La tierra está alegre


Hoy la tierra está contenta

¿Por qué será?

Únicamente todos la cuidamos

Y la mantenemos limpia

Como siempre debe estar

La tierra nos agradece la forma

En que la cuidamos

Y porque ahora sabemos

Que es la única que nos da un lugar

Para vivir juntos y en paz.

La magia de reciclar


Érase una vez y mentira no es, que había una ciudad llamada Ciudad Tirona. Era un lugar donde la gente no sabía que hacer con la basura y la tiraba a la calle.
Pronto todo quedó cubierto por la basura y los barrenderos/as no podían recoger tanta basura y mantenerlo todo limpio. Ya no había espacios para jugar, todo olía mal, los pajarillos no visitaban la ciudad y la gente empezaba a ponerse triste y a enfermar.
Esta situación no gustaba a los protagonistas de este cuento: Ana, Kamel y Juan. Hablaron y hablaron y ninguna solución hallaron. Nadie les había enseñado como solucionar el problema. Entonces, un pajarillo que los escuchó, esto les contó:
– “No os preocupéis, ya que fácil lo tenéis, esperad un poco y ayuda tendréis”.
Muy contentos se pusieron y, de pronto, una música singular pudieron escuchar:
– “Si quieres ayudar aprende a reciclar, clar, clar, aprende a reciclar”.
Ana, Kamel y Juan se quedaron muy asombrados:
– ¡Oh! ¿Quién cantara?
A lo lejos vieron como se les acercaba un viejo mago con una varita mágica. El mago se acercó y se presentó:
– Soy el Mago Reciclar y ya sé lo que os pasa. Un pajarillo me lo ha contado. Os enseñaré la magia de reciclar.
El Mago Reciclar levantó su varita y con unos movimientos secretos este conjuro empezó a lanzar:
– “Pin, catapí, la comida la meto aquí.”
Y entonces, por arte de magia, un gran contenedor gris apareció. A continuación, otro hechizo lanzó:
– “Pin, catapí, el papel lo guardo aquí”.
Surgió, ahora, un contenedor grande de color azul. Y siguió lanzando otro conjuro:
– “Pin, catapí, el vidrio lo echo aquí”.
Brotó un nuevo contenedor, de color verde, que servía para guardar el cristal.
Los niños estaban boquiabiertos, pero la magia de Reciclar aún no había acabado:
– ·Pin, catapí, los envases los deposito aquí”.
Y al lado de los tres contenedores apareció el último, de color amarillo, que servía para guardar los envases ligeros.


Todos se quedaron asombrados. ¡Qué poderoso era ese mago! Había creado cuatro contenedores con su magia. Uno gris para los restos de comida otro de color azul para el papel, otro verde para el cristal y el cuarto y último de color amarillo para los envases ligeros (de plástico, metal y cartón).
Antes de marcharse, el Mago Reciclar lanzó un grandioso conjuro a toda la ciudad:
– “Plis, plas, cataplás, la magia de reciclar aprenderás”.
Al poco tiempo, todos los habitantes de Ciudad Tirona empezaron a dejar sus basuras en cada uno de sus contenedores. Los restos de comida en el contenedor gris, los papeles y periódicos viejos en el contenedor azul, las botellas de cristal que no servían en el contenedor verde y los envases ligeros en el amarillo.
Mientras llevaban la basura esta canción se ponían a cantar:

“Si quieres ayudar
aprende a reciclar, clar, clar,
aprende a reciclar.
Tu amiga naturaleza
enferma está,
cuídala con esmero
pues todos la queremos.
Si quieres ayudar
aprende a reciclar, clar, clar,
aprende a reciclar”.

Al cabo del tiempo, todo limpio quedó y pronto el nombre de la ciudad cambió, paso a llamarse Ciudad Reciclona y colorín colorado este cuento se ha acabado colorín colorete este cuento se ha acábate y colorín pin pin este cuento llego a su fin.

Adivinanza de la semana (74)


Refrán para hoy (40)


 

A un olmo seco – Antonio Machado


Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.

¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.

No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.

Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.

Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas en alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.

Los tres secretos del medio ambiente


Benoît Coppée es autor de una serie de libros en los que Tom y la raposa Lila son amigos. Juntos corren diversas aventuras en las que Tom aprende a respetar y proteger el medio ambiente.

En concreto en «Los tres secretos del medio ambiente» se explican los peligros que representan la contaminación ambiental, el agotamiento de la capa de ozono y el cambio climático. Los niños toman conciencia del daño irreversible que se causa al medio ambiente cuando no lo respetamos.

Os cuelgo el cuento para que podáis leerlo:

Educar en valores: cuidar el medio ambiente


En los tiempos que corren, me parece primordial que dediquemos tiempo a enseñar a nuestros hijos a cuidar el medio ambiente, es decir, a valorar y respetar la naturaleza. Normalmente empiezan a aprenderlo desde pequeñitos en el colegio pero es imprescindible apoyar esta enseñanza en casa, en familia.

La educación ambiental va dirigida a formar valores, actitudes y conductas a favor del medio ambiente, por lo que es preciso transformar esas actitudes, conductas y comportamientos humanos así como adquirir nuevos conocimientos.

Para conseguir este amor por la naturaleza la mejor forma es planificar actividades con el objetivo de enseñarlos a amar el medio ambiente, facilitar su contacto con el campo, playa, montañas, ríos, y todo lo que engloba la naturaleza, y darles la posibilidad de observar, preguntar, y expresar sus ideas en cuanto al tema.

¿Cómo enseñarles?:

  • Debemos intentar tener contacto con la naturaleza siempre que sea posible: en los paseos por el campo o por la playa.
  • Plantando árboles y semillas en macetas.
  • Buscando y dibujando insectos, sus formas, sus colores.
  • Responsabilizándolos del cuidado de una mascota, gusanos de seda, etc.
  • Respetando a los animales, los ríos, a las plantas y sus flores.
  • Visitando a algún jardín botánico.
  • No arrojar basura en la calle, en el campo, ni en los ríos y mar.
  • Enseñándoles a ahorrar agua y luz.
  • Enseñándoles a reciclar.
  • Y sobre todo darles nuestro ejemplo.
    El reciclaje merece una entrada específica aparte.