo has hecho muy bien esta vez” o “De acuerdo, he ganado esta partida, pero eres un buen contrincante. No sé si podré ganarte la próxima vez”.
  • Debemos explicar a nuestro hijo lo que puede ocurrir si se enfada al perder. Lo más probable es que acabe cayendo mal a los otros niños y que ninguno quiera jugar con él.
  • No le consintamos que se enfade, chille o actúe antideportivamente. En este caso será mejor excluirle del juego hasta que se calme.
  • Cuando veamos algún espectáculo deportivo con él, hay que incúlcarle que los rivales no son enemigos y que pasar un buen rato es más importante que ganar.
  • Se le debe enseñar a jugar limpio. Hay que establecer reglas y respetarlas, por eso si son pequeños no debe haber muchas. Además, éstas no se pueden cambiar cuando a uno le interesa.

Cuento recomendado: Tomás, «el que siempre aprende», Las sillas mágicas

Parte de: http://www.guiainfantil.com/, http://www.todopapas.com/  y http://blog.micumbre.com/

Jamina, la jirafa curiosa (para el respeto)


En la selva de Chin Pum, todo era paz y alegría hasta que llegó Jamina.

Jamina era una jirafa altísima, con el cuello largo y flexible como un bambú, que apareciójirafa1 un día cualquiera para acabar por enfadar a todos, pues era el animal más curioso e indiscreto que nadie había conocido, y gracias a su altura no había guarida o nido de animales que escapase a sus miradas.
Todo lo miraba y todo lo contaba, irritando a cuantos allí vivían, hasta que consiguió poner a todos de acuerdo para darle una lección.

Por aquella época el gran Manuato, el mono más importante, decidió trasladarse a unas antiguas ruinas, y arregló todo aquello para que fuese la casa más acogedora. Jamina no pudo contener su curiosidad, y disimuladamente una noche se acercó a la ventana. Por ella pudo ver al mono el tiempo monojusto para ver cómo salía de la habitación, así que le siguió hasta otra pequeña estancia, pero tampoco llegaba a ver bien, y tuvo que seguirle con la cabeza por uno de los pasillos, y luego otra habitación, y luego otra…. Hasta que Jamina no pudo seguirle más ¡Manuato había dado tantas vueltas, que la jirafa tenía ahora un enorme enredo en su largo cuello!

Entonces todo el resto de animales, conocedores del engaño, aparecieron para hacer ver a la arrepentida jirafa lo irritante de su comportamiento. Y ante la vergüenza que ella misma sintió, decidió que a partir de entonces dedicaría su largo cuello a cosas más útiles que tratar de avergonzar a los demás.

 De: Pedro Pablo Sacristán

El perro del establo (para el respeto)


En un establo cerca de un gran pastizal vivían 30 vanidosas vacas y un pastor alemán. vacas-en-el-establoTodos los días las vacas muy seguras de que eran muy importantes para su dueño mecían sus colas mirándose largos ratos unas a otras antes de hacer caso al perro que animado daba de brincos para llevarlas a pastar.
Luego, sin mucha prisa, salían calmadas como haciendo favores, y pasito a paso iban a comer. El perro brincaba mostrando el camino, corriendo, ladrando, y diciendo a las vacas por donde llegar al gran pastizal:

-«¡Por aquí señoras! ¡Por aquí!» . » ¡Vamos, apúrense que ya es hora de llegar¡».

Ladraba el perrito:

– «¡Señoras en fila para cruzar el riachuelo!».

Las vacas miraban al perro con ojos de burla «Nosotras somos importantes, somos las vacas, damos leche a nuestro amo así que nosotras marcamos el paso, no este perro tonto que esta hecho de saltos, carreras y no da nada al amo».

Todos los días era lo mismo, las vacas miraban al perro desde lo alto, mientras el perro trataba de ordenarlas a su paso entre carreras, ladridos y animados saltos. Una noche, al llegar al establo, el perro agotado se echó al costado y escucho a las vacas burlarse de su trabajo, «Ese perro inútil cree que nos lleva y no sabe que nosotras lo llevamos hasta nuestro pasto ja, ja, ja «. Se reían haciendo escándalo «Quien necesita a ese perro flaco?» Esa noche, el perro se durmió llorando.pastor_aleman

Al amanecer el perro decidió no seguir pastando a aquellas vacas vanidosas y se fue en busca de otros animales más agradecidos que reconocieran su trabajo. Cuando fue la hora de salir al pasto las vacas meneaban sus rabos esperando que llegara el perro flaco brincando y ladrando para salir de nuevo al campo, pero no escucharon ladridos ni vieron saltos. Solo se escuchaba al amo llamando:

– «¡Tarzán!, ¡Tarzán! ¿Donde estas?»

Pasó la mañana y sus grandes estómagos comenzaron a rugir. Las vacas esperaban ya poder salir, pero vieron luego que el amo molesto sólo les traía heno.

