Dúo de los gatos – G. Rossini

 

 

Es este un dueto buffo que fue escrito por Rossini. El famoso y cómico “Dúo de los gatos” sólo consta de la palabra “miau” repetida de múltiples formas que entrañan gran dificultad para sus intérpretes.

G. Rossini tenía un gran sentido del humor y no le hacía ninguna gracia que los cantantes modificaran las partituras de sus óperas en beneficio de su propio lucimiento, osadía en la que, a principios del siglo XIX, las sopranos eran auténticas virtuosas. Se desconoce con certeza si algo de lo segundo tuvo que ver en la composición de esta pequeña pieza para piano y dos voces femeninas, generalmente soprano y mezzosoprano, pero lo cierto es que llamó poderosamente la atención que el gran Rossini hiciera cantar a dos gatos. La compuso el maestro en honor de un par de gatos que todas las mañanas venían a visitarlo a su ventana en su casa de Padua.

La ratita presumida – Hermanos Grimm

En un bonito pueblo había una casita que tenía fama por ser la más limpia y reluciente. En ella, vivía una simpática ratita que era muy, pero que muy presumida.
Un día, mientras barría la puerta de su casa, la Ratita vio algo en el suelo:ratita[1]

-¡Qué suerte, si es una moneda de oro! Me compraré una cinta de seda para hacerme un lazo. Entonces se fue a la mercería del pueblo y se compró el lazo más bonito.

-Tra, lará, larita, limpio mi casita, tra, lará, larita, limpio mi casita! cantaba la Ratita, mientras salía a la puerta para que todos la vieran.

- Buenos días, Ratita dijo el señor Burro. Todos los días paso por aquí, pero nunca me había fijado en lo guapa que eres.

- Gracias, señor Burro dijo la Ratita poniendo voz muy coqueta.

- Dime, Ratita, ¿te quieres casar conmigo?

- Tal vez – respondió la ratita -. Pero ¿cómo harás por las noches?

-¡Hiooo, hiooo! bufó el burro soltando su mejor rebuzno.

Y la Ratita contestó:

-¡Contigo no me puedo casar, porque con ese ruido me despertarás!

perro1 Se fue el Burro bastante disgustado, cuando, al pasar, dijo el señor Perro:

-¿Cómo es que hasta hoy no me había dado cuenta de que eres tan requetebonita?. Dime, Ratita ¿te quieres casar conmigo?

- Tal vez, pero antes dime: ¿cómo harás por las noches?

-¡Guauuu, guauuu.

-¡Contigo no me puedo casar, porque con ese ruido me despertarás!

Mientras, un Ratoncito que vivía cerca de su casa y que estaba enamorado de ella veía lo que pasaba. Se acercó y dijo:

-¡Buenos días, vecina!

-¡Ah!, eres tú! dijo sin hacerle caso.

-Todos los días estás preciosa, Pero hoy más. cat_4

-Muy amable, pero no puedo hablar contigo porque estoy muy ocupada.

Después de un rato pasó el señor Gato y dijo: 

-Buenos días, Ratita, ¿sabes que eres la joven más bonita? ¿Te quieres casar conmigo?

-Tal vez dijo la Ratita-, pero ¿cómo harás por las noches?

-¡Miauuu, miauuu! contestó con un dulce maullido.

-¡Contigo me quiero casar, pues con ese maullido me acariciarás!

El día antes de la boda, el señor Gato invitó a la Ratita a comer unas cuantas golosinas al campo, pero mientras preparaba el fuego la Ratita miró en la cesta para sacar la comida, y…

Ratones-enamorados-¡Qué raro!, sólo hay un tenedor, un cuchillo y una servilleta; pero ¿dónde está la comida?

- ¡La comida eres tú! dijo el Gato, y enseñó sus colmillos.

  Cuando iba a comerse a la Ratita, apareció el Ratoncito, que, como no se fiaba del Gato, los había seguido hasta allí. Entonces, cogió un palo de la fogata y se lo puso en la cola para que saliera corriendo.

-Ratita, Ratita, eres la más bonita – le dijo el Ratoncito muy nervioso. ¿Te quieres casar conmigo?

- Tal vez, pero ¿cómo harás por las noches?

- Por las noches dijo él-, dormir y callar.

- Entonces, contigo me quiero casar.

Poco después se casaron y fueron muy pero que muy felices.

