Verdad y Falsedad (para la honestidad)


Hace mucho tiempo en Filipinas, en un día tranquilo y soleado, el señor Verdad partió de su pueblo a la ciudad para encontrar trabajo. Verdad salió con su caballo y sin muchojoven con caballo equipaje, por lo que viajaba muy rápido. Pero, de pronto, por el camino se encontró con el señor Falsedad, que, casualmente, también iba a la ciudad en busca de trabajo.

– ¡Oh, Verdad!, mi viaje es tan duro sin caballo y llevando a mi espalda el equipaje… ¿Serías tan amable de dejar que fuera contigo y compartir caballo?

Cómo Verdad era tan buen hombre, le dijo que sí sin pensarlo dos veces. Y los dos juntos prosiguieron el camino a la ciudad. Durante el viaje los dos hombres hablaron muy animados sobre qué tipo de trabajo querían encontrar en la ciudad:

– Yo quiero ser secretario, así siempre podré ir bien limpio y vestido –dijo Verdad.
– Pues yo cocinero, para estar siempre rodeado de comida que poder devorar –respondió Falsedad.
Y así, charlando, siguieron caminando.

De repente, se cruzaron con un hombre que cargaba con un pobre cuerpo sin vida al cementerio. El hombre no tenía ayuda y Verdad bajó del caballo y lo ayudó. Una vez enterrado el cuerpo, Verdad preguntó:

– ¿Has rezado ya para que el alma de este pobre hombre pueda descansar?
– No –le contestó el hombre-, yo no sé rezar y no tengo dinero para que un sacerdote lo haga.

Entonces Verdad, muy honradamente, le dio al hombre todo el dinero que tenía para que pudiera pagar al sacerdote y comprar las velas y darle, así, el descanso eterno al pobre hombre muerto.

Y así, sin dinero, prosiguieron su viaje.

de pescaCuando llegó la hora de cenar, Falsedad se enfadó mucho con Verdad por haber dado todo su dinero. Así que, como no podían comprar la cena, decidieron acercarse al río a pescar. Cuando llegaron, vieron que unos peces se habían quedado atrapados en un pequeño charco. Falsedad cogió peces y peces, pero Verdad sintió mucha lástima por los pobres animales y sólo cogió los necesarios para alimentarse, devolviendo el resto al río. Fue entonces cuando Falsedad murmuró:

– Si los ibas a malgastar, hubiera sido mejor que los cogiera yo todos y haberte dejado sin ninguno.

Verdad, con toda su bondad, no respondió a tales palabras y decidió ponerse al descansar.
Y así, a la mañana siguiente, reanudaron su camino.

Mientras cruzaban el bosque escucharon cerca de ellos un sonido horrible. Verdad decidió ir a ver qué ocurría, pero Falsedad, temblando de miedo, se quedó escondido detrás de una piedra en el camino. Cuando Verdad llegó al origen de ese ruido, descubrió que se trataban de pequeñas águilas en un nido bien alto. Estaban llorando porque tenían hambre, pero no se veía a la madre por ningún sitio. Entonces sintió mucha pena por los pobres animales hambrientos, decidió sacrificar a su viejo y cansado caballo para poder alimentarlos y esparcir el resto de la carne por alrededor del árbol para que la madre encontrara el camino de vuelta. Falsedad odió a Verdad porque ahora debía caminar.

Y así, con Falsedad enfadado, prosiguieron su camino hasta la ciudad.

Una vez allí, se presentaron frente al rey, pidiendo que los tomara a su servicio, a unoaguiluchos como secretario y al otro como cocinero. ¡Qué alegría cuando les dijo que sí! Pero entonces, Falsedad empezó a sentir envidia de su compañero, porque éste siempre se sentaba con el Rey a comer y siempre iba limpio y bien vestido, mientras él estaba sucio y tenía que comer en la cocina. Entonces se puso furioso y decidió hacer algo para perjudicar a su amigo.

Un día, en el que los reyes habían salido a navegar por el mar, cuando estaban bien lejos de tierra, la reina perdió su anillo por la borda. Cuando Falsedad se enteró, fue a hablar con el rey:

– Mi rey, un amigo, que es su secretario, dice que tiene poderes mágicos y que puede encontrar el anillo de la reina. Dice que haría una apuesta con vos, que si no encuentra el anillo, lo mandéis colgar.

El rey, sorprendido por esas palabras, mandó llamar a Verdad:

– Encontrad el anillo de la Reina esta misma tarde o haré que os cuelguen al amanecer.

Verdad, aterrorizado por esas palabras, bajó hasta la playa y allí se sentó a observar el océano. Pero se dio cuenta que era imposible recuperar el anillo y empezó a llorar. Entonces un pez se le acercó y le preguntó:

– ¿Por qué lloras?
– Lloro porque el Rey me colgará al amanecer si no encuentro el anillo que la Reina perdió en el mar.

Y el pez se fue pero, al poco rato, volvió con el anillo en su boca.

– Yo soy uno de los peces que salvaste aquél día en el río. Como tú me ayudaste, ahora te ayudo yo a ti.

Y así Verdad se salvó y la reina recuperó su anillo.

Pero Falsedad otro día le dijo al rey:

– Mi rey, ¿recuerda lo que sucedió el otro día?
– Por supuesto. Y ahora creo en ti, ya que gracias a tus palabras recuperé el anillo de mi esposa.
– Pues mi amigo, la otra noche, dijo ser un gran mago. Tan bueno, dijo, que podríais colgarlo que no le dolería.

Al oír estas palabras, el rey mandó llamar a Verdad.

– Como eres tan buen mago, mañana te haré colgar delante de todo el mundo, para que así lo demuestres.

El pobre Verdad se pasó toda la noche pensando en lo que le iba a pasar y llorando porespiritu no poder evitarlo. Entonces, un espíritu se le apareció.

– No llores Verdad. Mañana yo usaré tus ropas y me colgarán a mí.

Al día siguiente mucha gente vio como lo colgaban pensando que era Verdad y mucha más se sorprendió cuando, al mediodía, lo vieron sentado en la mesa. Esa misma noche el espíritu volvió y le explicó:

– Tú salvaste mi alma un día y, ahora, yo te salvo a ti.

Y así Verdad se salvó.

Pero Falsedad tenía cada día más envidia de su amigo y una mañana le dijo al rey:

– Señor, el otro día su secretario decía que si vos le dejabais casarse con vuestra hija, él le daría a vos tres nietos en una sola noche.

Y el rey mandó llamar a Verdad:

– Os casaré con mi hija, pero si no me dais tres nietos en una noche, os mandaré ahorcar.

boda

Al día siguiente la Princesa y Verdad se casaron. Pero por la noche el pobre Verdad no pudo dormir, pensando que al día siguiente moriría. Pero de repente un águila entró por la ventana y le prometió encargarse del asunto. Justo antes del amanecer, tres águilas aparecieron llevando un niño cada uno.

– Tú nos salvaste la vida sacrificando tu caballo, así que ahora te la salvamos nosotros a ti.

Cuando el rey oyó a los niños llorar, la felicidad le embargó. ¡Por fin tenía herederos al trono! Así que el Rey hizo una gran fiesta y le entregó la corona a Verdad.

Y así nuestro amigo, siendo honesto, consiguió ser rey, mientras que Falsedad, con sus sus mentiras, no consiguió más que alimentar el éxito de su compañero.

Cuento filipino

De: http://www.casaasia.es/

Educar en valores: saber ganar y perder


“Lo importante en la vida, no es el triunfo sino la lucha. Lo principal no es haber vencido, sino haber luchado.”  Pierre de  Coubertin.

Todos nos alegramos mucho cuando ganamos un juego, a un deporte, a otra persona pero … ¿Y si perdemos?.

En la vida casi todo es competir, competimos diariamente en la familia, en los estudios, en el trabajo, en los negocios, en el deporte, en la sociedad, por el dinero, por el amor, contra las enfermedades, contra la conciencia, contra las virtudes y valores humanos, etc. En esas competiciones se gana o se pierde, muy pocas veces se empata. Por eso es muy importante aprender a saber ganar y a saber perder (respetando al rival y sin hacer trampas)..

Saber ganar no solo es vencer, saber alcanzar unas metas para conseguir prosperar, lograr y obtener los objetivos o triunfos propuestos, sin vanagloriarse, ser egoístas y hacer trampas. Saber perder también es bueno, es aprender una lección que si se aprovecha, se puede sacar de ella una buena experiencias e incalculables beneficios.

