Los tres monos sabios


La leyenda de los 3 monos sabios tiene su curioso origen en la mitología china, y es aquí donde se explica una historia protagonizada por tres llamativos personajes: Kikazaru, el mono que no oye , Iwazaru, el mono que no habla y Mizaru, el mono que no ve.

Estas tres singulares criaturas fueron enviadas por los dioses como observadores y como mensajeros. Debían tomar testimonio de los actos y las malas acciones de la humanidad para más tarde, ponerlas en conocimiento de las propias deidades. Ahora bien, estos mensajeros divinos actuaron según un conjuro mágico por el que les eran otorgadas dos virtudes y un defecto, siendo representados por el siguiente orden:

  • Kikazaru, el mono sordo, es quien observaba a todo el que cometía malas acciones. Más tarde, se las comunicaba al mono ciego mediante la voz.
  • Por su parte, Mizaru, el mono ciego, es quien trasmite los mensajes del mono sordo al mono que es mudo, a Iwazaru.
  • Iwazaru, por tanto es quien recibía los mensajes del mono ciego y quien a su vez velaba por el cumplimiento de la pena impuesta por los dioses hacia los humanos, puesto que era él quien decidía el castigo que estos debían recibir.

Lo que se desprende de esta historia es ante todo la necesidad de mantenernos siempre limpios de espíritu, evitando escuchar aquello que nos obligue a actuar de mala manera, a evitar hablar sin tener fundamento y a no ver las malas acciones como algo natural.

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Jamina, la jirafa curiosa (para el respeto)


En la selva de Chin Pum, todo era paz y alegría hasta que llegó Jamina.

Jamina era una jirafa altísima, con el cuello largo y flexible como un bambú, que apareciójirafa1 un día cualquiera para acabar por enfadar a todos, pues era el animal más curioso e indiscreto que nadie había conocido, y gracias a su altura no había guarida o nido de animales que escapase a sus miradas.
Todo lo miraba y todo lo contaba, irritando a cuantos allí vivían, hasta que consiguió poner a todos de acuerdo para darle una lección.

Por aquella época el gran Manuato, el mono más importante, decidió trasladarse a unas antiguas ruinas, y arregló todo aquello para que fuese la casa más acogedora. Jamina no pudo contener su curiosidad, y disimuladamente una noche se acercó a la ventana. Por ella pudo ver al mono el tiempo monojusto para ver cómo salía de la habitación, así que le siguió hasta otra pequeña estancia, pero tampoco llegaba a ver bien, y tuvo que seguirle con la cabeza por uno de los pasillos, y luego otra habitación, y luego otra…. Hasta que Jamina no pudo seguirle más ¡Manuato había dado tantas vueltas, que la jirafa tenía ahora un enorme enredo en su largo cuello!

Entonces todo el resto de animales, conocedores del engaño, aparecieron para hacer ver a la arrepentida jirafa lo irritante de su comportamiento. Y ante la vergüenza que ella misma sintió, decidió que a partir de entonces dedicaría su largo cuello a cosas más útiles que tratar de avergonzar a los demás.

 De: Pedro Pablo Sacristán

El verano de Perico – Carmen Gil


Ya llega el verano.

Desde muy temprano,

el mono Pericopai_pai_stilo

saca su abanico.

*

Como mariposa,

mueve el paipay rosa

con gran desparpajo

arriba y abajo.

*

Si tiene calor,

coge el bañador

y va a la piscina

¡Vaya tremolina!

*

¡Caray, cuánta gente!

Perico, sonriente,

dice en un segundo

hola a todo el mundo.

*cangrejo

Durante un buen rato

nada como un pato.

Bucea un montón

igual que un salmón.

*

Una y otra vez

salta el mono-pez

desde el trampolín:

¡parece un delfín!

*

Perico un buen día

se sube al tranvía

con gorra y toalla

y llega a la playa.

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Se queda perplejo

al ver un cangrejo.

¿Será complicado

caminar de lado?

*

Abre su sombrilla.

Anda hasta la orilla

y una enorme ola

le moja la cola.

*

El mar viene y va,

y Perico está

seco de chiripa.

¡Se lo pasa pipa!

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Por fin, ¡qué proeza!,

entra de cabeza.

Chapotea el mico

más de una hora y pico.

*

En el bar de al lado

se toma un helado

Tiene cucurucho

y le gusta mucho.

*

El sol ya se esconde.

¿Alguien sabe dónde?

Sobre la laguna

se asoma la luna.

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Perico en pijama

se mete en la cama.

El mono pequeño

tiene mucho sueño.

*

Un grillo que pasa

se acerca a su casa.

Desde la ventana

le canta una nana.

Los doce signos del horóscopo oriental


HORSCO~1

Hace mucho, mucho tiempo, había un dios que vivía en el fondo de una montaña. El dios quería hacer una fiesta y decidió enviar una carta a todos los animales del país para invitarles.
La carta decía:

«He decidido hacer una fiesta el primero de enero y me gustaría que vinierais. Para que sea más divertido haremos una carrera. Según el orden en el que lleguéis, Persianestableceré la jerarquía de todos los animales y a cada uno le corresponderá un año.»

A los animales les pareció muy buena idea y todos querían ser los primeros para ser el jefe. Pero a uno de los animales, el gato, le dio pereza leer la carta y decidió preguntarle a la rata.
La rata, que era muy traviesa, le contestó:

– El dios que vive en la montaña nos invita a una fiesta y hará una carrera para decidir nuestra jerarquía -Pero entonces le mintió añadiendo- tenemos que llegar el 2 de enero.

