Los tres monos sabios


La leyenda de los 3 monos sabios tiene su curioso origen en la mitología china, y es aquí donde se explica una historia protagonizada por tres llamativos personajes: Kikazaru, el mono que no oye , Iwazaru, el mono que no habla y Mizaru, el mono que no ve.

Estas tres singulares criaturas fueron enviadas por los dioses como observadores y como mensajeros. Debían tomar testimonio de los actos y las malas acciones de la humanidad para más tarde, ponerlas en conocimiento de las propias deidades. Ahora bien, estos mensajeros divinos actuaron según un conjuro mágico por el que les eran otorgadas dos virtudes y un defecto, siendo representados por el siguiente orden:

  • Kikazaru, el mono sordo, es quien observaba a todo el que cometía malas acciones. Más tarde, se las comunicaba al mono ciego mediante la voz.
  • Por su parte, Mizaru, el mono ciego, es quien trasmite los mensajes del mono sordo al mono que es mudo, a Iwazaru.
  • Iwazaru, por tanto es quien recibía los mensajes del mono ciego y quien a su vez velaba por el cumplimiento de la pena impuesta por los dioses hacia los humanos, puesto que era él quien decidía el castigo que estos debían recibir.

Lo que se desprende de esta historia es ante todo la necesidad de mantenernos siempre limpios de espíritu, evitando escuchar aquello que nos obligue a actuar de mala manera, a evitar hablar sin tener fundamento y a no ver las malas acciones como algo natural.

El nacimiento del sol y la luna


Cuando la Tierra estaba se encontraba en la oscuridad; cuando era siempre de noche, los dioses del cielo se Teotihuacánreunieron para crear el Sol y que hubiera luz en la Tierra. Lo hicieron en una ciudad celestial  llamada Teotihuacán (significa “La Ciudad de los Dioses”) que se reflejaba en la ciudad Teotihuacán situada en México.

En esa ciudad celeste de Teotihuacán encendieron una enorme hoguera. Aquel dios que quisiera convertirse en el Sol, debía arrojarse en esa hoguera y quemarse en ella. De ella saldría convertido en él.

Dos señores poderosos se ofrecieron a hacerlo: uno era grande, fuerte, hermoso y rico, estaba vestido con ropas de lujo y adornado con piedras preciosas; ofrecía a sus compañeros oro y joyas, muestra de su estirpe.

El otro era pequeñito, débil, feo y pobre; su piel estaba cubierta de llagas vestía con ropas de trabajo, debido a su pobreza, únicamente podía ofrecer la sangre de su corazón, sus buenos y humildes sentimientos. sol-luna

Cuando llegó la hora de arrojarse a la enorme hoguera, el primer candidato, grande y rico no se atrevió, tuvo miedo y salió corriendo; llegó la hora del segundo, y éste sí, en un acto de valentía, se arrojó a la hoguera. En ella se quemó y salió convertido en un sol. Cuando el primero lo vio, sintió vergüenza por su cobardía y se dirigió a la hoguera, se lanzó y, para asombro de los presentes, en el cielo apareció otro sol.

Los dioses estuvieron de acuerdo en que no podían existir dos soles en el firmamento, así que decidieron apagar el segundo, el que había sido creado por el guerrero grande y fuerte ya que no se había decidido a tiempo. Tomaron un conejo por las patas y con mucha fuerza lo lanzaron contra el segundo sol, de este modo su brillo disminuyó de inmediato y quedó convertido en la Luna. Por eso hasta la fecha, en la Luna podemos ver al figura del conejo que acabó con su luz.

Gracias a este suceso se edificaron dos pirámides en esta ciudad llamadas Pirámide del SolPirámide de la Luna.

piramide sol

Leyenda mexicana

Las musas griegas


Musas griegas

Las musas, según la mitología griega eran las diosas inspiradoras de la música  (etimológicamente la palabra Música proviene de la griega Musa) y posteriormente también de la poesía, las artes y las ciencias. Se dedicaban a alegrar con sus cánticos a los dioses del Olimpo, fomentaban la inspiración de los humanos, eran juezas y ayudaban a los reyes mortales con sus prudentes consejos, especialmente a Calíope.

Las musas griegas eran nueve hermanas, que, según el mito,  fueron engendradas en nueve noches consecutivas por  la titánide Mnemósine, la personificación de la memoria, (hija de Urano y Gea) y Zeus.  Habitaban en el monte Helicón o en el Parnaso , junto al oráculo de Delfos , bajo la tutela del dios Apolo que las acompañaba con una cítara.

Cada una de estas musas simboliza una de las artes o placeres humanos:

Clío: Es la musa de la historia. Sus diferentes representaciones artísticas son una corona de laureles, un libro o un pergamino, una tablilla, un estilete y un cisne.

Erato: Es la musa del arte lírico de la elegía. Sus representaciones artísticas con una lira, una viola y un cisne.

musas1Euterpe: (Ευτέρπη) significa en griego «La muy placentera», «La de agradable genio» o «La de buen ánimo».

Se la considera, la musa de la música instrumental y de los intérpretes. Normalmente la encontramos representada con una corona de flores y llevando entre sus manos el doble-flautín. Se relacionaba mucho con Tepsícore, diosa de la danza.

El río Estrimón dejó a Euterpe embarazada. Su hijo, Rhesus de Tracia dirigó a una partida de Tracianos y murió a manos de Diomedes en Troya, según  nos cuenta Homero en su libro «La Ilíada».

mascaras

Melpómene: Es la musa de la tragedia. Se representa con una corona, con una espada o con una máscara trágica.