Se aprende a perder, perdiendo. En la vida hay que saber perder, aunque se haya entrenado muy duro para ganar.

Enfadarse después de perder es algo normal, no es sólo cosa de niños y llevar a la práctica la famosa frase de consolación “lo importante es participar” es un reto que requiere esfuerzo y voluntad por parte de cada uno. Para los niños es más difícil todavía porque no tienen la madurez emocional necesaria para controlar sus sentimientos, son muy egocéntricos por su condición de niños, desean ser el centro de atención de todos los que les rodean y no llevan bien eso de no obtener lo deseado.

Tener un mal perder lleva a algunos niños a no querer participar en los partidos o competiciones cuando sospechan que van a perder, a abandonar y a echar la culpa al entrenador o a cualquier otro responsable de sus lamentos. Perder con una sonrisa es muy complicado, pero es importante enseñar a nuestros hijos un grado de tolerancia a la frustración para que el mundo no se hunda a sus pies cuando no se logra lo que se desea.

Resulta esencial que nuestros hijos comprendan que unas veces se gana y otras se pierde, que no saber perder hará que se ganen la antipatía de sus compañeros y que ser un tramposo para lograr la victoria sólo conseguirá que los demás le cuelguen el cartel y prefieran no jugar con él porque no practica el juego limpio.

Saber perder con nobleza, ayuda a fortalecerse mentalmente y a tolerar la hipotética frustración, del hecho de aceptar y asumir con humildad, la victoria ajena. No importa sentirse triste y decepcionado, por el gran esfuerzo realizado, pero nunca debe permitirse reacciones desproporcionadas. La honestidad hace verdaderos vencedores, aunque hayan perdido.

Los padres tenemos que enseñar a nuestros hijos, el aprender a ganar, aunque la vida no es un camino de rosas, para que no se crean, más de lo que son y cuando llegue, acepten el perder, no creyéndose ni más ni menos, de lo que son. Enseñarles a tolerar la frustración, de saber perder con dignidad, y en su caso, a saber sobreponerse. También enseñarles el valor del sacrificio, del esfuerzo y del trabajo duro y constante, en su formación y en su autodominio, el cual se forja con el trabajo duro y callado, sin importar, si se gana o si se pierde.

Los que de verdad saben ganar, nunca deben humillar a los que han perdido, deben dar la imagen de discreción, prudencia, sencillez, modestia, humildad, etc.El hecho de ganar, conlleva el saber reconocer el esfuerzo realizado por el contrincante, respetándole, alabándole y reconociéndole su mérito al competir.

Es muy duro y muy difícil, saber perder con elegancia y respeto hacia el que ha ganado, y felicitarle, agradecerle y reconocerle, que lo ha hecho mejor.

Para lograr estos objetivos es fundamental que los niños se acostumbren a oír la palabra NO, porque el NO también educa, que conozcan el verdadero significado de la palabra respeto, que evitará la humillación y el ridículo del perdedor, y que nuestro ejemplo sirva para el comportamiento del niño en el futuro. Ganar unas veces y perder otras es el precio por disfrutar de una actividad compartida.

Por cada victoria que se consigue, uno ha perdido la cuenta de todas las derrotas que ha sufrido, pero eso es lo que hace que cada victoria sea más grande.

¿Cómo hacerlo?:

  • No debemos darle siempre todo lo que pida simplemente para tenerle contento y no oír sus gritos y lamentos. Establecer límites en su vida diaria y que se acostumbre de vez en cuando a escuchar un “no” le ayudará a no enfadarse cuando lo oiga en boca de sus amigos.
  • Enséñales con nuestro ejemplo. Si le dicimos que lo importante es participar y pasar un buen rato y que no hay que enfadarse cuando se pierde, y luego ve a sus padres gritar como locos delante del televisor mientras vemos perder a nuestro equipo de fútbol, difícilmente nos hará caso.
  • También debe saber ganar y no alardear de su victoria ni humillar y ridiculizar al perdedor, puede ser que algún día le paguen con la misma moneda.
  • Cuando juguemos con él a algo, es bueno que le dejemos ganar alguna vez para aumentar su autoestima, pero también que se acostumbre a perder.
  • Mientras jugamos podemos hacer comentarios para enseñar al niño cómo debe reaccionar: “Vaya, lo has hecho muy bien esta vez” o “De acuerdo, he ganado esta partida, pero eres un buen contrincante. No sé si podré ganarte la próxima vez”.
  • Debemos explicar a nuestro hijo lo que puede ocurrir si se enfada al perder. Lo más probable es que acabe cayendo mal a los otros niños y que ninguno quiera jugar con él.
  • No le consintamos que se enfade, chille o actúe antideportivamente. En este caso será mejor excluirle del juego hasta que se calme.
  • Cuando veamos algún espectáculo deportivo con él, hay que incúlcarle que los rivales no son enemigos y que pasar un buen rato es más importante que ganar.
  • Se le debe enseñar a jugar limpio. Hay que establecer reglas y respetarlas, por eso si son pequeños no debe haber muchas. Además, éstas no se pueden cambiar cuando a uno le interesa.