Los músicos de Bremen – Hermanos Grimm (para la cooperación)

asno Había una vez un hombre que tenía un asno, del cual pensaba desprenderse de algún modo, pues estaba ya  muy viejo y de tanto transportar sacos al molino había quedado casi inútil para el trabajo. El asno, que no era tonto, adivinó las intenciones de su amo y antes de que éste lo destinara a algún mal fin decidió obrar por su cuenta.

- ¡Ya está! – se dijo-. Me iré a la ciudad de Bremen, donde a lo mejor podré contratarme como músico municipal.

Y dicho y hecho, emprendió el camino hacia dicha ciudad.

Había andado ya un buen trecho cuando se encontró a un perro echado en el camino, el cual, por sus jadeos parecía agotado tras una larga caminata.
- Debes estar muy cansado, amigo -le dijo el asno.
- ¡Ni que lo digas! -le contestó el perro-. Verás, como ya soy viejo mi amo quiso matarme, pues dice que ya no sirvo para la casa. Así que decidí alejarme a todo correr. Lo que no sé es que podré hacer ahora para ganarme el pan.
- Mira -le dijo el asno-. Yo voy a Bremen a ver si me contrato como músico de la ciudad. Si vienes conmigo podrías intentar que te contratasen a ti también. Yo tocaré el laúd. Tú puedes tocar los timbales.

perro_y_gato La idea le gustó al perro y se fue con el asno. Poco después se encontraron a un gato con cara de no haber probado bocado en varios días.

- Parece que te van mal las cosas, minino -le dijo el asno.
- Y ¿cómo no me van a ir mal, si mi ama ha intentado ahogarme porque dice que ya soy demasiado viejo y no cazo ratones? -dijo el gato. Conseguí escapar, pero ¿qué puedo hacer ahora?
- Nosotros vamos a Bremen -dijo el asno- y, si nos acompañas, podrías entrar en la banda que vamos a formar, pues con tus maullidos servirías muy bien para el caso.

Aceptó el gato la invitación y prosiguieron todos juntos el camino. Cuando pasaron cerca de una granja vieron en lo alto de un portal a un gallo que se desgañitaba cantando.2a_gallos_2005_017_sized

- ¿Qué te ocurre para que grites así? -le preguntó el asno.

- Estoy desesperado -le contestó el gallo-. Mañana es fiesta y mi ama ha ordenado a la cocinera que esta noche me corten el cuello para hacer conmigo un buen guiso.
- No te apures -le dijo el asno-. Vente con nosotros a Bremen, donde formaremos una banda. Tú, con tu buena voz, nos serás muy útil allí.

El gallo aceptó la invitación y se unió a los demás.

musicos-de-bremen12Pero Bremen estaba lejos y se les hizo de noche por el camino, así que decidieron descansar en un bosque. Ya se habían acomodado bajo un árbol,  cuando el gallo, que se había encaramado a la rama más alta, avisó a sus compañeros de que veía una luz a lo lejos.

- Debe ser una casa -dijo el asno-. Creo que será mejor que nos dirijamos allá, pues aquí no estaríamos muy cómodos.

Obedecieron todos al asno y se pusieron en camino. Estando ya muy cerca de la casa vieron que se trataba  de una guarida de ladrones. El asno, que era el más corpulento, se empinó hasta la ventana para inspeccionar el interior.

- ¿Qué ves? -le preguntó el gallo.
- Veo una mesa puesta -contestó el asno-, con mucha comida y bebida. Junto a ella hay unos bandidos que están cenando muy bien.
- ¡Ojalá pudiéramos hacer lo mismo nosotros! -exclamó el gallo.
- ¡Ni que lo digas! -asintió el asno.images

Se pusieron entonces los cuatro amigos a deliberar acerca de cómo podrían arreglárselas para ahuyentar a los bandidos. Al final, discurrieron una buena artimaña. El asno se puso de manos al lado de la ventana; el perro se encaramó a las espaldas del asno; el gato se montó encima del perro y, por último, el gallo batió sus alas y fue a posarse en la cabeza del gato. Ya bien colocados, el asno dio la señal y todos a una se pusieron a emitir gritos. ¡Figuraros la que armarían el perro ladrando, el gato maullando, el gallo cantando y el burro rebuznando!. En medio de aquella algarabía los cuatro compañeros se precipitaron de golpe en la habitación rompiendo los cristales de la ventana.

