Los doce signos del horóscopo oriental

HORSCO~1

Hace mucho, mucho tiempo, había un dios que vivía en el fondo de una montaña. El dios quería hacer una fiesta y decidió enviar una carta a todos los animales del país para invitarles.
La carta decía:

“He decidido hacer una fiesta el primero de enero y me gustaría que vinierais. Para que sea más divertido haremos una carrera. Según el orden en el que lleguéis, Persianestableceré la jerarquía de todos los animales y a cada uno le corresponderá un año.”

A los animales les pareció muy buena idea y todos querían ser los primeros para ser el jefe. Pero a uno de los animales, el gato, le dio pereza leer la carta y decidió preguntarle a la rata.
La rata, que era muy traviesa, le contestó:

- El dios que vive en la montaña nos invita a una fiesta y hará una carrera para decidir nuestra jerarquía -Pero entonces le mintió añadiendo- tenemos que llegar el 2 de enero.

El gato, que no sospechó que la rata le había dicho una fecha equivocada, le dio las gracias y se fue.
La noche del 31 de diciembre los animales decidieron irse a dormir temprano para poder levantarse pronto y ser los primeros. Solo el toro dijo: rata pokemon

- “Yo ya saldré ahora porqué soy muy lento caminando”.

La rata, que lo oyó, decidió aprovecharse y subió a su lomo exclamando:

- “¡Qué bien se está aquí!”. 

El toro, que no se percató de nada, siguió caminando.
Al día siguiente por la mañana, todos los animales menos el gato salieron corriendo hacia la casa del dios. Cuando el día ya despuntaba el toro fue el primero en aparecer en el lugar fijado. Pero el primero en llegar no fue el toro. ¡Fue la rata! El pequeño animal saltó desde el lomo del toro y fue corriendo hasta donde estaba el dios a quien saludó con un “¡feliz año nuevo!”. El toro se sintió humillado y llegó el segundo.

Los otros animales llegaron después. El tercero fue el tigre, el cuarto la liebre y el quinto el dragón. Les siguieron la serpiente, el caballo, la oveja, el mono, el gallo, el perro y, por último, el cerdo. El dios les dio la bienvenida a todos y empezaron la fiesta, que duró todo el día.

El gato llegó cuando la fiesta ya se había acabado. Cuando vio que todo el mundo ya se marchaba se enfadó mucho y gritó a la rata:

- “¡Me has engañado!”.

La rata tuvo miedo y se puso a correr, mientras el gato la perseguía.

Y es por culpa del engaño de la rata, que el gato no forma parte de los animales del horóscopo chino. Por eso, desde entonces, los gatos persiguen a las ratas.

Cuento popular japonés

Rhea Silvia

alba_longa La ciudad de Alba Longa se elevaba sobre las colinas del Lacio. Esta ciudad albergaba el palacio de rey Procas, un soberano de gran sabiduría que gobernó durante muchos años.

El rey tenía dos hijos, Numitor, el mayor, era dulce y generoso. En cambio Amulio, el pequeño, era avaro y cruel. La ley establecía que Numitor, el mayor, subiría al trono después de la muerte de Procas. Pero el rey temía que Amulio quisiera hacer desaparecer  a su hermano.

- Te dejaré la mayor parte de mis riquezas en herencia, pero con la condición de que reconozcas a Numitor como rey.

Amulio se comprometió a ello … pero una vez muerto su padre, expulsó a Numitor y se apoderó del trono. marte

El nuevo rey estaba inquieto. Sin duda Numitor no haría nada para recuperar el trono. Pero ¿y si un día sus hijos reivindicaban su derecho? Así que Amulio hizo asesinar al hijo de su hermano y encerrar a su hija, la princesa Rhea Silvia, en el templo de las Vestales.

Como las sacerdotisas de la diosa Vesta no se podían casar, Amulio estaba, finalmente, tranquilo: ella no tendría nunca descendencia. Sin  embargo, Marte, el dios de la guerra y protector de la ciudad de Alba Longa, se indignó y envió un sueño a Rhea Silvia.

rhea En ese sueño, la vestal se veía en un jardín. Cerca de ella crecían dos arbustos rápidamente, hasta convertirse en árboles majestuosos.

