Como animal eminentemente acuático, que se alimenta de peces, moluscos y batracios, la garza, cuyas patas son largas, finas e implumes, habita de ordinario en ciénagas y ríos de escasa profundidad. Allí duerme incluso, y lo hace siempre sobre una sola extremidad, con objeto, según parece, de sustraer la otra al frío, de tal manera que mientras descansa, se equilibren mejor los intercambios térmicos entre su cuerpo y el medio líquido.


