Los bandidos, aterrorizados por tan súbito estruendo, no se pararon a pensar de qué podía tratarse y salieron rápidamente. Nuestros cuatro amigos habían logrado su propósito y , sin esperar a más, corrieron hacia la mesa, para dar buena cuenta de la suculenta comida.
¡Menudo atracón se dieron!
Concluido el banquete, estuvieron un buen rato relamiéndose de gusto. Después, apagaron la luz y cada cual se fue en busca de un buen sitio donde pasar la noche.
Sería media noche cuando los ladrones, al observar desde lejos que noz108185995 había luz en la casa y que todo parecía tranquilo en ella, empezaron a tranquilizarse.

- Creo que hemos sido demasiado miedosos -dijo el jefe de los bandidos-. Convendría ir allá a echar un vistazo.

Entonces mandó a uno de la cuadrilla a que fuera allí a reconocer el terreno.

El enviado entró en la casa a oscuras y se dirigió a la cocina a encender una luz. Algo brillaba en el fogón, sin duda unas brasas, y se acercó a ellas. Pero no, no eran brasas, sino los ojos del gato. El minino, al sentirse molestado, saltó a la cara del intruso y empezó a arañarle y a dar  bufidos. El bandido, muy asustado, echó a correr; pero al pasar por la puerta, el perro se tiró sobre él  le clavó los colmillos en una pierna; siguió corriendo a través de la cuadra, y el asno le atizó una tremenda coz, mientras el gallo, que también se había despertado, empezó a gritar con todas sus fuerzas desde la viga: “¡Kikiriki!, ¡Kikiriki!, ¡Kikiriki!…”
El bandido, pese a lo maltrecho que había quedado, salió disparado hacia donde estaba la cuadrilla, y al llegar allí le dijo al capitán:

- ¡Qué espanto!…En la casa hay una bruja endemoniada que con sus largas uñas me ha llenado la cara de arañazos. ¡Y cómo bufaba la condenada! Después, en la puerta, un hombre se ha lanzado sobre mí con un cuchillo y me lo ha clavado en una pierna. Por si fuera poco, al pasar por la cuadra un negro gigantesco me ha dado un golpe descomunal con una porra tremenda…Y aun, desde el tejado, el juez no paraba de gritar: “¡Traédmelo aquí, traédmelo aquí…!” Menos mal que he podido salir con vida de tan horrible trance. ¡Huyamos, huyamos todos enseguida!

Así lo hicieron los bandidos, quienes jamás se atrevieron a acercarse por aquellos andurriales. Gracias a ello, los cuatro músicos de Bremen pudieron pasar en aquella casa su vejez con toda comodidad y sosiego.

 

El ratón, la comadreja y la gata – Leonardo da Vinci

“Cierta mañana quiso un ratón salir de su agujero pero, como era precavido, antes de nada dirigió un vistazo por los alrededores.

¡De buena había escapado, gracias a su previsión! tom jerry

- ¡Caramba, la comadreja a dos pasos de aquí!. Esperaré a que se marche, no vaya a servirle de almuerzo.

De repente llegó la gata gris con aire goloso y sin dar tiempo a la comadreja para escapar, saltó sobre su lomo, la apresó con los dientes y empezó a devorarla.

- ¡Vaya…! Estoy de suerte -murmuró el incauto ratoncillo-. Ahora ya puedo tranquilamente ir a dar un paseíto.

Y avanzó tan alegre y descuidado, moviendo con énfasis la cola.

Pero su libertad apenas duró un instante, ya que el pobre la perdió, juntamente con la vida, entre los dientes de la insaciable gata gris”.

“No confíes en quien ataca a tu enemigo pues puede hacer lo mismo contigo”.

El gato con botas – Perrault (para la amistad)

Un molinero que tenía tres hijos.gato-2

A su muerte, el pobre molinero les dejó a sus hijos, como únicos bienes: su molino, su burro y su gato. Muy pronto se hizo el reparto, para el cual no se necesitó notario ni otra autoridad; nada sobró del pobre patrimonio. El hijo mayor se quedó con el molino, el segundo recibió el burro y el menor sólo se quedó con el Gato; estaba desconsolado por tener tan poco.

—Mis hermanos —decía— podrán ganarse la vida honradamente trabajando juntos; en cambio yo, en cuanto me haya comido mi gato y haya hecho una bufanda con su piel, moriré de hambre.

El Gato, al oír este discurso, le dijo con un aire comedido y grave:

—No te aflijas en lo absoluto, mi amo, no tienes más que darme un saco y hacerme un par de botas para ir por los zarzales, y ya verás que tu herencia no es tan poca cosa como tú crees.

