La adivinanza de la semana (138)


Simbad, el marino (para el esfuerzo y la superación)


Hace muchos, muchísimos años, en la ciudad de Bagdad vivía un joven llamado Simbad. Era muy pobre y, para ganarse la vida, se veía obligado a transportar pesados fardos, por lo que se le conocía como Simbad el Cargador: lasmil

¡Pobre de mí! -se lamentaba- ¡qué triste suerte la mía!

Quiso el destino que sus quejas fueran oídas por el dueño de una hermosa casa,que ordenó a un criado que hiciera entrar al joven. A través de maravillosos patios llenos de flores, Simbad el Cargador fue conducido hasta una sala de grandes dimensiones.

En la sala estaba dispuesta una mesa llena de las más exóticas viandas y los más deliciosos vinos. En torno a ella había sentadas varias personas, entre las que destacaba un anciano, que habló de la siguiente manera:WHALE_COL_small

– Me llamo Simbad el Marino. No creas que mi vida ha sido fácil. Para que lo comprendas, te voy a contar mis aventuras… Aunque mi padre me dejó al morir una fortuna considerable, fue tanto lo que derroché que, al fin, me vi pobre y miserable. Entonces vendí lo poco que me quedaba y me embarqué con unos mercaderes. Navegamos durante semanas, hasta llegar a una isla. Al bajar a tierra el suelo tembló de repente y salimos todos proyectados: en realidad, la isla era una enorme ballena. Como no pude subir hasta el barco, me dejé arrastrar por las corrientes agarrado a una tabla hasta llegar a una playa plagada de palmeras. Una vez en tierra firme, tomé el primer barco que zarpó de vuelta a Bagdad…

Llegado a este punto, Simbad el Marino interrumpió su relato. Le dio al muchacho 100 monedas de oro y le rogó que volviera al día siguiente. Así lo hizo Simbad y el anciano prosiguió con sus andanzas…

sinbad_giant_roc– Volví a zarpar. Un día que habíamos desembarcado me quedé dormido y, cuando desperté, el barco se había marchado sin mí. Llegué hasta un profundo valle sembrado de diamantes. Llené un saco con todos los que pude coger, me até un trozo de carne a la espalda y aguardé hasta que un águila me eligió como alimento para llevar a su nido, sacándome así de aquel lugar.

Terminado el relato, Simbad el Marino volvió a darle al joven 100 monedas de oro, con el ruego de que volviera al día siguiente…

– Hubiera podido quedarme en Bagdad disfrutando de la fortuna conseguida, pero me aburría y volví a embarcarme. Todo fue bien hasta que nos sorprendió una gran tormenta y el barco naufragó. Fuimos arrojados a una isla habitada por unos enanos terribles, que nos cogieron prisioneros. Los enanos nos condujeron hasta un gigante que tenía un solo ojo y que comía carne humana. Al llegar la noche, aprovechando la oscuridad, le clavamos una estaca ardiente en su único ojo y escapamos de aquel espantoso lugar. De vuelta a Bagdad, el aburrimiento volvió a hacer presa en mí. Pero esto te lo contaré mañana…

Y con estas palabras Simbad el Marino entregó al joven 100 piezas de oro.

– Inicié un nuevo viaje, pero por obra del destino mi barco volvió a naufragar. Esta vezSinbad_1 fuimos a dar a una isla llena de antropófagos. Me ofrecieron a la hija del rey, con quien me casé, pero al poco tiempo ésta murió. Había una costumbre en el reino: que el marido debía ser enterrado con la esposa. Por suerte, en el último momento, logré escaparme y regresé a Bagdad cargado de joyas…

Y así, día tras día, Simbad el Marino fue narrando las fantásticas aventuras de sus viajes, tras lo cual ofrecía siempre 100 monedas de oro a Simbad el Cargador. De este modo el muchacho supo de cómo el afán de aventuras de Simbad el Marino le había llevado muchas veces a enriquecerse, para luego perder de nuevo su fortuna.

