Luis Coloma nació en Jerez de la Frontera (Cádiz), el día 9 de enero de 1851 . Fue alumno de la Escuela Naval, pero, muy aficionado a las letras, se decidió por los
estudios de Derecho en la Universidad de Sevilla. Acudía a cuantas tertulias estaban de moda en la ciudad. Así pudo conocer a la perfección las costumbres de la aristocracia y de la burguesía de su época, que tan bien plasmó en sus obras literarias. Un desafortunado accidente ocurrido mientras limpiaba su revólver le costó casi la vida. El estar tan cerca de la muerte cambió su forma de pensar y decidió dar un nuevo rumbo a su vida haciéndose jesuita. Desde entonces compaginó la labor espiritual con su gran afición a la literatura. Fue miembro de la Real Academia Española. Murió en Madrid el 10 de junio de 1915.
Obviamente la historia del Ratoncito Pérez es por la que más se le recuerda , pero además escribió otras que dejaron huella importante en la memoria española . “Pequeñeces” o “Jeromín”, tan populares en sus posteriores versiones cinematográficas fueron también creaciones suyas.
Todos sabemos qué hay que hacer cuando uno es pequeño y se le acaba de caer un diente : hay que meterlo debajo de la almohada y esperar con confianza a que esa misma noche venga el Ratoncito Pérez y nos deje un regalito.
Habitualmente el pacto es el intercambio de un diente de leche por un regalito o unas monedas. De hecho El ratoncito Pérez es un personaje tan conocido por todos hoy en día que casi casi podría considerarse : de leyenda. Sin embargo no lo es. Ratón Perez fué una creación hecha de encargo por el rey español Alfonso XII a nuestro autor a finales del siglo XIX, para su hijo, el por entonces chavalín de 8 años Alfonso XIII, al que acababa de caérsele un diente.
Nada más recibir el encargo desde palacio Coloma se puso manos a la obra y fué así, de este modo, como descubrimos que en las calles de Madrid existía un pequeño ratoncito que era …
“… un ratón muy pequeño, con sombrero de paja, lentes de oro , zapatos de lienzo y una cartera roja, colocada a la espalda ” .
Nuestro ratoncito resulta que vivía con su familia dentro de una gran caja de galletas, en el almacén de la por entonces famosa confitería Prast, en el número ocho de la calle del Arenal, en pleno corazón de Madrid, junto a la Puera del Sol y apenas a cien metros del Palacio Real . Pero hubo una temporadita (coincidente con la de pérdida de dientes) en la que el pequeño ratón escapaba con frecuencia de su domicilio galletil y, a través de las cañerías de la ciudad, llegaba de noche a las habitaciones del pequeño rey Bubi I (Alfonso XIII) . Bien es verdad que Ratón Pérez también acudía a las casas de otros niños más pobres -siempre y cada vez que éstos hubieran perdido algún diente- y despistando a los gatos, que siempre estaban al acecho.
“Entre la muerte del Rey que rabió y el advenimiento al trono de la Reina Mari-Castaña existe un largo y obscuro periodo en las crónicas, de que quedan pocas memorias. Consta, sin embargo, que floreció en aquella época un rey Buby I, grande amigo de los niños pobres y protector decidido de los ratones…”
La reina M.ª Cristina llamaba a su hijo Bubi en la intimidad, de ahí que Coloma llame Buby al rey protagonista de su cuento.
“El rey niño Buby I colocó su diente debajo de la almohada, como es costumbre hacer, y esperó impaciente la llegada del ratoncito. Ya se había dormido cuando un suave roce lo despertó”
“A poco abría Buby mucho los ojitos, luchando contra el sueño, que se los cerraba: cerróselos al fin del todo, y el cuerpecillo resbaló buscando el calor de las mantas, y la cabecita quedó sobre la almohada, escondida tras un brazo, como esconden los pajaritos la suya debajo del ala “
“De pronto, sintió una cosa suave que le rozaba la frente. Incorporóse de un brinco, sobresaltado, y vió delante de sí, de pie sobre la almohada, un ratón muy pequeño, con sombrero de paja, lentes de oro, zapatos de lienzo crudo y una cartera roja, terciada a la espalda”.
