La rana y el ratón – La Fontaine


Cerca de una charca vivía un ratón bien alimentado. Estaba una mañana reposando junto al agua, tendido al sol, cuando una rana, que vio en el unRana-Hyla-plulchella excelente bocado, se acercó zalamera:

– Si supieras, ratón, las maravillas que encierra el fondo de esta charca … Puedes venir a mi casa, allí te daré una buena comida y, luego te llevaré a dar un paseo. Si vienes conmigo podrás admirar las bellezas de las grutas submarinas y las costumbres de sus habitantes.

El ratón escuchó atentamente las palabras de la rana, y le gustó la proposición. No recelaba nada el pobre tonto y ya se iba alanzar al agua, cuando se encontró con un problema.

Le dijo a la rana:

– Yo no sé nadar, ni tampoco bucear, ¿Cómo voy a entrar en las aguas?. Me hundiré en seguida.

La rana, que no estaba dispuesta a perder su presa, reflexionó unos segundos y, creyó haber dado con la solución oportuna. Le dijo al ratón que podía atarse una pata a un junco y ella le arrastraría con la boca. De esta manera podría viajar y no se hundiría.

ratonEl ratón asintió encantado y así lo hicieron. Pero apenas penetraron en el agua, la rana comenzó a tirar con fuerza hacia abajo tratando de que el ratón se hundiera en las aguas, para poder apoderarse de él.

Demasiado tarde el animalito se dio cuenta de la trampa y suplicaba que la rana le dejase en libertad; pero ésta se burlaba de sus lamentos y tiraba cada vez más fuerte hacia las profundidades de la charca.

A pesar de que el ratón resistía con todas sus fuerzas, estaba a punto de ahogarse y,  perdidas las esperanzas gritaba sin cesar con su voz aguda.

Un milano acertó a pasar por aquel lugar en este preciso momento y, al ver al ratón forcejeando sobre las aguas, sintió que se le abría el apetito y bajó con rapidez hasta la superficie de la charca. Cogió al ratón entre sus garras y lo levantó en el aire y, cual no sería su sorpresa al darse cuenta de que la rana, que tenía el junco agarrado, seguía al ratón.

El milano se puso muy contento, pues para cenar iba a disfrutar de carne y pescado.

MORALEJA:

La mejor trampa puede hacer caer en ella a su mismo inventor.

Y ahora llega la música, la pieza que os propongo fue compuesta por Nicolai Rimsky Korsakov, un músico ruso de finales del siglo XIX y principios del pasado, seguro que, cuando la oigáis, imaginaréis al milano siguiendo a sus presas o cualquier persecución de las que aparecen en los dibujos animados. Se llama “El vuelo del moscardón” (o “El vuelo del abejorro”) ¿A qué la conocéis?.

 Rimsky Korsakov escribió esta pieza para su ópera El cuento del Zar Saltán entre 1899 y 1900. La pieza cierra el Acto III, justo después de que el Ave-Cisne mágico le de al Príncipe Gvidon Saltanovich (el hijo del Zar) instrucciones de cómo convertirse en un insecto para que pueda volar y visitar a su padre (que no sabe que él sigue vivo).

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