El anciano Simbad le contó que, en el último de sus viajes, había sido vendido como esclavo a un traficante de marfil. Su misión consistía en cazar elefantes. Un día, huyendo de un elefante furioso, Simbad se subió a un árbol. El elefante agarró el tronco con su poderosa trompa y sacudió el árbol de tal modo que Simbad fue a caer sobre el lomo del animal. Éste le condujo entonces hasta un cementerio de elefantes; allí había marfil suficiente como para no tener que matar más elefantes.

mzi.ccvpzyui.225x225-75Simbad así lo comprendió y, presentándose ante su amo, le explicó dónde podría encontrar gran número de colmillos. En agradecimiento, el mercader le concedió la libertad y le hizo muchos y valiosos regalos.

– Regresé a Bagdad y ya no he vuelto a embarcarme -continuó hablando el anciano-. Como verás, han sido muchos los avatares de mi vida. Y si ahora gozo de todos los placeres, también antes he conocido todos los padecimientos.

Cuando terminó de hablar, el anciano le pidió a Simbad el Cargador que aceptara quedarse a vivir con él. El joven Simbad aceptó encantado, y ya nunca más tuvo que soportar el peso de ningún fardo.

Pinchando en la fotografía puedes acceder al enlace que te llevará a la película: “Simbad, la leyenda de los siete mares”

PELICULA: «Simbad, el marino: la leyenda de los siete mares»

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El pirata Alpargata


El Pirata Alpargata era un jefe pirata como todos los demás. Tenía un garfio en una imagescuentosdepiratas5mano, un parche en un ojo y una pata de palo, y es que era un poco despistado este pirata y todo lo perdía. Una tarde, mientras asaltaba un barco enemigo, entre el enorme lío de gente, perdió una pierna y nunca la volvió a encontrar y en su lugar tuvo que ponerse una de madera como hacían todos los piratas. Y lo mismo le ocurrió con la mano y con el ojo. Pero para colmo de sus desdichas en el pie que aún conservaba el pirata Alpargata tenía un juanete, que le hacía ver las estrellas cada vez que se calzaba sus lustrosas botas de pirata, por lo que nuestro amigo sólo podía usar alpargatas, mejor dicho, alpargata. Y es por eso que era conocido en el mundo entero como el Pirata Alpargata. Pero un día durante un viaje por alta mar, se desató una tormenta con truenos, relámpagos y mucha, mucha, mucha lluvia. Y ¿sabéis lo que pasó? Pues que su alpargata se mojó y, claro, se estropeó. Al Pirata Alpargata no le quedó más remedio que ir a buscar otro zapato. Así que cuando se calmó la tempestad se decidió a encontrar al mejor zapatero del mundo que le hiciera un zapato digno de un gran Capitán Pirata. Y así, junto con su tripulación recorrió los siete mares en busca de su calzado y llegó al reino donde vivía el zapatero Calimero.chancla_neg

– Necesito un zapato, Calimero, le dijo el pirata.

– Creo que tengo lo que busca, le respondió el zapatero Calimero y le mostró una chancla de playa.

– ¡Qué cómoda parece!, pero … ¡se me congelarán los dedos cuando viaje al frío mar del Norte!, contestó Alpargata.

– Pues quizá le guste este precioso zapato de tacón

– Es muy bonito y elegante y la verdad es que me queda muy bien. ¡Además me hace más alto! Pero no podré correr ni saltar al abordaje con él. Tampoco me sirve.

– ¿Y qué le parece este otro? Con este sí podrá correr,  preguntó el zapatero enseñándole una zapatilla deportiva.

– ¡Uy, no! que me tendré que atar los cordones y con lo despistado que soy se me olvidará, me los pisaré y me daré un batacazo.

– Espere, ¡ya lo tengo! Hace pocos días me trajeron un zapato que alguien se dejó olvidado en un baile en el palacio. Y sólo hay uno, así que le valdrá.

Y Calimero le sacó un diminuto zapatito de cristal, pero en cuanto Alpargata introdujo el pie… ¡cras! Se rompió en mil pedazos.

– ¡Oooh! Nunca encontraré un zapato que me sirva.