El gato, que no sospechó que la rata le había dicho una fecha equivocada, le dio las gracias y se fue.
La noche del 31 de diciembre los animales decidieron irse a dormir temprano para poder levantarse pronto y ser los primeros. Solo el toro dijo: rata pokemon

– «Yo ya saldré ahora porqué soy muy lento caminando».

La rata, que lo oyó, decidió aprovecharse y subió a su lomo exclamando:

– «¡Qué bien se está aquí!». 

El toro, que no se percató de nada, siguió caminando.
Al día siguiente por la mañana, todos los animales menos el gato salieron corriendo hacia la casa del dios. Cuando el día ya despuntaba el toro fue el primero en aparecer en el lugar fijado. Pero el primero en llegar no fue el toro. ¡Fue la rata! El pequeño animal saltó desde el lomo del toro y fue corriendo hasta donde estaba el dios a quien saludó con un «¡feliz año nuevo!». El toro se sintió humillado y llegó el segundo.

Los otros animales llegaron después. El tercero fue el tigre, el cuarto la liebre y el quinto el dragón. Les siguieron la serpiente, el caballo, la oveja, el mono, el gallo, el perro y, por último, el cerdo. El dios les dio la bienvenida a todos y empezaron la fiesta, que duró todo el día.

El gato llegó cuando la fiesta ya se había acabado. Cuando vio que todo el mundo ya se marchaba se enfadó mucho y gritó a la rata:

– «¡Me has engañado!».

La rata tuvo miedo y se puso a correr, mientras el gato la perseguía.

Y es por culpa del engaño de la rata, que el gato no forma parte de los animales del horóscopo chino. Por eso, desde entonces, los gatos persiguen a las ratas.

Cuento popular japonés

La mochila – La Fontaine


Cuentan que Júpiter, antiguo dios de los romanos, convocó un día a todos los animales de la tierra.zeus pintura

Cuando se presentaron les preguntó, uno por uno, si creían tener algún defecto. De ser así, él prometía mejorarlos hasta dejarlos satisfechos.

-¿Qué dices tú, la mona? -preguntó.
-¿Me habla a mí? -saltó la mona-. ¿Yo, defectos? Me miré en el espejo y me vi espléndida. En cambio el oso, ¿se fijó? ¡No tiene cintura!

-Que hable el oso -pidió Júpiter.
-Aquí estoy -dijo el oso- con este cuerpo perfecto que me dio la naturaleza. ¡Suerte no ser una mole como el elefante!

-Que se presente el elefante…
-Francamente, señor -dijo aquél-, no tengo de qué quejarme, aunque no todos puedan decir lo mismo. Ahí lo tiene al avestruz, con esas orejitas ridículas…

-Que pase el avestruz.
-Por mí no se moleste -dijo el ave-. ¡Soy tan proporcionado! En cambio la jirafa, con ese cuello…

Júpiter hizo pasar a la jirafa quien, a su vez, dijo que los dioses habían sido generosos con ella.
12 animales del zodiaco -Gracias a mi altura veo los paisajes de la tierra y el cielo, no como la tortuga que sólo ve los cascotes.

La tortuga, por su parte, dijo tener un físico excepcional.
-Mi caparazón es un refugio ideal. Cuando pienso en la víbora, que tiene que vivir a la intemperie…

-Que pase la víbora -dijo Júpiter algo fatigado.
Llegó arrastrándose y habló con lengua viperina:
-Por suerte soy lisita, no como el sapo que está lleno de verrugas.

-¡Basta! -exclamó Júpiter-. Sólo falta que un animal ciego como el topo critique los ojos del águila.

-Precisamente -empezó el topo-, quería decir dos palabras: el águila tiene buena vista pero, ¿no es horrible su cogote pelado?

-¡Esto es el colmo! -dijo Júpiter, dando por terminada la reunión-. Todos se creen perfectos y piensan que los que deben cambiar son los otros.

Suele ocurrir.

Sólo tenemos ojos para los defectos ajenos y llevamos los propios bien ocultos, en una mochila, a la espalda o, aludiendo al refranero: «vemos la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio»

El oso, la mona y el cerdo – Iriarte


Nunca una obra se acredita tanto de mala como cuando la aplauden los necios.


Un oso, con que la vida oso

ganaba un piamontés,

la no muy bien aprendida

danza ensayaba en dos pies.

Queriendo hacer de persona,

dijo a una mona: «¿Qué tal?»

Era perita la mona,

y respondió le: «Muy mal».

«Yo creo -replicó el oso-

que me haces poco favor.

Pues ¿qué?, ¿mi aire no es garboso?

¿No hago el paso con primor?»

Estaba el cerdo presente,  monkey1

y dijo: «¡Bravo! ¡Bien va!

Bailarín más excelente

no se ha visto ni verá».

Echó el oso, al oír esto,

sus cuentas allá entre sí,

y con ademán modesto,

hubo de exclamar así: cerdo

«Cuando me desaprobaba

la mona, llegué a dudar;

mas ya que el cerdo me alaba,

muy mal debo de bailar».

Guarde para su regalo

esta sentencia un autor:

si el sabio no aprueba, ¡malo!

si el necio aplaude, ¡peor!