La leyenda de la Mara y el Invierno


Los Tehuelches o Chonkes, contaban el tiempo por 64518392lunas y los años por guanaqueadas. Claro que para llegar a fijar los distintos tiempos, pasaron varios sistemas y formas hasta que lograron establecer el que les pareció más acertado, basándose en elementos naturales, tales como la luna, el sol y los astros.

Cuando no existían las estaciones y los animales  hablaban, cuenta una abuela a los niños, que Elal convocó a todos para ponerse de acuerdo en el tiempo de duración de cada estación:

– Mis hijitos necesitan mamar durante tres lunas para poder crecer bien y ser fuertes. Dijo mamá Guanaca.

– De manera que ese tiempo debiera ser el de más sol y de mejor pasto para que las madres tengamos energía y ellos puedan valerse por sí solos.

– También pienso lo mismo – acotó un Kaikén, estirando el cuello por encima de un Pato Barcino – nosotros también tenemos que criar a nuestros hijos.Elal.jpg

– ¿Desde cuándo los Kaikenes maman?

Dijo el alegre Chingolito, saltando a la rama más alta del calafate, mientras atrapaba a un distraído Mosquito.

– Además, habiendo calor y agua, crecerá el pasto del que nos alimentamos y donde podremos esconder los nidos para que los Zorros y los Gatos no los vean.

– Necesitamos frío. Dijo el Zorro, sin hacer caso al Kaikén . Eso nos afirma el pelo, ya que cuando hace calor, empezamos a pelechar.

– ¡Nos moriríamos de frío!, acotó un Pecho Colorado, trepando a una rama de moye para estar mejor ubicado.

– ¡Haciendo una buena cueva en una barranca, no hay frío que valga! Manifestó doña Lechuza, girando la cabeza para ver si alguien la apoyaba.

– ¡Eso es! Nosotros los cazadores preferimos el frío y la nieve. En la nieve se puede rastrear mejor y como las noches de invierno son tan largas, podríamos dormir mejor sin que nos moleste la luz del día. Opinó el Puma, de acuerdo a su lógica.

– Si todo el año fuera invierno, muchos nos iríamos para siempre a otros climas más cálidos. Mejor sería que todo el año fuera verano, para no tener que viajar tanto. Acotó el Flamenco que estaba parado en una pata.

– ¿Y si fuera mitad y mitad?, así nosotros viviríamos más felices con el calor y dormiríamos con el frío. Propuso un Piche, con los ojos entrecerrados.

– Yo propongo, -argumentó la Codorniz-, tres lunas de frío, tres de calor y las otras seis mezcladas.

– ¿Cómo mezcladas? Preguntó doña Laucha asomando su naricita entre las raíces de una mata negra achaparrada.

– ¡Claro!, después del calor ir mermando de a poco para irse acostumbrando, lo mismo después del frío. Respondió la Codorniz.

Dijo el Piche:

– Me parece mucho lío, de esa manera uno no sabría donde comienza uno y donde termina el otro.

Sentenció la Mara:

– Veo que el problema consiste en la duración del invierno y habiendo escuchado las propuestas me parece correcto que dure solamente tres lunas, de esa manera estaríamos todos conformes porque… 

– ¡No, no! ¡Qué sea todo invierno y listo! Interrumpió el Avestruz.

– ¡Eso es una barbaridad! – respondió la Mara resoplando. – ¿Cómo se le ocurre que las doce lunas sean de frío? ¡Nos moriríamos escarchados!

– ¡Y de hambre! Y si tenemos hambre y frío, no podríamos cantar como nos gusta. Sentenció la Calandria.

El Avestruz impertérrito agregó:

– El que quiera calor que se vaya al norte y cuando se canse de disfrutar del sol, que vuelva al sur, donde hallará siempre frío.

-Me parece que la Codorniz tiene razón. – insistió la Mara – sería mejor para todos tener un tipo de clima para que puedan florecer las plantas, madurar los frutos, crecer los pichones y durante las tres lunas de frío, descansar en los refugios y jugar sobre la escarcha.

– ¡No, no, me opongo!, doce lunas de invierno. ¡Qué en el sur sea siempre invierno y en el norte siempre verano!. Entonces uno elige lo que más le guste, dijo el Avestruz.

– Insisto en tres lunas de invierno, de manera que haya clima para todos y no tengamos que irnos para siempre del sur. Manifestó molesta la Mara.avestruz

– No sea porfiada doña Mara… ¡Doce lunas!

– ¡No! ¡Tres he dicho! ¡Es lo más justo!

La discusión subía de tono, mientras los demás participantes iban tomando partido por uno o por otro según las argumentaciones de los disidentes.

– ¡Doce lunas! ¡Doce! ¡Doce!. El Avestruz se iba quedando sin argumento evidentemente y pretendía imponer su porfiada idea gritando su propuesta:

– ¡Tres! Decía una vez más la Mara, golpeando el suelo con su mano. -¡No puede ser de otra manera! La mayoría está de acuerdo con mi propuesta.

– ¡Doce lunas! Seguía gritando el Avestruz, cada vez más afónico.

-¡TRES! Gritó la Mara, dando fin a la discusión con la rúbrica de un manotazo al suelo y no dispuesta a continuar una reyerta sin sentido, dio media vuelta y pretendió entrar a su cueva, pero el Avestruz empecinado en seguir la discusión, la persiguió alcanzando a pisarle su hermosa colita, con tanta mala suerte, que se la arrancó.

Elal, que había escuchado en silencio todas las propuestas, reconoció la razón de la Mara y sentenció:

– Habrá cuatro estaciones de tres lunas cada una: Verano, Otoño, Invierno y Primavera.

Y así fue, aunque la Mara desde entonces quedó sin cola y el Avestruz no se curará jamás de su afonía.

Leyenda popular argentina

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