Cuento recomendado: Tomás, “el que siempre aprende”

Parte de: http://www.guiainfantil.com/, http://www.todopapas.com/  y http://blog.micumbre.com/

Educar en valores: la sinceridad


Es un valor que debemos vivir para tener amigos, para ser dignos de confianza.

 La sinceridad es mostrarse tal como uno es, decir la verdad, aquí no estamos hablando de mentir o no mentir, es causar la confianza de los demás en uno mismo, y claro, eso tenemos que ganárnoslo siendo congruentes con nuestras palabras y responsables de nuestros actos, en definitiva, siendo honestos y honrados.

 Así, una persona sincera siempre dice la verdad, en todo momento, aunque le cueste, sin temor al qué dirán. Ya que vernos sorprendidos mientras mentimos es muy vergonzoso.

 La educación de la sinceridad básicamente supone la educación del tacto ( esto significa que cuando debemos decirle a una persona la verdad de lo que pensamos y esta verdad la incomoda debemos utilizar las palabras, las expresiones correctas ya que el primer propósito es ayudar a esa persona, y esto es necesario para que la persona escuché y vea que lo que se la dice va con buenas intenciones y sin ánimo de ofenderla), de la discreción y de la oportunidad. Ser sincero no consiste en decir todo a todos y siempre.

 Tener criterio es nuestra herramienta fundamental para darle sentido a este valor.

 Debemos enseñar a:

  • Distinguir entre hechos y opiniones.
  • Distinguir entre lo importante y lo secundario.
  • Distinguir a quién se debería contar qué cosas.
  • Distinguir el momento oportuno.
  • Explicar por qué.

Para guiar a los niños:

  1. Deben responder siempre con la verdad a las preguntas de su padre, su madre u otras personas.
  2. Reconocer las equivocaciones y no tratar de ocultar su error.
  3. Deben aprender a expresar sus sentimientos, deseos, dificultades, etc.
  4. Si no pueden o no quieren hacer algo que se le pide,  deben razonarlo con sinceridad, sin gritar ni llorar.
  5. La comunicación es esencial, hay que enseñarles a compartir con nosotros (y nosotros con ellos) lo que han hecho durante el día.
  6. Es muy importante premiar su reconocimiento de la realidad, esto nos ayudará a que en el futuro no acudan a la mentira.

Cuentos: Pinocho

Educar en valores: la lealtad


 

lealtad

Comencemos por definir qué es lealtad:

Es una virtud que se desarrolla principalmente en nuestra conciencia, el compromiso de defender lo que creemos y en quien creemos, esto supone hacer aquello con lo que una persona se ha comprometido aun cuando las circunstancias cambien, dicho de otra manera, es cumplir con la palabra que ha dado.  Alguien que es leal responde a una obligación que tiene con los demás.lealtad1

Todos tenemos amigos superficiales o conocemos a alguien que trabaja únicamente por le pagan pero una persona que es leal va más allá porque su compromiso es más profundo: está con un amigo en las buenas y en las malas, trabaja no solo porque le pagan, sino también porque adquiere un compromiso con la empresa en la que trabaja e incluso con la sociedad.

No hay que decir que la lealtad es esencial en la amistad y que es obvio que se relaciona estrechamente con otros valores como son el respeto, la responsabilidad, la sinceridadla dignidad y la honestidad entre otros.