El Capitán Alpargata se despidió del zapatero Calimero y se marchó, descalzo, con su barco rumbo a otro lejano destino. Hasta que, tras varios días navegando y navegando divisaron tierra en el horizonte:

– ¡Tierra a la vista!” -gritó el vigía desde lo alto del mástil. Habían visto una isla en el horizonte.

children-s-wall-stickers-girls-62018-2176559¿Sería la isla del tesoro? ¡No! Mucho mejor: Era la isla de los Piesdescalzos; una tribu que no conocía los zapatos y por eso siempre andaban descalzos. Alpargata atracó su barco en la playa de la isla y desembarcó.

– ¡Por fin un sitio donde poder andar sin zapatos! Creo que me quedaré aquí a vivir. La verdad es que estoy un poco cansado de viajar en el barco de un lado para otro, de buscar tesoros y asaltar otros barcos. Sí, aquí me quedaré a vivir”.

Y así fue como el Pirata Alpargata se hizo amigo de la tribu de los Piesdescalzos y montó una zapatería con la que hizo zapatos de todo tipo a todos los pies descalzos. Y colorín colorado este cuento pirata se ha acabado.

Por:  Rodrigo García (Cuentosinfantiles.com)

La canción del pirata – José de Espronceda


Con diez cañones por banda,

viento en popa a toda vela,pirata

no corta el mar, sino vuela,

un velero bergantín;

bajel pirata que llaman

por su bravura el Temido

en todo el mar conocido

del uno al otro confín.

La luna en el mar riela,

en la lona gime el viento

y alza en blando movimiento

olas de plata y azul;

y ve el capitán pirata,

cantando alegre en la popa,

Asia a un lado, al otro Europa,

Y allá a su frente Estambul:

– Navega, velero mío, product_257200s

sin temor

que ni enemigo navío,

ni tormenta, ni bonanza

tu rumbo a torcer alcanza,

ni a sujetar tu valor.

Veinte presas

hemos hecho

a despecho

del inglés

y han rendido

sus pendones

cien naciones

a mis pies.

Que es mi barco mi tesoro,sticker-enfant-bateau-pirate

que es mi dios la libertad;

mi ley, la fuerza y el viento;

mi única patria, la mar.

Allá muevan feroz guerra

ciegos reyes

por un palmo más de tierra,

que yo tengo aquí por mío

cuanto abarca el mar bravío

a quien nadie impuso leyes.

Y no hay playa

sea cualquiera,

ni bandera

de esplendor,

que no sienta

mi derecho

y dé pechojeanmercler

a mi valor

Que es mi barco mi tesoro,

que es mi dios la libertad;

mi ley, la fuerza y el viento;

mi única patria, la mar.

A la voz de ¡barco viene!,

es de ver

cómo vira y se previene

a todo trapo a escapar:

que yo soy el rey del mar

y mi furia es de temer.

En las presas

yo divido5931557-pirata-abrir-el-cofre-del-tesoro--ilustraci-n-vectorial

lo cogido

por igual:

sólo quiero

por riqueza

la belleza

sin rival.

Que es mi barco mi tesoro,

que es mi dios la libertad;

mi ley, la fuerza y el viento;

mi única patria, la mar.

¡Sentenciado estoy a muerte!

Yo me río:

no me abandone la suerte,

y al mismo que me condena747

colgaré de alguna antena

quizá en su propio navío.

Y si caigo,

¿qué es la vida?

Por perdida

ya la di

cuando el yugo

del esclavo

como un bravo sacudí.

Que es mi barco mi tesoro,

que es mi dios la libertad;

mi ley, la fuerza y el viento;

mi única patria, la mar.

Son mi música mejor

aquilones,

el estrépito y temblor

de los cables sacudidose2a2f2a5c2fcfd2b046e9b71759c77d9

del negro mar los bramidos

y el rugir de mis cañones.

Y del trueno

al son violento,

y del viento,

al rebramar,

yo me duermo

sosegado,

arrullado

por el mar.

Que es mi barco mi tesoro,

que es mi dios la libertad;

mi ley, la fuerza y el viento;

mi única patria, la mar.

Moby Dick – Herman Melville


Moby Dick es una obra escrita por el autor de novelas y cuentos estadounidense Herman Melville, fue publicada en 1851.

