- ¿Me dirás por qué abuelita
- Hijo, es la nieve que anuncia
de mi vida el triste invierno.
- ¿Y por qué, abuelita, tu cara
tan llena de arrugas veo?
- El pesar fue quien trazó
en mi rostro esos senderos.
- ¿ Y por qué tienes los ojos
teñidos de un tinte negro?
- Es porque he llorado mucho,
y apenada el alma tengo.
- Abuelita, ¿y por qué murmuras
siempre que te doy un beso?
- ¡Ah! Es que rezo, hijo mío,
para que Dios te haga bueno.
S.V.

