No se puede justificar, el ser leal solamente con uno mismo y creerse con el derecho de criticar o menospreciar a los demás y exigir a los que nos rodean, que sean leales. Esta virtud y valor humano, debe vivirse y practicarse primeramente, con uno mismo antes que nadie. No se puede ser leal con el prójimo, si antes no se ha practicado con uno mismo.

Eso sí, es muy difícil de ganar, muy fácil de perder y casi imposible de recuperar. Lo contrario a la lealtad es el engaño, la traición, no se es leal, independientemente de las disculpas que se tengan, si no se dice la verdad o se dicen medias verdades, o lo que al líder agrada, o lo que éste desea oír, o si se esconden  expresamente situaciones y hechos reales.

Con la pérdida de la lealtad, las personas se quedan solas y sin amigos, ni familiares, como los traidores que han sido descubiertos.

Cómo enseñar la lealtad a nuestros hijo/as:gato-con-botas-poster

  • Demostrando comprensión cuando alguien de la familia, escuela o trabajo, reconoce sus propias culpas para no incrimina a los demás.
  • Demostrando confianza a nuestros hijo/as, familiares, amigos y compañeros para que consulten sus dudas, sin temor a represalias. 
  • Demostrando el cumplimiento de los acuerdos tácitos o explícitos en la familia, trabajo, estudios o sociedad.
  •  Enseñando de forma práctica a los hijos que se puede confiar en ellos y pueden ser confidentes y colaboradores.
  • Demostrando lealtad a los principios religiosos, sociales y económicos.
  • Demostrando lealtad entre los esposos y con los hijo/as, familiares y amigos.
  • Demostrando lealtad y voluntarismo, para ayudar en las tareas de la casa, aportando cada uno sus máximas posibilidades, incluso antes de que los demás lo necesiten.
  • Demostrando que cuando alguien ha dado algo bueno, la familia le debe mucho más que agradecimiento.
  • Enseñar que se defiende lo que se cree y en quien se cree.
  • Demostrando que se puede ser leal, aunque se denuncie lo que está mal, a pesar de poder perder un amigo.

Podemos leerles el cuento de “El gato con botas” de Charles Perrault , “El zorro y el caballo” de los hermanos Grimm, algunas fábulas como “Los dos amigos y el oso” de Samaniego etc.

Juanito (para la honestidad)


Érase una vez un niño muy pobre que vivía con sus padres en una zona en las afueras de la ciudad. Juanito, que así se llamaba el niño, se iba todas las mañanas bien temprano al mercado de la ciudad, a tratar de buscar algo que hacer para que los comerciantes lo ayudaran con algunas cosas que le regalaban: frutas, nene con pelota pintado copyhortalizas, verduras, con las cuales él contribuía a la economía hogareña, a pesar de que como era un niño era bien poco lo que podía conseguir.

Un día, estando sentado frente a una tienda de frutas, vio a una anciana comprando algunas cosas, que echaba en una bolsa grande. Juanito se acercó a ella para tratar de ayudarla, pero la anciana, al verlo tan desarrapado, lo echó de su lado, porque temía que el niño le fuera a coger algunas frutas. Juanito no le hizo mucho caso, pensando que quizás la viejecita había tenido anteriormente algún tipo de experiencias desagradable, y se puso a mirar otras cosas.

En eso la anciana se va y, como era muy viejita, echó su bolsa del dinero en la bolsa, y esta se cayó al suelo sin que se diera cuenta. Juanito corrió donde la bolsa había caído, y cuando la abrió ¡Cielos, allí había dinero como para que toda su familia comiera una semana! ¡Qué suerte!.

¿Y sabéis lo que hizo Juanito? Corrió donde la anciana que ya se iba del mercado, y ésta al verle de nuevo le dijo:

–  “Mira niño, ¡ya te dije que no quiero que me ayudes!”

– “Señora, no es para eso, sino para devolverle esta bolsa que se cayó sin que usted se diera cuenta.”

La anciana incrédula tomó la bolsa, miró dentro y exclamó:

– “Que injusta he sido, un niño tan honesto y yo rechazándolo.” “Pero vamos, ven conmigo a mi casa, para que te de todo lo que necesites para ti y tu familia.”
Y dicen que desde entonces todo el mundo en la vecindad llama a Juanito “el honrado”, por lo honesto que había sido en su conducta.