Melville decidió embarcarse con 19 años, en parte porque era una de las opciones más comunes en su época y en parte por las pocas oportunidades de trabajar con las que contaba.  Esta primera vez  lo hizo en en un barco mixto (carguero y de pasaje) pero no le gustó mucho e intentó ganarse la vida de otro modo así que, no encontrando nada que le satisficiera, volvió a embarcarse en el ballenero Acushnetherman-melville-

En el Acushnet partió de New Bedford en la Navidad de 1841. Un año y medio después, cuando el barco llegó a la isla de Nuku Hiva, la mayor del archipiélago de las Islas Marquesas, desertó junto con un compañero y ambos fueron a caer en manos de una de las tribus con peor fama de canibalismo de todos los Mares del Sur: los Typee. Aquejado de una extraña lesión en una pierna que se hizo durante su huida, permaneció entre ellos durante un mes, transcurrido el cual fue “vendido” por los nativos a otro barco ballenero, el Lucy Ann, escaso de marineros. Un mes y medio más tarde, cuando este barco llegó a Tahití, fue desembarcado junto con el resto de la tripulación, que acusados de amotinamiento fueron encarcelados en una muy relajada prisión de la isla. Una vez liberado, vagabundeó por el archipiélago de las Islas de la Sociedad durante unos meses.

balleneroEmbarcó después en un tercer ballenero, el Charles and Henry del que se despidió cuando este fondeó en la antigua capital de Hawai. En la isla de Maui vivió unos meses, hasta que finalmente se enroló en la fragata de la marina norteamericana United States, en la que sirvió como marinero raso durante más de un año, hasta que en octubre de 1844 fue licenciado con todos los honores cuando el barco llegó a Boston. En total había estado ausente tres años y nueve meses.

Nuevamente en tierra sin oficio, al observar hasta qué punto eran apreciadas entre sus allegados las historias que narraba sobre sus aventuras, se dedicó a escribirlas.

En 1849, de regreso de un viaje a Europa, empezó a escribir Moby Dick, que tardó dos años en terminar y sería  su obra maestra y uno de los libros fundamentales de la historia de la literatura universal.ballena-blanca-1

Moby Dick, narra la travesía del barco ballenero Pequod, mandado por el capitán Ahab (un viejo lobo de mar con una pierna construida con la mandíbula de un cachalote) en la persecución de una gran ballena blanca. El narrador, Ismael, un joven con experiencia en la marina mercante, decide que su siguiente viaje será en un ballenero. Aún en tierra entabla amistad con un arponero llamado Queequeg, que le acompañará en su aventura. Pero el objetivo primordial del viaje, más allá de la caza de ballenas en general, es la persecución a Moby Dick, que acabó con la pierna del capitán y que había ganado fama de causar estragos a todos y cada uno de los balleneros que intentaban darle caza…

Puedes leer la novela pinchando encima del libro:

moby dick

La novela inspirada tanto en la propia vida del autor como en hechos reales.

De: wikipedia

Funiculí, funiculá


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Un funicular (del latín funicŭlus, «cuerda»), es un medio de transporte usado en grandes pendientes, cuenta con dos cabinas enlazadas por un cable sobre una vía de ferrocarril, a modo de ascensor, de tal forma que mientras uno sube, el otro baja.

Esta es una famosa canción napolitana compuesta en 1880 por Luigi Denza con letra del periodista Peppino Turco. Conmemora la apertura del primer funicular del Monte Vesubio y se cantó por primera vez en el Hotel Quisisana, Hotel de Castellammare di Stabia. Tuvo gran éxito, de esa manera Turco y Denza la presentaron en el Festival de Piedigrotta en ese mismo año. Eduardo Oxenford, un cantautor inglés y traductor de libretos, publicó una versión que se popularizó en países de habla inglesa.

Seis años después de la composición de Funiculì, funiculà, el compositor alemán Richard Strauss escuchó la canción, durante una gira por Italia. Pensó que se trataba de un tema folclórico y lo incorporó a su sinfonía Aus Italien. Denza presentó una demanda contra él, ganó el pleito y, a partir de entonces, cobró un canon cada vez que el Aus Italien se ejecutaba en público.