– «¡Y que ha pasado de nuestro paseo?», decían las vacas mientras comían rumiando, «¿Es que el perro inútil se olvidó de nosotras que somos importantes, por seguir durmiendo?» y así las vacas pasaron el día burlándose, riéndose y criticando al perro.

Al día siguiente por no salir al campo las vacas vanidosas se estaban aburriendo, pero una vez más no escucharon los ladridos del inútil perro, solo vieron al amo trayéndoles heno;

– «Creo que hoy tampoco al campo saldremos», » Si creo que esos ricos pastos ya deben estar creciendo y nosotras aquí acaloradas nos quedaremos», decían las vacas mientras rumian su heno.

En lo que quedaba de día, las vacas siguieron discutiendo, por quien tenía la culpa de la huída del perro

– «Es que fue tu culpa por no apurarte»,

– «No, fue la tuya por no formar fila»

– » No, fue tuya por mojarte en el arroyuelo cuando veníamos de regreso» …

Se culpaban unas a otras sin encontrar al responsable.

Pasó un día más y las vacas ya cansadas se resignaron a su encierro. A no salir al campo y a mugir su aburrimiento, cuando de pronto una de las vacas dijo con gran suspiro:

– «Extraño al perro»,

– «Sí, yo extraño sus ladridos»,

– » Y yo sus saltos de contento»,

– «Y yo extraño el que nos pasee dando ordenes como de sargento», «.ah pero era bueno el perro, nos sacaba temprano sin importarle el frío, calor o la lluvia de invierno», » Sí, siempre pensó en nosotras y en nuestro alimento, en conseguirnos pasto y del más tierno».

JILGUERO Y en ese tercer día las vacas entristecieron y no dieron leche pues de tristeza casi no comieron.

El jilguero del roble que crecía al costado del establo oyó los lamentos de las vacas tristes y fue a buscar al perro. Voló todo el día buscando y buscando y al final de la tarde lo encontró, echado al costado de un hormiguero con el hocico picado y con cara triste.

– «Al fin te encuentro perro. Te he estado buscando por todo el campo» dijo el jilguero

– «¿Para que me buscabas? Preguntó el perro»,

– «Para que vuelvas al establo» respondió el jilguero.

– «Allí no me necesitan!», respondió el perro. «Esas vacas vanidosas no me quieren ni respetan, y yo no quiero eso, por eso me fui a buscar otros rebaños. Fui donde las abejas, me picaron, y ni caso me hicieron, siguieron volando a las flores que quisieron; fui donde los patos traté de dirigirlos en el agua pero nadar es demasiado cansado para un perro; fui luego donde unos gusanos que encontré en un árbol, pero caminaban muy lento, y por más que yo ladrara, al día siguiente eran mariposas, salieron, volaron, y se fueron muy lejos. Ahora estoy aquí tratando de decirles a estas hormigas donde ir, pero pasaron sin mirarme, les ladre, les brinqué y solo esquivaron mi pata y siguieron adelante».
– «Por eso debes regresar» dijo el jilguero, «las vacas están tristes, ya ni leche pueden dar desde que te fuiste», «ayer las escuché decir que te extrañaban y que si tu regresabas nunca más de ti se burlarían», pastoraleman3

– «¿Eso dijeron?» se alegró el perro, y partió rumbo al establo, ladró y brincó, sin dejar de mover el rabo.

A la mañana siguiente las vacas escucharon los ladridos sonoros, se arreglaron temprano para salir al pasto, y el perro contento las llevó ladrando diciendo:

– «Señoras, buen día, nos vamos al campo», se hicieron amigos y nunca más pelearon. Y el jilguero tranquilo pudo dormir sin burlas, sin culpas ni quejas en el roble al costado del establo.

Educar en valores: la lealtad


 

lealtad

Comencemos por definir qué es lealtad:

Es una virtud que se desarrolla principalmente en nuestra conciencia, el compromiso de defender lo que creemos y en quien creemos, esto supone hacer aquello con lo que una persona se ha comprometido aun cuando las circunstancias cambien, dicho de otra manera, es cumplir con la palabra que ha dado.  Alguien que es leal responde a una obligación que tiene con los demás.lealtad1

Todos tenemos amigos superficiales o conocemos a alguien que trabaja únicamente por le pagan pero una persona que es leal va más allá porque su compromiso es más profundo: está con un amigo en las buenas y en las malas, trabaja no solo porque le pagan, sino también porque adquiere un compromiso con la empresa en la que trabaja e incluso con la sociedad.

No hay que decir que la lealtad es esencial en la amistad y que es obvio que se relaciona estrechamente con otros valores como son el respeto, la responsabilidad, la sinceridadla dignidad y la honestidad entre otros.

