El asno y la perrita faldera – Esopo


Un granjero fue un día a sus establos a revisar sus bestias de carga: entre ellas se asno y perritaencontraba su asno favorito, el cual siempre estaba bien alimentado y era quien cargaba a su amo. Junto con el granjero venía también su perrita faldera, la cual bailaba a su alrededor, lamía su mano y saltaba alegremente lo mejor que podía. El granjero revisó su bolso y dio a su perrita un delicioso bocado, y se sentó a dar ordenes a sus empleados. La perrita entonces saltó al regazo de su amo y se quedó ahí, parpadeando sus ojos mientras el amo le acariciaba sus orejas.

El asno celoso de ver aquello, se soltó de su jáquima y comenzó a pararse en dos patas tratando de imitar el baile de la perrita. El amo no podía aguantar la risa, y el asno arrimándose a él, puso sus patas sobre los hombros del granjero intentando subirse a su regazo. Los empleados del granjero corrieron inmediatamente con palos y horcas, enseñándole al asno que las toscas actuaciones no son cosa de broma.

Moraleja:

No nos dejemos llevar del mal consejo que siempre dan los injustificados celos. Sepamos apreciar los valores de los demás.

El asno juguetón – Esopo


asnoUn asno se subió al techo de una casa y brincando allá arriba, resquebrajó el techado. Corrió el dueño tras de él y lo bajó de inmediato, castigándolo severamente  con un leño.

Dijo entonces el asno:

-¿Por qué me castigan, si yo vi ayer al mono hacer exactamente lo mismo y todos reían felizmente, como si les estuviera dando un gran espectáculo?

Trabaja siempre para lo que te has preparado, no hagas actividades para las que no lo estas.

El asno y el cochino – Samaniego


Envidiando la suerte del Cochino,
un Asno maldecía su destino.
«Yo, decía, trabajo y como paja;TEBYTIB202-719077
él come harina, berza y no trabaja:
a mí me dan de palos cada día;
a él le rascan y halagan a porfía».
Así se lamentaba de su suerte;
pero luego que advierte
que a la pocilga alguna gente avanza
en guisa de matanza,
armada de cuchillo y de caldera,
y que con maña fiera
dan al gordo cochino fin sangriento,
dijo entre sí el jumento:
Si en esto para el ocio y los regalos,
al trabajo me atengo y a los palos.

El asno perdido


Lucas, labrador de un pueblo, se fue por la mañana a la feria, el día de San Miguel. Después de mucho mirar y remirar, compró seis burros y, muy contento, se puso en marcha para regresar a su casa.burros

Hizo la primera parte del camino a pie. Luego se sintió cansado y se montó en uno de los burros.

Al poco rato, se le ocurrió contar a los borricos que llevaba; y, ¡oh sorpresa!, no veía delante de sí más que cinco. Volvió a contar por segunda vez, y … los mismo: no salían en la cuenta más que cinco burros.

– ¡Qué disgusto! El pobre labrador miraba a todas partes. Contaba sus burros una y otra vez. Uno, dos, tres, cuatro, cinco. ¡Caracoles, pues no hay más que cinco!.

Andando, andando, llegó a su casa medio desesperado. Sin apearse del burro, llamó a su mujer y le dijo:

– No me lo explico, mujer. En la feria compré seis burros. No he perdido ninguno y, por más que cuento no veo más que cinco.

– ¡Pobre tonto!, tranquilízate. Tú no cuentas más que cinco y yo veo ahora mismo siete!.

Los músicos de Bremen – Hermanos Grimm (para la cooperación)


asno Había una vez un hombre que tenía un asno, del cual pensaba desprenderse de algún modo, pues estaba ya  muy viejo y de tanto transportar sacos al molino había quedado casi inútil para el trabajo. El asno, que no era tonto, adivinó las intenciones de su amo y antes de que éste lo destinara a algún mal fin decidió obrar por su cuenta.

– ¡Ya está! – se dijo-. Me iré a la ciudad de Bremen, donde a lo mejor podré contratarme como músico municipal.

Y dicho y hecho, emprendió el camino hacia dicha ciudad.

Había andado ya un buen trecho cuando se encontró a un perro echado en el camino, el cual, por sus jadeos parecía agotado tras una larga caminata.
– Debes estar muy cansado, amigo -le dijo el asno.
– ¡Ni que lo digas! -le contestó el perro-. Verás, como ya soy viejo mi amo quiso matarme, pues dice que ya no sirvo para la casa. Así que decidí alejarme a todo correr. Lo que no sé es que podré hacer ahora para ganarme el pan.
– Mira -le dijo el asno-. Yo voy a Bremen a ver si me contrato como músico de la ciudad. Si vienes conmigo podrías intentar que te contratasen a ti también. Yo tocaré el laúd. Tú puedes tocar los timbales.

perro_y_gato La idea le gustó al perro y se fue con el asno. Poco después se encontraron a un gato con cara de no haber probado bocado en varios días.

– Parece que te van mal las cosas, minino -le dijo el asno.
– Y ¿cómo no me van a ir mal, si mi ama ha intentado ahogarme porque dice que ya soy demasiado viejo y no cazo ratones? -dijo el gato. Conseguí escapar, pero ¿qué puedo hacer ahora?
– Nosotros vamos a Bremen -dijo el asno- y, si nos acompañas, podrías entrar en la banda que vamos a formar, pues con tus maullidos servirías muy bien para el caso.

Aceptó el gato la invitación y prosiguieron todos juntos el camino. Cuando pasaron cerca de una granja vieron en lo alto de un portal a un gallo que se desgañitaba cantando.2a_gallos_2005_017_sized

– ¿Qué te ocurre para que grites así? -le preguntó el asno.

