La leyenda del arroz

Cuenta una leyenda que el dios Shivá, tras proponerse crear un ser distinto a los demás en perfecciones, dio forma y espíritu a una inigualable doncella, a la que puso por nombre Retua-Dumila, que significa joya esplendorosa“.
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Observo Shivá su magnífica obra y se sintió tan complacido que decidió tomarla como su esposa, así no se separaría de ella jamás. Retua-Dumila se resistió en principio a llevar a cabo aquel proyecto y ante tan penosa situación fue solicitado el juicio y sabiduría de los dioses, quienes se reunieron en consejo y aprobaron aquel matrimonio.

La doncella le solicitó entonces a Shivá una condición y era que le hiciera llegar a ella un alimento de tal clase y deleite que jamás pudiera resistirse a él.

Shivá se dispuso a complacerla, y envió emisarios por todo el mundo para que buscaran tan preciado manjar, transcurrió el tiempo y ninguno de ellos regresó.

Shivá se convenció entonces de la imposibilidad de complacer a Retua-Dumila y ésta empezó a entristecerse cada día más, hasta que por fin falleció en sus brazos impotentes, que no pudo hacer nada para evitarlo.

i98684483_45319_7 Shiva mandó entonces enterrar el cadáver con gran pompa ordenando a un prìncipe que montara guardia alrededor de la tumba.

A los cuarenta dìas de enterrada la joven, vieron los guardias con asombro aparecer una viva luz sobre la tumba y como brotaban varias plantas desconocidas.

Al ver aquellas hermosas y exóticas plantas que nadie habìa visto antes, Shivá comprendió que aquél sería el exquisito manjar que habría necesitado Retua-Dumila para vivir y su espíritu bondadoso lo había elaborado para felicidad de los mortales, entonces dijo:

- En estas plantas reside el alma de Retua-Dumila, y de aquí en adelante las llamaremos “pari” que significa arroz. Repartid sus semillas entre los hombres, porque con el tiempo constituirán uno de sus màs preciosos alimentos y les traerá felicidad.

Los primeros que usaron las semillas se llamaban Diaka Puring y Kiava-Tuwa, desde entonces se les honra como padres de los arrozales.

 

 

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¿Por qué se llama carnívoras a ciertas plantas?

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Como sabemos, el mecanismo de nutrición de los vegetales reside en la raíz, por la que absorben los jugos de la tierra (agua, sales, elementos nitrogenados, etc.), y en las partes verdes, por donde toman el oxígeno y la luz necesarios para realizar su función clorofílica. Pero existe cierto género de plantas, las droseras, que poseen un tercer órgano de nutrición. Se aloja en sus flores y está constituido por un limbo peludo. Los pelos de ese limbo segregan un líquido viscoso y, cuando el insecto entra en contacto con la flor, el limbo se ahueca y los pelillos se cierran sobre el cuerpo del intruso, que inmediatamente es “ahogado” y luego “digerido” en beneficio de la planta.

¿Por qué flotan los globos en el aire?

GloboAerostatico

Los globos que se llenan de aire no flotan,como se puede comprobar hinchando uno con la boca. Sin embargo, es posible hincharlo con otros gases más ligeros que el aire, como hidrógeno o helio, que por su menor peso tienden a ascender e incluso, si el volumen es suficientemente grande, pueden arrastrar tras de sí considerables cargas.

En este fenómeno se basan los aeróstatos, esos globos gigantescos de los que cuelga una cestilla de mimbre. El globo se llena parcialmente de hidrógeno o helio y el aeróstato se eleva a grandes alturas. Este simpático y antiguo invento de la aeronáutica sigue utilizándose aún con fines deportivos y para exploraciones meteorológicas (globos sonda).

El muchacho y la fortuna – Samaniego

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sobre la fresca yerba, 

un incauto Mancebo

dormía a pierna suelta.

Gritóle la Fortuna:

«Insensato, despierta;

¿no ves que ahogarte puedes,

a poco que te muevas?

Por ti y otros canallas

a veces me motejan,

los unos de inconstante,

y los otros de adversa.

Reveses de Fortuna

llamáis a las miserias;

¿por qué, si son reveses

de la conducta necia?»

A una nariz – Francisco de Quevedo

A una nariz es un soneto satírico escrito en el siglo XVII por Francisco de Quevedo parodiando la nariz de Luis de Góngora, dada la rivalidad que existía entre ellos.

Erase un hombre a una nariz pegado, portrait-bits

érase una nariz superlativa,

érase una nariz sayón y escriba,

érase un pez espada muy barbado.

Era un reloj de sol mal encarado,

érase una alquitara pensativa,

érase un elefante boca arriba,

era Ovidio Nasón más narizado.

Erase un espolón de una galera,

érase una pirámide de Egipto,

Las doce Tribus de narices era.

Erase un naricísimo infinito,

muchísimo nariz, nariz tan fiera

que en la cara de Anás fuera delito.

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