No se puede justificar, el ser leal solamente con uno mismo y creerse con el derecho de criticar o menospreciar a los demás y exigir a los que nos rodean, que sean leales. Esta virtud y valor humano, debe vivirse y practicarse primeramente, con uno mismo antes que nadie. No se puede ser leal con el prójimo, si antes no se ha practicado con uno mismo.

Eso sí, es muy difícil de ganar, muy fácil de perder y casi imposible de recuperar. Lo contrario a la lealtad es el engaño, la traición, no se es leal, independientemente de las disculpas que se tengan, si no se dice la verdad o se dicen medias verdades, o lo que al líder agrada, o lo que éste desea oír, o si se esconden  expresamente situaciones y hechos reales.

Con la pérdida de la lealtad, las personas se quedan solas y sin amigos, ni familiares, como los traidores que han sido descubiertos.

Cómo enseñar la lealtad a nuestros hijo/as:gato-con-botas-poster

  • Demostrando comprensión cuando alguien de la familia, escuela o trabajo, reconoce sus propias culpas para no incrimina a los demás.
  • Demostrando confianza a nuestros hijo/as, familiares, amigos y compañeros para que consulten sus dudas, sin temor a represalias. 
  • Demostrando el cumplimiento de los acuerdos tácitos o explícitos en la familia, trabajo, estudios o sociedad.
  •  Enseñando de forma práctica a los hijos que se puede confiar en ellos y pueden ser confidentes y colaboradores.
  • Demostrando lealtad a los principios religiosos, sociales y económicos.
  • Demostrando lealtad entre los esposos y con los hijo/as, familiares y amigos.
  • Demostrando lealtad y voluntarismo, para ayudar en las tareas de la casa, aportando cada uno sus máximas posibilidades, incluso antes de que los demás lo necesiten.
  • Demostrando que cuando alguien ha dado algo bueno, la familia le debe mucho más que agradecimiento.
  • Enseñar que se defiende lo que se cree y en quien se cree.
  • Demostrando que se puede ser leal, aunque se denuncie lo que está mal, a pesar de poder perder un amigo.

Podemos leerles el cuento de “El gato con botas” de Charles Perrault , “El zorro y el caballo” de los hermanos Grimm, algunas fábulas como “Los dos amigos y el oso” de Samaniego etc.

Educar en valores: la igualdad de género


igualdad 1Cuántas veces hemos oído o incluso dicho estas frases:

“Se oyen gritos en el parque: un niño y una niña se han caído de una rueda que iba toda velocidad. Felizmente, ninguno ha resultado herido, pero se han hecho daño al caer al suelo. El padre de la niña corre a levantarla, la consuela y saca unos pañuelos de papel para limpiarle las lágrimas. El padre del chico lo coge en sus brazos, le hace una carantoña, lo abraza y le dice: ¡vamos, no llores como una niña, que tú eres un chico!

Carmen quiere hacer boxeo tailandés: su madre le dice que eso es cosa de chicos. Pedro baila claqué, ¡le encanta! sus amigos le dice que una nenaza, que la danza es cosa de chicas. María está en un equipo de fútbol femenino, juega muy bien y mete muchos goles, Sus amigos dice que es un verdadero chicazo. A David le encanta peinar a las muñecas de su hermana: a su padre no le gusta demasiado, y David se ha dado cuenta de que cada vez que lo hace, su padre le propone jugar al scalextric para que deje de jugar a las muñecas… “

(“Los chicos y las chicas” – Brigitte Labbé – Michel Puech)

Como venimos viendo a lo largo del blog, uno de los objetivos de la educación es enseñar a nuestros hijos a comportarse igualdad3según los valores y pautas socioculturales existentes, es la base para inculcar cualquier conducta o hábito. También hemos visto que para ello, el principal papel lo desempeña la familia y se continúa en la escuela. Hoy día resulta difícil mostrar a los más pequeños el gran problema de la desigualdad entre hombres y mujeres y tratar de inculcar valores que trasmitan que todas las personas tienen los mismos derechos, pero para erradicar la violencia de género es imprescindible comenzar por educar a los niños desde pequeños en el respeto hacia los demás.

