Durante su proceso de evolución, el caballo ha sufrido la atrofia de cuatro de los cinco dedos que tenía, para acabar apoyándose en uno por cada extremidad. Esto, que a primera vista parece una desventaja, le hace muy adecuado para la carrera, por ser mínima la superficie de contacto con el suelo.
La uña del dedo único está muy desarrollada y se denomina casco. Aunque el casco es muy resistente, sufre con el tiempo un proceso de desgaste. El hombre lo ha protegido por medio de la herradura, una pieza de hierro con mayor resistencia al desgaste que el casco del animal, al que se sujeta mediante clavos.


















