Educar en valores: la sinceridad


Es un valor que debemos vivir para tener amigos, para ser dignos de confianza.

 La sinceridad es mostrarse tal como uno es, decir la verdad, aquí no estamos hablando de mentir o no mentir, es causar la confianza de los demás en uno mismo, y claro, eso tenemos que ganárnoslo siendo congruentes con nuestras palabras y responsables de nuestros actos, en definitiva, siendo honestos y honrados.

 Así, una persona sincera siempre dice la verdad, en todo momento, aunque le cueste, sin temor al qué dirán. Ya que vernos sorprendidos mientras mentimos es muy vergonzoso.

 La educación de la sinceridad básicamente supone la educación del tacto ( esto significa que cuando debemos decirle a una persona la verdad de lo que pensamos y esta verdad la incomoda debemos utilizar las palabras, las expresiones correctas ya que el primer propósito es ayudar a esa persona, y esto es necesario para que la persona escuché y vea que lo que se la dice va con buenas intenciones y sin ánimo de ofenderla), de la discreción y de la oportunidad. Ser sincero no consiste en decir todo a todos y siempre.

 Tener criterio es nuestra herramienta fundamental para darle sentido a este valor.

 Debemos enseñar a:

  • Distinguir entre hechos y opiniones.
  • Distinguir entre lo importante y lo secundario.
  • Distinguir a quién se debería contar qué cosas.
  • Distinguir el momento oportuno.
  • Explicar por qué.

Para guiar a los niños:

  1. Deben responder siempre con la verdad a las preguntas de su padre, su madre u otras personas.
  2. Reconocer las equivocaciones y no tratar de ocultar su error.
  3. Deben aprender a expresar sus sentimientos, deseos, dificultades, etc.
  4. Si no pueden o no quieren hacer algo que se le pide,  deben razonarlo con sinceridad, sin gritar ni llorar.
  5. La comunicación es esencial, hay que enseñarles a compartir con nosotros (y nosotros con ellos) lo que han hecho durante el día.
  6. Es muy importante premiar su reconocimiento de la realidad, esto nos ayudará a que en el futuro no acudan a la mentira.

Cuentos: Pinocho

José Luis, castigado (para tener criterio)


Ayer José Luis realizó una acción cobarde al salir de clase. Pegó a un compañero más pequeño. NIÑO_T~1

El profesor supo lo ocurrido. Llamó a José Luis y le dijo con cariño, pero serio y disgustado:

– Ven, José Luis y cuenta lo que hiciste.

– Don Fidel, él me quitó la cartera y no me la quería dar.

– ¿Y por eso le has pegado?, Hombre, hombre; las cosas no se solucionan a puñetazos.

– Sí, señor, tiene usted razón.

– Mira, José Luis, lo que has hecho es una mala acción, y no debe repetirse. Has abusado de tu fuerza y has dado un mal ejemplo a tus compañeros. Yo quiero que tú mismo te impongas un castigo.

. Sí, don Fidel, – dijo José Luis – reconozco que hice mal. Me dejé llevar de un  pronto. Y yo mismo me impongo un castigo: me quedaré en clase por las tardes, a la hora de la salida, todo el tiempo que Ignacio tarde en venir a clase.

– Bien, José Luis, conocía tus sentimientos y sabía que ibas a ser generoso.

Educar en valores: la dignidad


digjusLa dignidad humana es el valor fundamental y fundamentante del resto de los valores. Si el hombre en sí mismo no fuera digno, ¿qué razón tendría llamar valiosas a  sus acciones y productos?.

Dignidad humana, por tanto, hace referencia a ese ser único en el universo, capaz de conocer, valorar y amar la realidad en la que vive. Todos somos dignos, hacemos cosas dignas, merecemos que se reconozca nuestra dignidad.Justicia para todos

Educamos desde y para la dignidad humana o, simplemente, no educamos; pues así como sin valores no hay educación, así también sin dignidad humana no hay valores.

Para educar en la dignidad debemos potenciar dos valores en especial:

El criterio: es la capacidad humana para separar lo justo de lo injusto, lo bueno de lo malo, lo verdadero de lo falso.

La justicia: es el valor propio de la interioridad humana, el que forma internamente y predispone a los individuos a la recta valoración de la realidad en que viven. Es el valor que une a la persona con el medio en que se desarrolla. Tampoco podemos entender los valores humanos sin ella.

La justicia vincula efectivamente al individuo con el entorno, ya que se crea una mutua implicación de beneficio: cada persona comprende que sus actos tienen una repercusión social, y que las decisiones sociales entrañan necesariamente una influencia personal.

Formar en la justicia es mucho más que formar en la legalidad. Hay que notar, en principio de cuentas que la legalidad consiste en el cumplimiento externo de las normas, mientras que la justicia hace alusión a la convicción con que el sujeto obedece tales reglas, una convicción que tiene una doble fuente: por una parte, la conciencia de la dignidad humana, propia y ajena, y por otra, el criterio bien formado capaz de decidir en pro de la comunidad.