En la familia es el primer lugar donde se perpetúan los roles que la sociedad ha establecido para hombres y mujeres. Numerosos estudios nos demuestran las diferentes actitudes, comportamientos, actitudes etc. que tienen con sus hijos o hijas según su sexo: a las niñas se les potencia la sensibilidad, el miedo, la obediencia, la dependencia, la afectividad. A los niños la agresividad, la competitividad, la independencia…

Incluso en la escuela algunos educadores y educadoras no se comportan igual con chicos y chicas. Desde la infancia ellos y ellas también han recibido mensajes sexistas en todos los ámbitos de la vida, y por tanto, transmiten inconscientemente lo que han aprendido.Igualdad II

A veces, los juicios de valor y el discurso del profesorado están mediatizados por los estereotipos tradicionales; pueden ser propensos a detectar aquello que están esperando encontrar, por ejemplo pueden tender a creer que las niñas son más constantes y menos intuitivas que los niños, más ordenadas, más trabajadoras, más responsables, más maduras …

¿Cómo podemos empezar?:

  • Desmontando las “etiquetas” destructivas y sexistas como: “Cada día lo haces peor”, “todos son iguales”, “mujer tenía que ser”, “me avergüenzo de ti”, “eres un desastre”, etc. Este leguaje negativo provoca verdaderos estragos en la formación de una persona bloqueando su seguridad, aumentando la culpabilidad y destruyendo su autoestima.
  • Estando atentos a reforzar y alentar todo aquello positivo de nuestros hijos.
  • Nadie puede educar si no se acepta y estima a sí mismo, porque mal puede valorar y aceptar a los demás quien no se quiere y valora a sí mismo.
  • Tratando a cada hijo o hija como persona distinta, diferente, independiente y libre. Hay que aceptar su individualidad, que es sagrada y permitirle ser él o ella mismo/a, dejarle seguir su camino y su vocación.
  • Debemos reflexionar sobre los efectos que producen las respuestas de nuestros hijos en nuestras propias conductas y actitudes negativas como los insultos o las formas violentas, contribuyendo de esa manera a evitar situaciones educativas lamentables y así enmendar nuestras acciones. Hasta los seis o siete años de edad los niños poseen una moral denominada «heterónoma», es decir, que su motivación para hacer las cosas de una manera u otra es responder como papá y mamá desearían: lo que dicen los padres son «verdades absolutas». Conforme se hacen mayores van comprendiendo mejor por qué es importante actuar de cierta forma y no de otras, pero siguen guiándose por lo que ven en casa, especialmente hasta los doce años. De ahí la tremenda importancia de educar a los niños a través del ejemplo para desarrollar una educación cívica, así que como siempre, hay que  predicar con el ejemplo.cartel_juguetes no sexistas copy
  • Los estereotipos donde más se fomentan es en el hogar. ¿Habéis pensado alguna vez cosas como quién guisa en casa?, ¿quién cambia las bombillas?, etc. Debemos tratar de compartir los distintos papeles.
  • La educación es amor, ciencia, arte, respeto, espontaneidad, tolerancia, creatividad, ternura, paciencia, etc…
  • Educar es actuar siempre desde la madurez, desde la coherencia interna, desde la propia verdad y realidad de que somos humanos y estamos en constante aprendizaje – tú aprendes de mí, yo aprendo de ti- ofreciendo lo mejor de nosotros sin prepotencias ni alardeos, desde el respeto y la humildad.
  • Si nos dirigimos a nuestros hijos de manera suave y respetuosa, pidiendo por favor y dando las gracias, que sin gritar,  pegar, ni castigar de forma desproporcionada, si ponemos límites estrictos a las conductas agresivas y valoramos y respetamos sus propuestas y pensamientos, tenemos muchas posibilidades de que nuestros hijos crezcan pacíficos, valorando la paz y ayudando en este difícil camino que es la construcción de la no-violencia.

No debemos:

  1. Aplicar parámetros distintos según el sexo de nuestro hijo o hija.
  2. Dejar perdidos a nuestros hijos sin unas normas precisas y claras para que les guíen y les proporcionen seguridad.
  3. Ejercer la educación por la fuerza y a nuestro antojo de forma autoritaria o caprichosa.

muestraPortadaExisten juegos, libros o documentos audiovisuales que pueden ayudarnos enseñar de forma sencilla y entretenida a los más jóvenes estos valores tan necesarios para conseguir un mundo completamente igualitario.

Ilustra esta entrada el cuento de los Hermanos Grimm “La Casita de Chocolate”, que aparte de servir para ayudarnos a enseñarles a afrontar las dificultades también sirve para la igualdad y la solidaridad.

El libro del que he copiado el párrafo del principio, pertenece a la serie “Piruletas de Filosofía” de Ediciones SM, y está indicado para niños y niñas a partir de 8 años.

También para esta edad pueden leer » Caballero o caballera lo sabrás a la primera» de Enrique Lluch y Girbés en la Colección Tucán y que nos sirve para aprendan sobre la tolerancia, la solidaridad, igualdad de oportunidades entre sexos, familia, respeto a los mayores, tradiciones y culturas.

«Oliver Button es una nena» de Tomie de Paola de Editorial Susaeta, en el que Oliver es un niño entre ocho y diez años al que no le gusta jugar a lo que se supone que tienen que jugar los niños. Prefiere otras actividades que, aunque la mayoría no se consideran exclusivamente femeninas, al no ser “las típicas masculinas” tanto los compañeros del colegio como sus padres le consideran un bicho raro.

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