La lechera – Samaniego

Llevaba en la cabeza
una lechera el cántaro al mercado
con aquella presteza,
aquel aire sencillo, aquel agrado, lechera
que va diciendo a todo el que lo advierte
¡Yo si que estoy contenta con mi suerte!
Porque no apetecía
más compañía que su pensamiento,
que alegre le ofrecía
inocentes ideas de contento.
Marchaba sola la feliz lechera,
y decía entre sí de esta manera:
“Esta leche vendida,
en limpio me dará tanto dinero,
y con esta partida
un canasto de huevos comprar quiero,
para sacar cien pollos, que al estío
merodeen cantando el pío, pío.”
“Del importe logrado
de tanto pollo mercaré un cochino;
con bellota, salvado,
berza, castaña engordará sin tino;
tanto que puede ser que yo consiga
ver como se le arrastra la barriga”.
“Llevarelo al mercado:
sacaré de él sin duda buen dinero;
compraré de contado lechera1
una robusta vaca y un ternero,
que salte y corra toda la campaña,
hasta el monte cercano a la cabaña”.
Con este pensamiento
enajenada, brinca de manera
que a su salto violento
el cántaro cayó. ¡Pobre lechera!
¡Qué compasión! Adiós leche, dinero,
huevos, pollos, lechón, vaca y ternero.
¡Oh loca fantasía!,
¡Qué palacios fabricas en el viento!
Modera tu alegría;
no sea que saltando de contento,
al contemplar dichosa tu mudanza,
quiebre tu cantarilla la esperanza.
No seas ambiciosa
de mejor o más próspera fortuna;
que vivirás ansiosa
sin que pueda saciarte cosa alguna.
No anheles impaciente el bien futuro:
mira que ni el presente está seguro.

Edward Elgar

Edward William Elgar nació en una pequeña localidad del bajo Broadheath, en el condado de Worcestershire, en las afueras de la ciudad homónima. Cuarto hijo de William Elgar, un pianista y comerciante de música, y su esposa Ana, Elgar tuvo tres hermanos, Henry, Frederick y Francis; y dos hermanas, Lucy y Susanah. Su madre se había convertido al catolicismo poco antes del nacimiento de Edward, por lo que fue bautizado y creció en esa religión.

Rodeado de partituras e instrumentos en el negocio de su padre, el joven Edward comenzó a experimentar la música por su cuenta. En los días cálidos del verano llevaba manuscritos al campo para estudiarlos (era un apasionado ciclista). Así comenzó una fuerte asociación entre música y naturaleza.

Dejó la escuela a los quince años, y comenzó a trabajar con un abogado, pero en menos de un año estaba embarcado en su carrera musical, dando lecciones de piano y violín.

Por muchos motivos, sus años como joven violinista en el condado de Worcester fueron los más felices. Tocó entre los primeros violines en los festivales de Worcester y Birmingham, y una de sus grandes experiencias fue tocar la 6ª Sinfonía de Dvorak y “Stabat Mater”, bajo la batuta del compositor. Elgar se sintió emocionado por la orquestación de Dvořák, y esto permaneció como influencia en su propio estilo por más de una década.

Durante la década de 1890, creció gradualmente la reputación de Elgar como compositor, principalmente por sus trabajos presentados en el gran festival coral de Midlands. “El caballero negro”, el “Rey Olaf” (1896), “La luz de la vida”, y “Caractacus” fueron todos éxitos modestos, pero que le valieron una publicidad estable.

En 1899, a la edad de 42 años, fue estrenado en Londres su primer gran trabajo orquestal, las “Variaciones Enigma”. La obra fue aclamada, posicionando a Elgar como el compositor británico más prominente de su generación. Esta obra fue muy bien acogida en Alemania.

Elgar es conocido por las marchas de Pompa y Circunstancia (1901) que ya hemos visto antes, y podéis recordar pinchando encima del nombre.

La pieza que podemos oir se titula Salut D’amour (op. 12), la dedicó a su mujer Alice poco antes de casarse. Posteriormente escribiría Liebesahnung (Palabra de amor), compañera de la anterior, pero no fue tan oida como la primera.

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