– Estoy desesperado -le contestó el gallo-. Mañana es fiesta y mi ama ha ordenado a la cocinera que esta noche me corten el cuello para hacer conmigo un buen guiso.
– No te apures -le dijo el asno-. Vente con nosotros a Bremen, donde formaremos una banda. Tú, con tu buena voz, nos serás muy útil allí.

El gallo aceptó la invitación y se unió a los demás.

musicos-de-bremen12Pero Bremen estaba lejos y se les hizo de noche por el camino, así que decidieron descansar en un bosque. Ya se habían acomodado bajo un árbol,  cuando el gallo, que se había encaramado a la rama más alta, avisó a sus compañeros de que veía una luz a lo lejos.

– Debe ser una casa -dijo el asno-. Creo que será mejor que nos dirijamos allá, pues aquí no estaríamos muy cómodos.

Obedecieron todos al asno y se pusieron en camino. Estando ya muy cerca de la casa vieron que se trataba  de una guarida de ladrones. El asno, que era el más corpulento, se empinó hasta la ventana para inspeccionar el interior.

– ¿Qué ves? -le preguntó el gallo.
– Veo una mesa puesta -contestó el asno-, con mucha comida y bebida. Junto a ella hay unos bandidos que están cenando muy bien.
– ¡Ojalá pudiéramos hacer lo mismo nosotros! -exclamó el gallo.
– ¡Ni que lo digas! -asintió el asno.images

Se pusieron entonces los cuatro amigos a deliberar acerca de cómo podrían arreglárselas para ahuyentar a los bandidos. Al final, discurrieron una buena artimaña. El asno se puso de manos al lado de la ventana; el perro se encaramó a las espaldas del asno; el gato se montó encima del perro y, por último, el gallo batió sus alas y fue a posarse en la cabeza del gato. Ya bien colocados, el asno dio la señal y todos a una se pusieron a emitir gritos. ¡Figuraros la que armarían el perro ladrando, el gato maullando, el gallo cantando y el burro rebuznando!. En medio de aquella algarabía los cuatro compañeros se precipitaron de golpe en la habitación rompiendo los cristales de la ventana.

Los bandidos, aterrorizados por tan súbito estruendo, no se pararon a pensar de qué podía tratarse y salieron rápidamente. Nuestros cuatro amigos habían logrado su propósito y , sin esperar a más, corrieron hacia la mesa, para dar buena cuenta de la suculenta comida.
¡Menudo atracón se dieron!
Concluido el banquete, estuvieron un buen rato relamiéndose de gusto. Después, apagaron la luz y cada cual se fue en busca de un buen sitio donde pasar la noche.
Sería media noche cuando los ladrones, al observar desde lejos que noz108185995 había luz en la casa y que todo parecía tranquilo en ella, empezaron a tranquilizarse.

– Creo que hemos sido demasiado miedosos -dijo el jefe de los bandidos-. Convendría ir allá a echar un vistazo.

Entonces mandó a uno de la cuadrilla a que fuera allí a reconocer el terreno.

El enviado entró en la casa a oscuras y se dirigió a la cocina a encender una luz. Algo brillaba en el fogón, sin duda unas brasas, y se acercó a ellas. Pero no, no eran brasas, sino los ojos del gato. El minino, al sentirse molestado, saltó a la cara del intruso y empezó a arañarle y a dar  bufidos. El bandido, muy asustado, echó a correr; pero al pasar por la puerta, el perro se tiró sobre él  le clavó los colmillos en una pierna; siguió corriendo a través de la cuadra, y el asno le atizó una tremenda coz, mientras el gallo, que también se había despertado, empezó a gritar con todas sus fuerzas desde la viga: «¡Kikiriki!, ¡Kikiriki!, ¡Kikiriki!…»
El bandido, pese a lo maltrecho que había quedado, salió disparado hacia donde estaba la cuadrilla, y al llegar allí le dijo al capitán:

– ¡Qué espanto!…En la casa hay una bruja endemoniada que con sus largas uñas me ha llenado la cara de arañazos. ¡Y cómo bufaba la condenada! Después, en la puerta, un hombre se ha lanzado sobre mí con un cuchillo y me lo ha clavado en una pierna. Por si fuera poco, al pasar por la cuadra un negro gigantesco me ha dado un golpe descomunal con una porra tremenda…Y aun, desde el tejado, el juez no paraba de gritar: «¡Traédmelo aquí, traédmelo aquí…!» Menos mal que he podido salir con vida de tan horrible trance. ¡Huyamos, huyamos todos enseguida!

Así lo hicieron los bandidos, quienes jamás se atrevieron a acercarse por aquellos andurriales. Gracias a ello, los cuatro músicos de Bremen pudieron pasar en aquella casa su vejez con toda comodidad y sosiego.

 

14. Final


Para flautín, clarinete, armónica de cristal, xilófono, 2 pianos, 2 violines, viola, violonchelo y contrabajo.

La música es muy alegre y tiene un tema que aparece más de una vez.
Esta pieza es la única que no tiene nombre de animal pero es como un resumen de toda la obra, así que aparecen varios animales en ella… El inicio es como la introducción y más adelante regresan los asnos salvajes, las gallinas, los canguros y los burros. Si prestas atención podrás buscar estos animales en la música.

8. Personajes con largas orejas


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Esta pequeña pieza fue compuesta para 2 violines.

Los violines imitan con mucha exactitud el rebuznar de los burros, ¡ya lo veréis!: