Los Cuentos de Hoffmann – J.Offenbach


En los últimos años de su vida, y tras haber conquistado la fama en la composición de casi un centenar de operetas, Jacques Offenbach se propuso incursionar en Offenbach_caric400 la lírica escribiendo una ópera de carácter serio y de mayores dimensiones. Eligió para ello el tema que le había dado una pieza teatral de Jules Barbier y Michel Carré, basada en algunas historias del músico y escritor Ernest Theodor Amadeus Hoffmann. Jacques Offenbach, no llegó a presenciar el estreno: había muerto cuatro meses antes.

Compuesta en tres actos más un prólogo y un epílogo, El protagonista es un personaje que en verdad existió: el músico y escritor alemán Ernst Theodor Amadeus Hoffmann, quien vivió entre 1776 y 1822.

“Los cuentos de Hoffmann” están basados en tres narraciones de este escritor, que de modo autobiográfico narran amores frustrados.

Debe tenerse en cuenta que si bien los personajes de la ópera pueden parecer algo exagerados, no hay que olvidar que es la imaginación de Hoffmann la que los deforma, pues es él mismo quien relata los cuentos bajo una permanente influencia del alcohol. Así, si los cuatro personajes femeninos principales representan diferentes aristas de la idealización del protagonista, los Image9 cuatro villanos moldean un esquema similar, simbolizando en su perfil diabólico el propio impulso de la mente extraviada de Hoffmann hacia su autodestrucción.

Cada acto está protagonizado por un personaje femenino (tan sólo el personaje del poeta Hoffmann (tenor) aparece en todos los actos) y, aunque a veces el orden de representación de éstos puede variar, Offenbach concibió la obra con el orden que se sigue en esta versión, y que viene ya siendo el habitual; Olympia Antonia Giulieta. La acción del prólogo y el epílogo se desarrolla en Nüremberg, y los tres actos, respectivamente, en París, Munich y Venecia en el siglo XIX.

Argumento:

El prólogo nos lleva a la taberna de Lutter, el lugar de encuentro de los estudiantes de Berlín, cerca del teatro. Allí, el consejero Lindorf observa al criado de la cantante Stella mientras lleva una carta destinada al poeta Hoffmann. Éste ha convertido la taberna de Lutter, después de largos viajes y numerosas aventuras, en su local predilecto, donde suele rodearlo un grupo de jóvenes para oír sus fascinantes relatos y fantasías. En ese momento se encuentran todos en la vecina ópera, donde está por terminar el primer acto del Don Juan de Mozart y la diva Stella es aclamada. Sólo Lindorf está ya en la taberna, en la que retiene al criado de Stella; Lindorf aparecerá en todos los relatos de Hoffmann con diferente figura: es su ángel malo, un demonio al que el poeta nunca ha podido echarle el guante en la vida cotidiana. Y también entra en juego un ser: la musa de Hoffmann, su inspiración, su arte de la poesía. Por lo tanto, tampoco esta musa, como Lindorf, es una criatura totalmente «real», sino más bien alguien perteneciente a un «reino intermedio», algo que el romanticismo llevó con frecuencia a la escena. Lindorf quiere poseer a la bella Stella, de la que sabe que antes, en alguna ciudad, fue amante de Hoffmann. Ella envía a Hoffmann una carta con la llave de su habitación. Lindorf compra al criado ambas cosas; Hoffmann, como todas las noches, tendrá que emborracharse y desplomarse sin sentido. Lindorf puede disfrutar de su triunfo.

En el acto primero, en casa del físico e inventor Spalanzani, en París, donde éste da los últimos toques a su maravillosa nueva creación: Olympia, una muñeca mecánica que parece una muchacha de verdad.

Hoffmann, que se ha enamorado locamente de Olympia, llega a la casa de Spalanzani para verla, con el pretexto de tomar lecciones científicas.

El inventor da una fiesta en su casa y se va a preparar la llegada de los invitados, mientras Hoffmann descubre a la muchacha oculta en una habitación y expresa su admiración por ella.

Llega su amigo Niklaus y le ruega que no haga más el ridículo con la muñeca, pero Hoffman no el hace caso.

Irrumpe luego el espantado doctor Coppelius, que recuerda al diablo. El es quien ha proporcionado los ojos que dan a Olympia su apariencia definitivamente humana, pero ahora viene a cobrar, incomodando a Spalanzani, que finalmente le paga.

Coppelius le vende a Hoffmann unos anteojos que le hacen ver aún más atractiva a Olympia.
Llegan los invitados y el dueño de casa presenta a la muñeca, que cantará una canción llena de efectos vocales.

Mientras los invitados cenan, Hoffmann, pese a los avisos de su amigo Niklaus, declara su amor a Olympia, que responde sólo con monosílabos.
Luego comienza el baile y Hoffmann danza con Olympia hasta que ésta se desarma sus brazos. la-dama-de-las-camelia

Coppelius advierte a Spalanzani que lo ocurrido está bien por haberle pagado con un cheque sin fondos, a la vez que Hoffmann se horroriza por haberse enamorado de una muñeca. Todos los presentes se burlan de Hoffmann, pero Niklaus lo consuela y se lo lleva fuera del lugar.

Por fin puede bailar con Olimpia, y cuando ésta responde cada vez con un monótono «sí» a su fogosa petición de mano, cree encontrarse en el cielo. Sin embargo, una disputa entre el mago y su ayudante Coppelius, al que Spalanzani ha querido endosar un cheque sin fondos, significa el fin de Olimpia, que sucumbe a manos de Coppelius (sin duda se trata de una encarnación de Lindorf, que aparece en el prólogo). ¡Hoffmann se enamoró de un autómata!

El acto segundo comienza con la mundialmente famosa barcarola. En Munich, casa de Crespel, de cuya hija Antonia se ha enamorado ahora el poeta Hoffmann. Antonia es una mujer sensible y muy hermosa, y Hoffmann cree haber hallado en ella su ideal.

Antonia canta sentada al piano. El padre entra acongojado, pues su hija está enferma y no debe cantar, pero ella ha heredado la bella voz de su madre, muerta de tisis, y Antonia está siguiendo sus mismos pasos. Antonia promete no volver a cantar, lamentando esa necesidad.

Crespel deja la casa advirtiendo a su criado Frantz que no deje entrara nadie. Pero esto no es obstáculo para que a la casa llegue Hoffmann y se encuentre con Antonia, quien al oírlo se alegra y canta con él un apasionado dueto.

Hoffmann debe ocultarse porque regresa el padre acompañado del doctor Miracle, personaje siniestro del que Crespel sospecha que fue el causante de la muerte de su esposa y madre de Antonia.

El doctor Miracle hace que la muchacha cante, tratando con ello de captar su alma. Crespel se indigna y echa de su casa al maligno doctor.

Hoffmann reaparece y pide su hija que no cante, pues su salud peligra. Pero apenas se ha ido, el doctor Miracle regresa y hace que Antonia oiga la voz de su madre, que la incita a cantar.

El siniestro personaje toca enloquecido su violín y Antonia canta sin cesar. Luego éste desaparece y Antonia cae muerta a los pies de Crespel y Hoffmangrillo4n, en el momento en que estos entraban a la habitación.  

En el acto tercero, se ve una galería sobre el Gran Canal de Venecia.

Hoffmann no ha aprendido de sus errores y ahora se ha enamorado de Julieta, una bella cortesana veneciana. Esta canta junto con Niklaus la famosa “Barcarola”, lánguida y sensual.

Hoffmann canta su amor por Julieta, pero descubre que tiene un rival en Schlemil, que le impide su acceso a la mujer amada. Niklaus advierte a su amigo que no se deje llevar nuevamente por amores imposibles.

Aparece ahora otro ser maligno, Dapertuto, el verdadero amor de Julieta, quien se vale de ella para robar las almas de sus enemigos. Ofreciendo a la mujer un gran diamante que lleva consigo, Dapertuto consigue que Julieta robe la imagen de Hoffmann.

Dapertuto y Pitichinaccio, otro admirador de Julieta, se burlan ahora de Hoffmann, a la vez que Schlemil quiere atacarlo, pero este logra aniquilarlo y quitarle la llave de la habitación de la cortesana.

Pero, ya es tarde, pues Hoffmann ve pasar una góndola donde Julieta huye con Pitichinaccio.

Una vez más el poeta sufre las penas de amores imposibles y Niklaus sigue siendo su único consuelo.

En el Epílogo, de nuevo la taberna de Luther en Nürenberg. Hoffmann ha terminado la narración de sus tristes amores. Niklaus comenta que en estas historias realmente había tres almas de mujer en una sola, y que ésta no es otra sino Stella. Pero el poeta ya ha renunciado al amor y sólo piensa en la Musa de su poesía, que ahora se le aparece.

La función de “Don Giovanni” que se representaba en el teatro cercano ha terminado y la cantante Stella regresa.Cuando se acerca a Hoffmann éste está borracho y dormido. Stella se va con Lindorf y Hoffmann se queda sólo, únicamente protegido por su Musa.

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