Los dinosaurios no se extinguieron (para el respeto a los animales)


En una región remota del desierto de Gobi, había un viejo volcán extinto desde la era secundaria. Aunque no tenía actividad desde hacía millones de años, no estaba para nada quieto, pues en su interior, vivían cientos de grandes dinosaurios, los que se habían organizado en una sociedad.

Como la sociedad dinosáurica, llevaba tanto tiempo viviendo en ese lugar, sus recursos comenzaban a escasear, por lo que pensaron que deberían abandonar su viejo volcán para retornar al mundo exterior a procurarse alimento.

Los dinosaurios no habían tenido contacto con el resto del mundo durante todo ese larguísimo tiempo. Imagínense, millones de años sin salir. Por eso, no tenían muy claro el rumbo que debían tomar, entonces decidieron salir a explorar los alrededores hasta encontrar alimento.

Cuando los dinosaurios llegaron a la falda del volcán, se encontraron con un enorme desierto, que abarcaba mucho más allá de lo que podían ver. Se sintieron un poco intimidados, pero no tenían otro remedio, debían continuar.

Pasaron días y meses caminado, con calor durante el día y frío durante la noche. El alimento que encontraban a su paso era muy escaso, algunas plantas, gusanos, ratones y poca cosa más.

Avanzaron sin rendirse, pues ya no tenían hogar, hasta que finalmente llegaron a un poblado durante una noche muy fría y entraron en él. Las casas eran enormes y todo estaba callado.

Continuaron investigando hasta que al doblar en una de las enormes casas, dieron con el trozo de carne más enorme que hubiesen visto en su existencia. El animal al que perteneció, debía ser de un tamaño inimaginable, mucho más grande que ellos mismos, que eran criaturas gigantes. Pero estaban tan hambrientos que no se hicieron preguntas y comenzaron a comer. Acabaron con la carne y no tardaron en dormirse, tenían los estómagos llenos y estaban contentos.

A la mañana, un barullo insoportable los despertó, el pueblo estaba en plena actividad. Pero su sorpresa fue más gigante que el trozo de carne. Todos los habitantes del pueblo eran gigantescos. Mucho más de lo que pudiesen imaginar. Quedaron paralizados, sin saber qué hacer.

Un niño que jugaba en el suelo los vio y quedó encantado.

– Mamá, ¿puedo quedarme con los muñecos?- preguntó. – ¿De qué muñecos me hablas, Uni?- preguntó a su vez la madre. – Los pequeños dinosaurios. Parecen vivos.- respondió el niño. – Vaya, vaya, pero sí están vivos. Los llevaremos a casa y se los mostraremos al doctor Gengis, él sabrá qué hacer.

La madre habló con el doctor Gengis, quien le explicó lo que eran y las probables razones para que estuvieran allí.

El sabio doctor estaba convencido de que los dinosaurios habían sobrevivido en algún lugar aislado y debido a las condiciones de vida, se habían adaptado hasta tomar el tamaño diminuto actual, lo cual había permitido que continuaran a salvo. Además de esto, le aconsejó que no revelara la presencia de los animales a nadie fuera del pueblo, pues seguramente querrían estudiarlos y los someterían a experimentos horribles.

Y eso fue lo que hicieron, el pueblo cuidó de los dinosaurios miniatura para que no sufrieran daño alguno. Y todavía lo siguen haciendo. Aunque eso, jamás nos lo revelarán.

De: Andrea Sorchantes

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