Archivador / organizador


Ahora que empieza el cole, es muy fácil hacer unos archivadores u organizadores a tu gusto reciclando las cajas de los cereales que tomas, para usar durante todo el curso, solo necesitas:

  • Cajas de cereales
  • Cinta Washi (cinta adhesiva de colores) o papel de colores y cinta adhesiva transparente
  • Lápiz
  • Regla
  • Tijeras

Pincha sobre la foto para ver cómo se hace:

archivador-organizador

 

La tierra está alegre


Hoy la tierra está contenta

¿Por qué será?

Únicamente todos la cuidamos

Y la mantenemos limpia

Como siempre debe estar

La tierra nos agradece la forma

En que la cuidamos

Y porque ahora sabemos

Que es la única que nos da un lugar

Para vivir juntos y en paz.

La magia de reciclar


Érase una vez y mentira no es, que había una ciudad llamada Ciudad Tirona. Era un lugar donde la gente no sabía que hacer con la basura y la tiraba a la calle.
Pronto todo quedó cubierto por la basura y los barrenderos/as no podían recoger tanta basura y mantenerlo todo limpio. Ya no había espacios para jugar, todo olía mal, los pajarillos no visitaban la ciudad y la gente empezaba a ponerse triste y a enfermar.
Esta situación no gustaba a los protagonistas de este cuento: Ana, Kamel y Juan. Hablaron y hablaron y ninguna solución hallaron. Nadie les había enseñado como solucionar el problema. Entonces, un pajarillo que los escuchó, esto les contó:
– “No os preocupéis, ya que fácil lo tenéis, esperad un poco y ayuda tendréis”.
Muy contentos se pusieron y, de pronto, una música singular pudieron escuchar:
– “Si quieres ayudar aprende a reciclar, clar, clar, aprende a reciclar”.
Ana, Kamel y Juan se quedaron muy asombrados:
– ¡Oh! ¿Quién cantara?
A lo lejos vieron como se les acercaba un viejo mago con una varita mágica. El mago se acercó y se presentó:
– Soy el Mago Reciclar y ya sé lo que os pasa. Un pajarillo me lo ha contado. Os enseñaré la magia de reciclar.
El Mago Reciclar levantó su varita y con unos movimientos secretos este conjuro empezó a lanzar:
– “Pin, catapí, la comida la meto aquí.”
Y entonces, por arte de magia, un gran contenedor gris apareció. A continuación, otro hechizo lanzó:
– “Pin, catapí, el papel lo guardo aquí”.
Surgió, ahora, un contenedor grande de color azul. Y siguió lanzando otro conjuro:
– “Pin, catapí, el vidrio lo echo aquí”.
Brotó un nuevo contenedor, de color verde, que servía para guardar el cristal.
Los niños estaban boquiabiertos, pero la magia de Reciclar aún no había acabado:
– ·Pin, catapí, los envases los deposito aquí”.
Y al lado de los tres contenedores apareció el último, de color amarillo, que servía para guardar los envases ligeros.


Todos se quedaron asombrados. ¡Qué poderoso era ese mago! Había creado cuatro contenedores con su magia. Uno gris para los restos de comida otro de color azul para el papel, otro verde para el cristal y el cuarto y último de color amarillo para los envases ligeros (de plástico, metal y cartón).
Antes de marcharse, el Mago Reciclar lanzó un grandioso conjuro a toda la ciudad:
– “Plis, plas, cataplás, la magia de reciclar aprenderás”.
Al poco tiempo, todos los habitantes de Ciudad Tirona empezaron a dejar sus basuras en cada uno de sus contenedores. Los restos de comida en el contenedor gris, los papeles y periódicos viejos en el contenedor azul, las botellas de cristal que no servían en el contenedor verde y los envases ligeros en el amarillo.
Mientras llevaban la basura esta canción se ponían a cantar:

“Si quieres ayudar
aprende a reciclar, clar, clar,
aprende a reciclar.
Tu amiga naturaleza
enferma está,
cuídala con esmero
pues todos la queremos.
Si quieres ayudar
aprende a reciclar, clar, clar,
aprende a reciclar”.

Al cabo del tiempo, todo limpio quedó y pronto el nombre de la ciudad cambió, paso a llamarse Ciudad Reciclona y colorín colorado este cuento se ha acabado colorín colorete este cuento se ha acábate y colorín pin pin este cuento llego a su fin.

Educar en valores: cuidar el medio ambiente


En los tiempos que corren, me parece primordial que dediquemos tiempo a enseñar a nuestros hijos a cuidar el medio ambiente, es decir, a valorar y respetar la naturaleza. Normalmente empiezan a aprenderlo desde pequeñitos en el colegio pero es imprescindible apoyar esta enseñanza en casa, en familia.

La educación ambiental va dirigida a formar valores, actitudes y conductas a favor del medio ambiente, por lo que es preciso transformar esas actitudes, conductas y comportamientos humanos así como adquirir nuevos conocimientos.

Para conseguir este amor por la naturaleza la mejor forma es planificar actividades con el objetivo de enseñarlos a amar el medio ambiente, facilitar su contacto con el campo, playa, montañas, ríos, y todo lo que engloba la naturaleza, y darles la posibilidad de observar, preguntar, y expresar sus ideas en cuanto al tema.

¿Cómo enseñarles?:

  • Debemos intentar tener contacto con la naturaleza siempre que sea posible: en los paseos por el campo o por la playa.
  • Plantando árboles y semillas en macetas.
  • Buscando y dibujando insectos, sus formas, sus colores.
  • Responsabilizándolos del cuidado de una mascota, gusanos de seda, etc.
  • Respetando a los animales, los ríos, a las plantas y sus flores.
  • Visitando a algún jardín botánico.
  • No arrojar basura en la calle, en el campo, ni en los ríos y mar.
  • Enseñándoles a ahorrar agua y luz.
  • Enseñándoles a reciclar.
  • Y sobre todo darles nuestro ejemplo.
    El reciclaje merece una entrada específica aparte.

No es oro todo lo que reluce


Antes, para ser rico de la noche a la mañana, se buscaban tesoros en islas desiertas. Hoy, hay que acertar los números de la lotería. En Moscú vivía Fédor Budonov, un viejo rico que diariamente contaba sus monedas de oro. Mientras, su criado Boris tuvo que conformarse con escuchar el tintineo y obedecer a su señor. tio-gilito

Cierto día, Budonov oyó hablar de una isla donde había una inmensa montaña de oro, y como nunca tenía bastante, se embarcó con su criado hasta dicho lugar. Al ver la montaña, a Budonov le brillaron los ojos, de tal forma que… Entonces sacó una extraña botellita e hizo que Boris se la bebiera. A los pocos minutos, el muchacho cayó dormido. El viejo le metió en una piel de vaca y llamó a varios cuervos para que lo subieran hasta la cima del oro.

Cuando Boris despertó vio que no podía bajar de allí y no tuvo más remedio que obedecer a su avaricioso amo: cavó noche y día para arrancar las pepitas, que el viejo guardaba en cofres. No hubo descanso para Boris, hasta que una noche la montaña se 7300Enu convirtió en un volcán: de un rugido lanzó al joven por los aires, y después de varias piruetas cayó a salvo en la playa. Pero no corrió la misma suerte su amo, quien quedó petrificado por la lava, igual que su dorada montaña. Afortunadamente,  Boris huyó con el botín.

La riqueza puede esclavizar tanto como la pobreza. Así es que será mejor que busquemos alternativas que nos conduzcan a la libertad.

(Cuento tradicional ruso)