Esta versión de Richard Strauss es la que oímos aquí, cantada por Luciano Pavarotti:

 

Por si queréis cantarla vosotros también,  (está en dialecto napolitano, algo diferente al italiano):

Aissera, Nanninè, me ne sagliette, tu saje addo’? (Tu saje addo’?)
Addo’ ‘stu core ‘ngrato cchiu’ dispietto, farme nun po’! (Farme nun po’!)
Addo’ lo fuoco coce, ma si fuie, te lassa sta! (Te lassa sta!)
E nun te corre appriesso, nun te struie, sulo a guarda’! (Sulo a guarda’!)
Jammo, jammo, ‘ncoppa jammo ja’,
jammo, jammo, ‘ncoppa jammo ja’.
Funiculí – funiculá, funiculí – funiculá,
‘ncoppa jammo ja’, funiculí – funiculá.
Nèh jammo: da la terra a la montagna,
no passo nc’è…
No passo nc’è…
Se vede Francia, Pròceta, la Spagna…
e io veco a te!
E io veco a te…
Tiráte co li ffune, ditto ‘nfatto,
‘ncielo se va…
‘Ncielo se va…
Se va comm’a lo viento e, a ll’intrasatto,
gué saglie sá’…
Gué saglie sá’…
Jammo, jammo,
‘ncoppa jammo ja’…
Jammo, jammo,
‘ncoppa jammo ja’…
Funiculí – funiculá,
funiculí – funiculá…
‘Ncoppa jammo ja’,
funiculí – funiculá….
Se n’ ‘e’ sagliuta, oi’ ne’, se n’ ‘e’ sagliuta, la capa già! (La capa già!)
E’ gghiuta, po’ e’ turnata, po’ e’ venuta, sta sempe cca’!(Sta sempe cca’!)
La capa vota, vota, attuorno, attuorno, attuorno a te! (Attuorno a te!)
Sto core canta sempe nu taluorno,sposammo,oi’ ne’!(Sposammo,oi’ ne’!)
Jammo, jammo, ‘ncoppa jammo ja’,
jammo, jammo, ‘ncoppa jammo ja’.
Funiculí – funiculá, funiculí – funiculá,
‘ncoppa jammo ja’, funiculí – funiculá

 

En español seria:

Ayer por la tarde, mi amor, fuí,
¿sabes adónde?
¡Adonde este ingrato corazón no puede pesarme más!
¡Adonde el fuego quema, pero si huyes
te permite ir!
¡Y no te sigue, no te quema, para que veas el cielo!…
Vamos, vamos de la mano, vamos para allá,
¡funiculì, funiculà!
¡Vamos desde el suelo a la montaña, mi amor! ¡Sin caminar!
Tú puedes ver Francia, España y Procida…
¡y yo puedo verte!
Tirado por una soga, no antes de decir que hacer,
vamos a los cielos ..
Vamos rápido como el viento, ¡subamos!, ¡subamos!
Vamos juntos, vamos para allá,
¡funiculì, funiculà!
¡Hemos subido, mi amor, ya hemos subido a la cima!
Ha ido, regresó y, a continuación, vuelve…
¡Está todavía aquí!
¡La vacía, vacía cumbre, alrededor, alrededor,
alrededor tuyo!
Este corazón todavía canta
y no es petulante
¡Vamos a casarnos, mi amor!
Vamos juntos, vamos para allá,
¡funiculì, funiculà!

¿Por qué flotan los barcos en el agua pesando tantas toneladas?


El barco visto desde el 'tender' que nos traslada a la playa de Isla Catalina

Los barcos consiguen mantenerse a flote en la superficie del agua, a pesar de su enorme peso, porque se construyen huecos en su interior. De esta manera se consigue que posean, considerados globalmente, una densidad mucho menor que la del agua. Por lo tanto, el peso del navío es inferior al del volumen de agua que desaloja, y esto establece un estado de presiones que produce una fuerza de empuje que mantiene el barco a flote.