«Tras las respectivas presentaciones y varios intentos de cogerle el rabo, Buby consiguió convencer y acompañar a Ratón Pérez en su peligrosa misión nocturna, pasando por la acogedora casita de Ratón Pérez, donde residía con su mujer y sus hijos, hasta la buhardilla donde vivía muy pobremente Gilito, un niño que como él también esperaba su visita. Para ello Buby fue transformado en ratón: Ratón Pérez saltó de repente sobre su hombro, y le metió por la nariz la punta del rabo: estornudó estrepitosamente el Reyecito, y por un prodigio maravilloso, que nadie hasta el día de hoy ha podido explicarse, quedó convertido, por el mismo esfuerzo del estornudo, en el ratón más lindo y primoroso que imaginaciones de hadas pudieran soñar: Era todo él brillante como el oro, y suave como la seda, y tenía los ojitos verdes y relucientes como dos esmeraldas cabochón
«Salieron por un agujero que había debajo de la cama: Era su carrera desatinada, obscuro el camino, húmedo y hasta pegajoso, y cruzábanse á cada paso con bandadas de diminutas alimañas, que á tientas les pinchaban y mordían.»
(La casa de ratón Perez, estaba en la calle Arenal,
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«A poco entraron en una suave explanada, que venía a desembocar en un sótano ancho y muy bien embaldosado, donde se respiraba una atmósfera tibia, perfumada de queso. Dobláronse una enorme pila de éstos, y encontráronse frente a frente de una gran caja de galletas Huntley. Allí era donde vivía la familia de Ratón Pérez, bajo el pabellón de Carlos Prast…”
“Al calorcito de la lumbre oculta bajo el rescoldo, dormía el temido Don Gaiferos, gatazo enorme, cartujano, cuyos erizados bigotes subían y bajaban al compás de su pausada respiración….”
“La guardia ratonil, inmóvil, silenciosa, preparada, mordiendo ya casi el cartucho, protegía el paso del rey Buby, formando desde el dormido Don Gaiferos hasta los dos agujeros de entrada y de salida, el formidable triángulo romano de la batalla de Ecnoma…”
“Era aquello un cuchitril infecto, en que el techo y el suelo se unían por un lado, y no se separaban lo bastante por el otro, para dejar cabida a la estatura de un hombre. Entraba por las innumerables rendijas el viento helado del alba, que ya clareaba, y veíanse por debajo de la tejavana del techo, grandes cuajarones de hielo.”
“No había allí más muebles que la silla que servía de observatorio al rey Buby, un cesto de pan vacío, colgado del techo a la altura de la mano, y en el
rincón menos expuesto a la intemperie, una cama de pajas y de trapos en que dormían abrazados Gilito y su madre…”
Como buen Jesuíta que era, el Padre Coloma quiso con el pequeño rey sembrar la idea de que todos los hombres somos hermanos: ricos y pobres, buenos y malos. Y aunque Luis Coloma convirtió a su personaje creado para el Rey Alfonso XIII en un elegante ratón de ciudad y su casa y su familia encaraban las costumbres, usos y aficiones de la clase media acomododa de la época, podía vérsele recorriendo otras clases sociales…otros espacios.
Sin embargo, y aunque El ratoncito Pérez es puramente Español, en muchos otros lugares existe este mismo concepto de “premiar o compensar” a los críos cuando pierden sus primeros dientes .
De hecho la versión anglófila de nuestro ratoncito y muy seguramente su origen es la conocida como ” Hada de los dientes”, de origen irlandés y transcrita por primera vez en el siglo XVIII, en una recopilación de cuentos de hadas llamada “La Bonne Petite Souris” y en donde queda perfectamente descrito como un hadita es ayudada en su tarea de recolectar dientes , por unos pequeños ratoncitos.
Afortunadamente, en casi todos los lugares , desde España a Korea, pasando por Irlanda o Italia los pequeños que pierden sus dientes son recompensados de algún modo por algún Ser , habitualmente “ratonil”