El sueño se volvió a repetir durante siete noches consecutivas, y Rhea Silvia  comprendió que le iba a suceder algo extraordinario. En efecto, algunos meses más tarde dio a luz a dos gemelos. El padre era Marte, el dios de la guerra.

Cuando conoció la noticia, Amulio sintió una terrible cólera e hizo arrojar a la madre y los recién nacidos al río Tiber. Rhea Silvia desapareció entre las aguas y todos la creyeron muerta, pero en realidad fue recogida por el dios del río, Tiberino, que se casó con ella. En cuanto a los gemelos, fueron arrastrados por la corriente dentro de la cesta donde el cruel Amulio los había hecho encerrar.

(Leyenda romana)

Los reyes de la baraja – F. García Lorca

 

FourKings

 

 

 

 

 

 

Si tu madre quiere un rey,
la baraja tiene cuatro:
rey de oros, rey de copas,
rey de espadas, rey de bastos.

Corre que te pillo,
corre que te agarro,
mira que te lleno
la cara de barro.

Del olivo
me retiro,
del esparto
yo me aparto,
del sarmiento
me arrepiento
de haberte querido tanto.

El jarro de tierra y el jarro de hierro – La Fontaine

En una misma  casa vivían  dos jarros. Uno era de hierro. El otro de tierra cocida. El jarro de hierro encontraba su existencia monótona; los días pasaban sin que hubiera variación alguna entre uno y otro.

Por esto, un día, le preguntó el jarro de hierro le dijo al de tierra si querría ir con él a recorrer mundo y ver cosas nuevas, ya que eran muy amigos y sería mucho más agradable viajar juntos.

Pero el jarro de tierra repuso:JARRONES_933_6254

- Eres muy amable queriendo que vaya contigo, pero creo que será mejor que no me mueva de casa. Ya sabes que soy muy frágil y podría romperme en cualquier momento.
Como tú tienes una piel tan dura, no tienes por qué temer ante este viaje. Vete sin mí, pues yo sólo te serviría de estorbo.

Pero el jarro de hierro insistía:

-No te preocupes. Ven conmigo. Si algo te amenaza, yo me interpondré delante de tí, y si hay que recibir algún golpe lo recibiré yo, que no me hago daño. Tú, yendo conmigo, estarás siempre a salvo.

Tanto insistió el jarro de hierro, que al final el jarro de tierra se convenció de que no tenía por qué ocurrirle nada durante el viaje. Muy contentos, ambos jarros se marcharon una mañana.

Caminaban muy juntos, tal y como habían acordado, y al principio la cosa marchó muy bien. Veían gran cantidad de cosas interesantes y charlaban sobare ellas, cambiando impresiones.

Como se llevaban muy bien, los dos jarros se lo estaban pasando en grande. Pero he ahí que de pronto el jarro de hierro se vio atacado por un tremendo hipo que le sacudía.

Y en una de estas sacudidas, como iba tan pegado a su compañero, le dio un golpe, y sin que el otro tuviera tiempo de decir una sola palabra, le hizo caer al suelo, con lo cual el pobre jarro de tierra cocida se hizo pedazos.

Esto nos enseña a que uno no debe asociarse sino con seres de su misma condición. Si son menos que nosotros, les podemos dañar. Si son más, pueden hacernos daño ellos a nosotros.

Así no nos pasará como al jarro de tierra de este cuento.

La paloma y la hormiga – Esopo

la paloma y la hormiga

Obligada por la sed, una hormiga bajó a un manantial; arrastrada por la corriente, estaba a punto de ahogarse. 

Viéndola en esta emergencia una paloma, desprendió de un árbol una ramita, la arrojó a la corriente, montó encima a la hormiga y la salvó.

Mientras tanto un cazador de pájaros se adelantó con su arma preparada para cazar a la paloma. Lo vio la hormiga y lo picó en el talón, haciendo soltar al cazador su arma. Aprovechó el momento la paloma para alzar el vuelo.

Debemos ser agradecidos y devolver los favores que recibimos.

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