Gato con botas2 Aunque el amo del Gato no hizo mucho caso al oírlo, lo había visto actuar con tanta agilidad para atrapar ratas y ratones, y cuando se colgaba de sus patas traseras o cuando se escondía en la harina haciéndose el muerto, que no perdió la esperanza de que lo socorriera en su miseria. En cuanto el Gato tuvo lo que había solicitado, se calzó rápidamente las botas, se colocó el saco al cuello tomando los cordones con sus patas delanteras y se dirigió hacia un conejal en donde había muchos conejos. Puso salvado y hierbas dentro del saco, y se tendió en el suelo como si estuviese muerto; esperó que un tierno conejo poco conocedor de las tretas de este mundo viniera a meterse en el saco para comer lo que en él había. Apenas se hubo acostado tuvo un gran regocijo; un tierno y aturdido conejo entró en el saco. El Gato tiró de los cordones para atraparlo y luego lo mató sin misericordia. Orgulloso de su proeza, se dirigió hacia donde vivía el Rey y pidió que lo dejaran entrar para hablar con él. Le hicieron pasar a las habitaciones de Su Majestad; después de hacer una gran reverencia al Rey, le dijo:   0016

—He aquí, Señor, un conejo de campo que el Señor Marqués de Carabas (que es el nombre que se le ocurrió dar a su amo) me ha encargado ofrecerle de su parte.

—Dile a tu amo —contestó el Rey—, que se lo agradezco, y que me halaga en gran medida.

En otra ocasión, fue a esconderse en un trigal dejando también el saco abierto; en cuanto dos perdices entraron en él, tiró de los cordones y capturó a ambas. Enseguida se fue a regalárselas al rey, tal como había hecho con el conejo de campo. Una vez más, el Rey se sintió halagado al recibir las dos perdices, y ordenó que le dieran de beber. Durante dos o tres meses el Gato continuó llevando al Rey las piezas que cazaba y le decía que su amo lo enviaba. Un día se enteró que el Rey iría de paseo por la ribera del río con su hija, la princesa más bella del mundo,. y le dijo a su amo:

—Si sigues mi consejo podrás hacer fortuna; no tienes más que meterte en el río en el lugar que yo te indique y después dejarme actuar.

gatoEl Marqués de Carabas hizo lo que su Gato le aconsejaba, sin saber con qué fines lo hacía. Mientras se bañaba, pasó por ahí el Rey, y el Gato se puso a gritar con todas sus fuerzas:

—¡Socorro! ¡Auxilio! ¡Que se ahoga el Marqués de Carabás!

Al oír los gritos el Rey se asomó por la ventanilla y al reconocer al Gato que tantas piezas de caza le había entregado, ordenó a sus guardias que fueran prestos al  auxilio del Marqués de Carabás. Mientras sacaban del río al pobre Marqués, el Gato se acercó a la carroza y le dijo al Rey que durante el baño de su amo unos ladrones habían llegado y se llevaron sus ropas, a pesar de que él les gritó con toda su fuerza; el Gato las había escondido tras una enorme piedra. Al instante, el Rey ordenó a los oficiales de su guardarropa que fueran a buscar uno de sus más bellos trajes para dárselo al Marqués de Carabás.

El Rey le hizo mil halagos, y como los hermosos ropajes que acababan de darle realzaban su figura (pues era guapo y de buen porte), la hija del rey lo encontró muy de su agrado; además, como el Marqués de Carabás le dirigió dos o tres miradas, muy respetuosas y un poco tiernas, ella se enamoró enseguida de él. El rey quiso que subiera a su carroza y que los acompañara en su paseo. El gato,  encantado al ver que su plan empezaba a dar resultado, se adelantó a ellos, y cuando encontró a unos Gato4campesinos que segaban un campo les dijo:

—Buena gente, si no decías al rey que el campo que estáis segando pertenece al Marqués de Carabás, seréis hechos picadillos y convertidos en paté.

Al pasar por ahí, el rey no olvidó preguntar a los segadores de quién era el campo que segaban.

-Estos campos pertenecen al Marqués de Carabás, Señor.- respondieron los labriegos- Al marqués de Carabás, al Marqués de Carabás.

El rey, al ver tantas riquezas del Marqués de Carabás, decidió casar a su hija con el hijo menor del molinero, mientras el gato le presentaba todos los respetos y se había convertido en el gato más famoso de toda la comarca.

Y su Señor, el marqués de Carabás, en un joven príncipe, y las puertas reales se abrieron para dar paso a la feliz pareja.

y allí vivieron felices, y el gato con botas, como recompensa de su amo, vivió también en aquel castillo tan bonito.

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