Polimnia: Es la musa de la retórica. Se representa con un gesto serio y con un instrumento musical (normalmente un órgano).

Talía: La musa de la comedia. Normalmente se la representa con un instrumento de música (generalmente una viola), una máscara cómica y un pergamino.

Terpsícore: La musa de la danza. Se la representa con un instrumento musical de cuerda: una viola o una lira.musas2

Urania: La musa de la astronomía y de la astrología. Es representada habitualmente con un compás, con una corona de estrellas y con un globo celeste.

Participaron entre otras en una competición musical, pero esta vez la jueza fue Hera, y ellas eran las que debieron medirse con las sirenas. Las Musas ganaron la competencia y tomaron como trofeo las alas de las sirenas, privándolas de su vuelo. Según Ovidio las alas les sirvieron a las Musas para huir de Pireneo, rey de la Fócida, cuando intentó apoderarse de ellas cuando paseaban solas, muy alejadas de su morada. En pleno vendaval les ofreció asilo y cuando éstas aceptaron, las encerró en su palacio. Sin embargo, antes de que el tirano pudiese consumar ninguna de sus fechorías, las nueve muchachas se proveyeron de las alas de las sirenas, y lograron escapar, provocando la muerte de Pireneo mientras las perseguía.

Parte de: http://www.webmitologia.com/

El embustero – Esopo


Un hombre enfermo y de escasos recursos prometió a los dioses sacrificarles cien bueyes si le salvaban de la muerte.

Queriendo probar al enfermo, los dioses le ayudaron a recobrar rápidamente la salud, y el hombre se levantó del lecho. Mas como no poseía los cien bueyes comprometidos, los modeló con sebo y los llevó a sacrificar a un altar, diciendo:

 -¡Aquí tienen, oh dioses, mi ofrenda!

 Los dioses decidieron también burlarse entonces a su vez del embustero, y le enviaron un sueño que le instaba a dirigirse a la orilla del mar, donde inmediatamente encontraría mil monedas de plata.

 No pudiendo contener su alegría, el hombre  corrió a la playa, pero allí cayó en manos de unos piratas que luego lo vendieron. Y fue  así  como encontró las mil monedas de plata.

Moraleja

 Quien trata de engañar, termina engañado.

Perseo y Andrómeda


Perseo era hijo de una mujer mortal, Dánae, y del gran dios Zeus, el rey de cielo. El padre de Dánae, el rey Acrisio, había sabido por un oráculo que algún día su nieto lo mataría y, aterrorizado, apresó a su hija y expulsó a todos sus pretendientes.

Pero Zeus era un dios y quería a su hija Dánae. Entró en la prisión disfrazado de aguacero de lluvia de oro, y el resultado de su unión fue Perseo. Al descubrir Acrisio que, a pesar de sus precauciones, tenía un nieto, metió a Dánae y a su hijo en un arcón de madera y lo arrojó al mar, esperando que se ahogaran.

Pero Zeus envió vientos suaves para que empujaran a madre e hijo a través del mar hasta la orilla. El arcón llegó a tierra en una isla donde lo encontró un pescador. El rey que gobernaba en la isla recibió a Dánae y a Perseo y les ofreció refugio. Perseo creció allí fuerte y valiente, y cuando su madre se sintió incómoda por las insinuaciones que no deseaba del rey, el joven aceptó el desafío que lanzó este molesto pretendiente. El desafío consistía en traerle la cabeza de la Medusa Gorgona.

Con su trofeo oculto en una bolsa, volvió a casa. Durante el viaje vio a una doncella hermosa encadenada a una roca que había en la playa, esperando la muerte a manos de un terrible mons­truo marino. Supo que se llamaba Andrómeda y que la estaban sacrificando al monstruo porque su madre había ofendido a los dioses. Conmovido por su situación y por su hermosura, Perseo se enamoró de ella y la liberó, convirtiendo al monstruo en piedra con la cabeza de la Medusa Gorgona. Después, regresó con Andrómeda para presentársela a su madre que, en su ausencia, se había sentido muy atormentada por las insinuaciones del malvado rey, hasta el punto que, desesperada, tuvo que buscar refugio en el templo de Atenea.

Una vez más, Perseo sostuvo en el aire la cabeza de la Medusa, convirtiendo en piedras a todos los enemigos de su madre. Después le entregó la cabeza a Atenea, que la montó en su escudo, con lo que, en adelante, se con­virtió en su emblema. Igualmente  devolvió al resto de los dioses, todos los dones que le habían sido concedidos.

Andrómeda y él vivieron en paz y armonía desde entonces y tuvieron muchos hijos. Su único pesar fue que, cierto día, mientras tomaban parte en unos juegos atléticos, lanzó un disco que llegó demasiado lejos impul­sado por una ráfaga de viento, y accidentalmente golpeó y mató a un anciano. Este hombre era Acrisio, el abuelo de Perseo. Al final, de esta forma se cumplió el oráculo que el difunto anciano tanto se había esforzado por evitar. Pero en Perseo no había ningún espíritu de rencor ni de venganza y, debido a esta muerte accidental, no quiso seguir gobernando su legítimo reino. En con­secuencia, intercambió los reinos con su vecino, el rey Argos, y construyó para sí una ciudad poderosa, Micenas, en la que vivió largo tiempo con su familia en amor y honor.

De:  http://www.proyectopv.org/